MEXICO -- Hace poco más de un año, impactado frente a lo que veía en la tele, decidí escribir esta columna que ustedes podrán leer más abajo. En aquel momento, Juan Martín del Potro venía de ganar 4 títulos y se metía en la segunda semana del US Open. Sorprendía el enfoque y la madurez de Delpo, más allá de su tenis.
Ahora, un año después, impacta su crecimiento tenístico, su creciente capacidad para defender (gracias a su desarrollo físico) y también para desequilibrar. Sorprende su juego, más allá del temperamento.
Las sensaciones de hace un año y ahora, finalmente, conducen al mismo final: estamos frente a un gigante del tenis. Alguien destinado a triunfar. Las palabras de hace doce meses podrían ser premonitorias. O hasta podrían quedarse cortas.
¿Será la conquista de un título de Grand Slam el techo de Juan? ¿O su cielo está mucho más allá?
Esas páginas comenzarán a escribirse este lunes, cuando Del Potro esté cara a cara con Federer. Pero los primeros capítulos de su historia profesional se empezaron a dibujar hace cinco años, en tierras lejanas a su Tandil natal...
2 de septiembre de 2008
Alguna vez, dentro de unos cuantos años, estoy seguro de que me sentaré junto a mi hijo y le contaré la siguiente historia: "¿Sabés una cosa? A ese jugador que está levantando la copa en la tele, papá y mamá lo vieron llegar a la primera final profesional de su carrera..."
Ese jugador se llama Juan Martín Del Potro. Y la historia tuvo lugar hace casi cuatro años. Juan llegó a México a jugar un future de 10.000 dólares en mi club, el Berimbau. Su ranking era tan alto (943, me dice ahora el website de la ATP), que hasta tuvo que jugar la qualy. Y desde ese sábado, comenzamos la procesión: Delpo derrotando a un rival tras otro dentro de la cancha; y nosotros clavados detrás de los alambrados o en minúsculas tribunas, alentándolo como si fuéramos la Doce.
Tenía 16 años y monedas, Juan Martín. Pero su nombre ya sonaba. Era la nueva promesa junior del milagroso tenis argentino. Y, a decir verdad, lo habíamos visto jugar en México: unas semanas antes había llegado a la final de la Copa Casablanca (perdió en sets corridos con el zurdito hiphopero Donald Young).
Por aquellos tiempos, su saque no era ni por asomo tan poderoso como lo es ahora (inclusive, no arrastraba su pie derecho hacia adelante antes de pegarle, como lo hace hoy). Sus golpes eran menos punzantes. Pero tenía un hambre de triunfo gigantesca. Y un temperamento ganador que sorprendía para su corta edad.
Ahora, mientras lo veo deshacer como arcilla al japones Kei Nishikori (otro que pasó por estas tierras mexicanas hace un par de años), pienso en ese fuego que desde siempre arde en Delpo, y que ahora lo empuja hacia la cima del tenis. Ese gesto de fiereza, esa sonora ambición de triunfo, ya la tenía en aquel enero de 2005, cuando se vino hasta aquí y ganó siete partidos en ocho dias ante rivales experimentados, maniosos, laburadores y con mas necesidades de cash que sueños de futuro.
Hoy Del Potro es un tenista tan grande como sus casi dos metros. Su juego se ha desarrollado. Su físico tambien. Pero su ambición de campeón sigue siendo la misma que la de aquel pibe que con bronca recibió su reconocimiento como finalista del Future Berimbau. El serbio Darko Madjarovski, su vencedor, es hoy 430 del mundo. Juan Martín es 17, con pinta de top-ten.
Hay aspectos en el tenis que se pueden mejorar. Y tambien hay atributos que se traen desde la cuna, y que marcan la diferencia entre un gran jugador y un campeón.
¿Cómo terminaría entonces la historia que seguramente le contaré a mi hijo? Así: "Ese jugador es Juan Martín Del Potro. Y ahora es campeón de un torneo de Grand Slam. Pero cuando papa lo conoció, ese chico lo miraba a tu padre para que le cantara qué pelotas habían entrado, y cuáles se habían ido. Así, con el dedito para abajo o para arriba, como hacés vos cuando jugás los sábados en el club..."
ACAPULCO -- Hace ocho días, en Acapulco, David Nalbandian hizo públicas sus dudas respecto de su presencia en el equipo argentino de Copa Davis ante Holanda. David venía de perder un partido prácticamente ganado ante Daniel "Cólera" Koellerer, y en su conferencia de prensa posterior trajo a la luz los problemas de salud que lo aquejaban.
Vasallo no es el típico tenista (Getty)
Hace ocho días, en esas mismas costas del Pacífico, Martín Vassallo Argüello no dudó un segundo al escuchar la pregunta:
-Si te llaman para la Davis, ¿aceptás?
-Por supuesto. Es el máximo orgullo para un tenista. Pero Argentina tiene muy buenos jugadores a disposición.
Hoy, ocho días después, el mejor tenista argentino disponible para reemplazar a Nalbandian es él. Martín Vassallo Argüello.
Con 29 años recién cumplidos, Martín no deja de sorprenderse por seguir recorriendo una cuesta ascendente en su carrera deportiva. Cuando otros comienzan su declive, él siente que sus sueños recién se están haciendo realidad.
"Después de jugar tanto tiempo a nivel Challenger, yo no puedo creer que ahora vaya a entrar directo a grandes torneos como Monte Carlo ó Roma. Haber llegado a las semifinales de un ATP 500, como lo es Acapulco, es hasta ahora el mejor resultado de mi vida", explica Vassallo.
La edad, para él, juega a favor. "Yo creo que mis 29 años me aportan experiencia para trabajar a conciencia y para mantener la calma cuando las cosas no salen bien. El año pasado arranqué jugando torneos ATP, no obtuve buenos resultados, y regresé a los Challenger, para fortalecer mi juego y mis resultados. Espero que este año la cosa sea diferente".
Vassallo tiene el sello del clásico tenista de canchas lentas: golpes de fondo cargados con top-spin, consistencia para errar poco, buena movilidad, saque discreto. Su temperamento no está en discusión. En Acapulco, no le tembló el pulso para levantar dos match points en su partido de primera ronda frente a Iván Navarro Pastor. Y hasta sacó su costado belicoso para plantarse frente a las provocaciones de Koellerer y ganarle dos batallas: la del marcador y la de los insultos.
Sin embargo, al juego de Vassallo le falta una chispa extra, según su entrenador Gabriel Markus.
"Estamos trabajando en aportarle mayor aceleración a sus tiros", explica Markus, quien hace dos meses que trabaja con Martín. "Su velocidad de pelota funcionaba bien para el nivel Challenger. Allí estaba cómodo. Ahora debe mejorar".
La intención de entrenador y pupilo se sumarle un mayor trabajo de muñeca a la ejecución, sobre todo de drive. Y trabajar en los movimientos en cancha, para tratar de buscar la pelota un poco más adelante, e impactarla bien al frente. "Esto no se logra de un día para el otro, sino que lleva tiempo. Él tiene sus golpes muy mecanizados, así que habrá que trabajar".
Tiempo es lo que le sobra a Martín Vassallo Argüello, el nuevo integrante del equipo argentino de Copa Davis. ¿Seguir mejorando a los 29? Nada nuevo para él. Quizás su pico tenístico llegue en un par de años. Pero el ahora número 50 del mundo ya habrá cumplido otra de sus metas: ponerse la camiseta y jugar para su país. "El máximo orgullo", como dice Martín.
ACAPULCO -- Los organizadores del Abierto Mexicano de Tenis hicieron una apuesta económica gigantesca para traer a Venus Williams a esta edición 2009 del torneo.
Y la apuesta rindió sus frutos. Venus no sólo fue la protagonista excluyente de toda la promoción previa, sino que su presencia resultó en un notorio aumento en la taquilla. Y como Venus finalmente llegó hasta la final, la atracción de tener en Acapulco a la siete veces campeona de Wimbledon fue creciendo.
Este sábado, la final femenina entre Williams y Flavia Pennetta tendrá más atractivo que el encuentro decisivo de los hombres. Así de simple.
Y es que las reglas del negocio del tenis están claras: las estrellas mandan.
Venus ya cumplió en Acapulco (Mexsport)
Las grandes figuras son las que atraen al público, a los sponsors, a la televisión. Los monstruos son los que mueven la rueda. Son quienes marcan la diferencia. Son el dinero.
Por eso cobran garantías estratosféricas para jugar los torneos de nivel más bajo, como esta versión femenina del Abierto, que reparte apenas 220.000 dólares en premios, el mínimo en la escala WTA Tour.
Es muy simple. Inviertes en que venga una gran figura, pero esa suma (que siempre será de seis cifras; y en algunos casos llega a las siete) te regresa en el resto de los ingresos.
Aún sin jugar bien, Venus Williams cumplió con lo que todo organizador espera de su estrella: que llegue hasta la final y la mayor de las hermanas lo hizo, aún con algunas amnesias tenísticas- y que a su paso arrastre al rebaño que llenará las gradas.
Venus se ganó cada dólar que cobró.
Ahora, la pelota volverá al campo de los organizadores del Abierto. Ya trajeron a una luminaria. Para la próxima edición, deberán hacer lo mismo. No podrán bajar el nivel de su oferta. Porque si lo hacen, lo sentirán en la taquilla, en los auspicios, en el negocio en su conjunto.
Así es el business del tenis, donde las grandes estrellas tienen bien firme la raqueta por el mango.
ACAPULCO -- Daniel Koellerer es el jugador más sucio del circuito masculino. Festeja los puntos en la cara del rival, se burla de quien tiene enfrente y utiliza cualquier artimaña para sacar ventaja.
Si el tenis es un deporte de caballeros, Koellerer (25 años, austríaco, 116 del mundo) juega a otra cosa.
Sin embargo, desde que el martes por la noche le ganó a David Nalbandian, Daniel El Terrible se ha metido en el corazón de los aficionados mexicanos.
En Acapulco, este malo se ha ganado a la afición (Mexsport)
¿Qué le ofreció Koellerer al público? Le dio alaridos en cada uno de sus golpes y en cada una de sus protestas ante el umpire. Le dio clavados sobre la tierra, en busca de una pelota a la que no llegaba. Le dio ademanes "in your face", para intimidar a su rival. Y entregó su corazón y resistencia tenística, para lograr el mejor triunfo de su vida.
Para bien o para mal, Koellerer fue puro show.
Y este miércoles, el público mexicano le respondió a su showman. Por la segunda ronda del Abierto Mexicano, el austriaco enfrentó al español Alberto Martín en la cancha 4, la más alejada del complejo. Su única tribuna puede albergar apenas a 200 personas. Pues bien, había 300 almas para ver jugar a Koellerer.
Y verlo ganar, de nuevo.
Dani volvió a hacer su show. Gruñidos mezclados con un tenis variado. Puños revoleados al aire con un esfuerzo máximo para correr de una punta a la otra de la cancha. Tres sets cerradísimos, definidos en un tie-break final de máxima tensión. Y la victoria final, que lo coloca por segunda vez en su carerra en los 4tos de final de un torneo ATP (St. Poelten 2004).
En el cierre, ya con el triunfo consumado, Koellerer selló su fogosa relación carnal con los mexicanos de una manera poco común. Él, que no regala nada dentro de una cancha de tenis, esta vez se animó a arrojar una raqueta a la tribuna.
Y tomó otra para lanzarla. Pero de nuevo le salió lo malo a relucir y cuando iba a lanzarla, la volvió a guardar en su bolso.
¿Quién dijo que los malos de la película no pueden ser también los más queridos?
Con ustedes, la prueba: Daniel Koellerer. El Guasón.
ACAPULCO -- Si te gustan las pequeñas historias, ésta seguro te va a encantar.
Daniela Muñoz y Erika Clarke son mexicanas, ya pasaron la barrera de los 25 años, y en sus carreras como doblistas jamás pudieron meterse entre las 300 mejores jugadoras del ranking.
Daniela y Erika son dos habitués del Abierto Mexicano de Tenis. Gracias a los wildcards, las dos tuvieron la chance de jugar el cuadro principal de dobles en tres ediciones anteriores. Y nunca pudieron ganar.
Muñoz y Clarke encantan a Acapulco (Mexsport)
Es más: en el 2007, luego de caer en el debut ante Baker-Kriz, las dos fueron a la conferencia de prensa. Y ningún periodista estaba allí para hacerles preguntas. Bah, había uno solo, que estaba esperando a otro jugador.
Pero en la noche del martes, Daniela y Erika lograron lo improbable. En su partido por la primera rueda ante la húngara Agnes Szavay y la checa Vladimira Uhlirova (2das cabezas de serie), se recuperaron de un 6-0 en contra, se llevaron el segundo set por 6-4, y terminaron sellando el triunfo por 10-7 en el super tie-break.
Así, por primera vez en sus carreras, ganaron un partido de nivel WTA Tour.
De regreso a la misma sala de conferencias que hace dos años las había recibido y despedido con sillas vacías, Daniela y Erika tuvieron su momento de revancha. Primero hablaron con sonrisas amplias. Y luego comenzaron a disparar.
Dijo Erika: "Este triunfo es un regalo de Dios. Hay que tener en cuenta que, a este nivel, las rivales juegan un poco más rápido de lo que nosotros estamos acostumbradas. Quiero agradecer a los organizadores del torneo, que nos dieron esta oportunidad".
Dijo Daniela: "Es un orgullo haber jugado y ganado aquí. Pero también es muy difícil, porque la afición mexicana es muy cruel. Nadie sabe el sacrificio que nosotras hacemos. Es muy fácil criticar a los jugadores, porque no logramos resultados en este nivel de competencia. Pero poco se habla de la dirigencia. No hay apoyo, no hay estructura, no hay entrenadores. Hay mucha envidia. Y todos tratan de destruir".
Dijo Erika: "Yo creo que lo que se necesita para que el tenis femenino crezca es un cambio de cultura. ¿Combatir el machismo? Tal vez. La sociedad no ve a la mujer como deportista profesional. Ni al hombre. En realidad, nos ven como vagos".
Dijo Daniela: "Yo creo que pasa mucho más con las clases altas. Los padres les dicen a sus hijos: ´¿Cómo vas a ser deportista, si tu padre es profesionista ó empresario?´. En México hay muchísimo talento, pero hay que detectarlo y apoyarlo".
Dijo Erika: "Este es nuestro trabajo. Nosotros no tenemos el mismo ranking que el resto de las tenistas que juegan este torneo, pero llevamos la misma vida. Viajamos mucho. Nos desvelamos. Sufrimos".
Dijo Daniela: "El triunfo de hoy es inolvidable. Nunca había sentido tanta emoción. Es lo que mejor que me ha pasado en mi carrera. Aunque no vuelva a jugar, yo ya puedo decir que gané una ronda en el Abierto Mexicano".
ACAPULCO -- Si la importancia de una persona se midiera por el entorno que la rodea, Venus Williams sería la Barack Obama del tenis internacional.
O, al menos, eso es lo que se puede vivir en Acapulco.
Venus es la estrella de Acapulco (Getty Images)
Son las tres de la tarde del lunes, y Venus tiene pactada una entrevista mano a mano con el equipo de ESPN. La cita es en uno de los hermosos jardines del Fairmont Acapulco Princess. Las palmeras decoran el lugar. Las piscinas y la playa embellecen la escenografía. Y los ocho elementos de seguridad privada que nos rodean, más los otros cuatro integrantes de la Policía Turística que también nos vigilan, arruinan todo el paisaje.
Hoy, ahora, Venus es la personalidad más custodiada de esta costa del Pacífico.
A lo lejos, se acercan dos carros de golf a toda velocidad. Y atrás de ellos, otros cinco efectivos de seguridad llegan corriendo. Como diría el ya famoso personaje de you tube
(http://www.youtube.com/results?search_type=&search_query=tengo+miedo&aq=f), que entró en trance cuando la policía de Ciudad Juárez lo detuvo en un control de alcoholemia. "Tengo miedo, tengo miedo, tengo miedooooo".
Venus no tiene miedo. Ya está acostumbrada. Y actúa como si ese muro humano de seguridad que la sigue fuera invisible.
Sonríe. Saluda. Y vuelve a sonreir, antes de la entrevista.
Su hermana Isha (abogada y cantante, según la información de prensa de WTA) sonríe menos que Venus. De contextura robusta, Isha es también parte del entorno de la siete veces campeona de Wimbledon. Pero no está sola. Venus viajó a Acapulco acompañada también por Jessica, su asistente ejecutiva; por David Witt, ex discretísimo tenista profesional y ahora su entrenador; y por Carlos Fleming, su agente.
-¿Cómo es trabajar con Venus?, le pregunto a Fleming, un moreno de 1,90, sumamente cordial.
- Ella es muy ambiciosa, y siempre quiere hacer más.
Fleming maneja parte de la vida profesional de Venus, quien tiene 28 años y una cuenta de banco que, sólo en premios oficiales, supera los 22 millones de dólares.
-¿Quién toma las decisiones de negocios: Venus ó sus padres?
-Tú sabes que las personas exitosas son las que saben escuchar a quienes los rodean.Y de todo lo que escuchan, toman los mejores consejos. Venus es así.
Clarito. Don Richard y Oracene siguen mandando.
-¿Y Venus siempre viaja con todos ustedes?
-No. En este viaje no vino otra gente que acostumbra acompañarla a las grandes citas.
-¿Qué integrantes del Venus Team no han venido?
-Faltan su abogado, su asistente financiero, su asistente de relaciones públicas, su preparador físico y su fisioterapeuta.
A esa altura, me quedé sin palabras. Además, el equipo de televisión de HBO que está siguiendo a Venus por todas partes aquí en Acapulco, casi me pasa por encima.
Entourage, versión tenis. Si no lo ves, no lo crees.
ACAPULCO -- A orillas del Pacífico, los 35 grados alientan a que pongas tus pies en remojo. En cambio, a orillas de las canchas de polvo de ladrillo del Abierto Mexicano de Tenis, los 35 grados te hacen sudar como jamás lo habías imaginado.
Ese es parte del encanto de esta cita tenística en Acapulco: se disfruta (mucho) y se padece (un poco).
Así luce el court central (Mexsport)
El torneo de tenis más importante de Latinoamérica está por comenzar. Y aquí presentamos el Top-5 de lo imperdible en esta semana acapulqueña:
1. Venus, la reina de torneo. Con el trofeo de su 40mo título del WTA Tour en la maleta, la mayor de las hermanas Williams está en viaje desde Dubai para desembarcar por primera vez en Acapulco. Ella será la máxima estrella del torneo. Su imagen está por todo Acapulco, para promocionar el certamen. La pregunta es: luego de su conquista en Emiratos Árabes y tras el largo viaje, ¿llegará entera la siete veces campeona de Wimbledon? El dato a tener en cuenta: Venus no gana un título en clay desde Istanbul 2005.
2. Monfils, un lujo. Gael Monfils camina por los pasillos del Hotel Fairmont Princess como sin nadie lo conociera. Playera roja, pantalones azules, paso lento, mirada despreocupada. Lo cierto es que, cuando pasa, todos giran su cabeza. El francés, 11° en el ranking mundial, llega a Acapulco luego de un excelente arranque de temporada. En el primer torneo del año, en Doha, le ganó a Rafa Nadal en cuartos de final. Y viene de llegar a semis de Rotterdam, hace 10 días. Su primera frase, luego de finalizar su entrenamiento matutino: "¿Podríamos jugar de noche? Hace mucho calor..."
3. Un estadio más grande. Para ponerse a tono con el ascenso de categoría a ATP 500, el Abierto Mexicano tiene ahora un estadio con mayor capacidad. Con la construcción de tribunas tubulares en las cuatro esquinas, el aforo del court central pasó de 6000 a 7500 espectadores. Todo parece un poco más apretado que antes. Pero el clima que se vivirá en las jornadas nocturnas (habitualmente con boletos agotados) será aún más espectacular.
4. Españoles vs argentinos. La lucha por el título masculino está planteada. La Armada Española y la Legión Argentina se enfrentarán cada día, en cada turno, para ver quién prevalece. Once tenistas ibéricos entraron directo al cuadro principal. Ocho argentinos hicieron lo mismo, incluyendo a David Nalbandian, primer preclasificado. El jugador a vencer de todas maneras, parece ser Tommy Robredo, quien viene de ganar en Sauípe y Buenos Aires. El intruso puede ser Monfils.
5. Nuevas caras. En el cuadro femenino, Venus se robará casi toda la atención. Pero vale la pena también prestarle atención a otras jugadoras que vienen en alza. Carla Suárez es la nueva esperanza española en el WTA Tour. Con sólo 20 años, viene de hacer 4tos de final en Australia, tras derrotar a la mayor de las Williams en 2ª ronda. Su revés es exquisito. Para destacar también la presencia de Gisela Dulko, que este domingo perdió la final de Bogota.
Acabo de leer todo lo que se escribió luego de este domingo de entierro en Mar del Plata. Y llego a una conclusión: Nalbandian es Freddy Krueger.
No es malo. Es malísimo. Hasta tiene colmillos. Y una nariz asesina.
Según todo lo que he leído, nadie hace referencia puntual al cordobés como "culpable" de la derrota. Sin embargo, queda ese tufillo a dedo acusador. Al fin, fue Nalbandian el que trató de pendejito llorón (aunque no con esas palabras) a Del Potro, y el que se quería llevar toda la guita-lana-mosca para sus cuentas suizas haciendo que la final se disputara en el Orfeo. De jugar en equipo, ni hablar. Hasta en el Pictionary, David hace el dibujito y adivina él mismo la palabra.
Nalbandian desmiente peleas en el equipo
Qué tipo. De terror. Peor que Jason en Martes 13 parte XXV.
Además, Nalbandian no atiende como corresponde a los periodistas de prestigio. No les da notas, no los mantiene informados. Y eso merece un reclamo duro y contundente, con aplausos incluidos de parte de la platea periodística. Yo los escuché por Internet. Y cómo me hubiera gustado estar allí, rompiéndome las palmas ante semejante reivindicación histórica, que seguramente ya merece figurar en Wikipedia: el día que la prensa argentina se plantó ante los dueños de las raquetas y las palabras.
Ni hablar. Nalbandian es más macabro que la gorda de Misery. Y más peligroso que el Doctor Malito.
Pero de pronto, mientras escribo estas líneas (qué lindo que suena; cuánta seriedad), un pelotazo surca el aire entre mi cara y la pantalla, y salgo del trance. ¿No era Nalbandian nuestro Míster Copa Davis? ¿No era el héroe de la Ensaladera? ¿No era, también, un tipo jodido hace una semana, un mes y un año?
Sí, sí y sí.
El Rey David -o el Choripanero de Unquillo, como lo llaman ahora muchos bloggers- representa uno de los prototipos de personalidades que uno encuentra en el tenis profesional: el de un personaje complicado, caprichoso en alguna medida, tremendamente individualista, increíblemente talentoso.
No todos son así. Pero él no es el único. No hay que tener mal genio para ser exitoso. Pero en la jungla de las canchas, pensar casi exclusivamente en uno mismo ayuda mucho. Y para quienes han estado en la periferia del Planeta Tenis, esto no es nuevo. Quien dice no conocerlo es un ingenuo. O un mala leche.
Nalbandian es lo que es. Y todos los que lo rodean lo saben.
Entonces, ¿por qué si el líder supuestamente convierte al equipo en la nueva versión de "Boca, el cabaret", no hay un capitán para ubicarlo? ¿Por qué si genera discordia, no hay una red de cuerpo técnico, jugadores y dirigentes para encausarlo? ¿Por qué si hay quilombo puertas adentro, nadie logra resolverlo?
Acá a la vuelta, el Tecnológico de Monterrey da un curso muy interesante: Solución de Conflictos en Copa Davis, cátedra internacional Emilio Sánchez.
Concuerdo con quienes afirman que tener un grupo unido y sólido (llámese equipo español) aporta al bienestar general, y de última puede influir en el resultado. Suscribo aquello de que esta serie se perdió, principalmente, por el excelso nivel de los visitantes y la inoportuna lesión de Del Potro. Pero no veo que nadie cargue de responsabilidad a capitán, directivos y jugadores en su incapacidad de revertir un ambiente interno podrido.
En cambio, la imagen que prevalece es la del conflictivo Nalbandian. Un Orco. La reencarnación de Darth Vader.
Si yo fuera un pibito de 8 años y el tipo no me quisiera firmar un autógrafo, seguro que me disgustaría. Y listo. Si yo fuera un periodista que cubro tenis cada semana de mi vida y al tipo no se le cantara darme entrevistas mano a mano, seguro que no me caería bien. (Pero hasta ahí; al fin, él está en su derecho). Y si yo fuera capitán, dirigente o compañero y el tipo jode el ambiente, enfrentaría el problema y buscaría soluciones.
¿O quienes conviven con Nalbandian se creyeron que él era el malo de la película, y no hablaron porque le tienen miedo?
Si es así, allí sí estaríamos asistiendo a una verdadera película de terror.
PD: Y como dice un amigo, "para la próxima Davis pongamos empedrado"
Llego a mi oficina en ESPN y un cartel pegado en la puerta me recibe así: "¿3-0 Argentina? 2-1 España".
Me encanta trabajar con mis compañeritos...
Pero no puedo responder nada. Estoy mudo. Y agonizante luego del mazazo que López-Verdasco le pegaron a las ilusiones argentinas de ganar la Davis.
Trato de distraer toda mi amargura viendo Tigres vs Atlante, partido de la liguilla mexicana, junto a parte del equipo de SportsCenter México.
- ¿Es verdad que a Federico Vilar (arquero del Atlante, albiceleste de nacimiento) no lo conocen en Argentina?, me preguntan.
- Los argentinos están muertos, responde rápido y jocoso el mismo sujeto que pegó el cartel en mi puerta.
Tiene razón. Pinche Copa Davis.
Ahí está el 2-1 en contra. Intocable. Casi lapidario teniendo en cuenta lo visto entre viernes y sábado: Feliciano convertido en He-Man, Del Potro talado cual árbol, y un partido de doble que por un día le cambió el nombre a MDQ. La Ciudad Triste.
Calleri y Feliciano López hablan luego del dobles
Y ahora dicen que Nalbandian y Calleri se agarraron a trompadas. ¿Algo más?
Sí, un dato más: desde 1978, sólo en una ocasión Argentina ha logrado dar vuelta un 2-1 en contra en la Copa. Fue por los cuartos de final de la edición 1990, cuando Martín Jaite (primero) y Alberto Mancini (después) revirtieron en los últimos dos singles el resultado de una serie inolvidable ante Alemania.
Podría reconstruir de memoria lo ocurrido en aquella tarde de domingo y mañana de lunes en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Pero ahora no sólo estoy mudo, sino también paralizado por la desilusión de este sábado. No culpo a nadie. Son los malditos misterios de la Davis.
A esta altura, espero que Luli y Jaite puedan transmitirle algo de aquel maravilloso recuerdo del '90 a los jugadores, y que esa pequeña llama se convierta en un incendio de huevo-garra-tenis albiceleste en el Estadio Islas Malvinas.
Ya pasaron varias horas y todavía sigo temblando. El fantasma de Feliciano López me persigue. Tenía que ser 2-0 para Argentina, y ahora es 1-1 con aroma a "pasame un valium para tranquilizarme y aguantar hasta el domingo".
Joder, tío.
¿Por qué será que, muy frecuentemente, ciertos rivales que no prometen nada salen de abajo de las piedras y juegan su mejor tenis en el momento y el lugar MENOS INDICADOS?
No digo que Feliciano sea un muerto. Digo que López apenas tiene un título de ATP y nunca fue más allá del 20 del ranking. Pero el viernes contra Delpo jugó como no suele hacerlo: sin que le temblaran las piernas.
López jugó por encima de su nivel (Getty Images)
No mames, güey.
Pienso en Feliciano y se me vienen a la mente el ruso Andrei Chesnokov (un pibito de 19 años que nos ganó, él solito, en el Lawn Tennis en 1985), el danés Kenneth Carlsen (idem, pero en 1992 en Aarhus), el húngaro Sandor Noszaly (ese sí que era un fantasma, y nos derrotó en el Repechaje de 1993), y el eslovaco Dominic Hrbaty (otro que impuso su ley en el Repechaje '98, en Buenos Aires). Todos ellos buenos jugadores, pero hasta ahí.
Y todos dan el batacazo contra Argentina. Pará, che.
Ahora viene el doble. Y por eso sigo temblando. Mejor ir a bucear a los números, a ver si aportan algo de tranquilidad:
Desde 2002, cuando Argentina ascendió al Grupo Mundial, el equipo albiceleste ganó 13 de los 20 puntos de doble que disputó.
En casa, ganó 8 de 10.
En series de semifinales, el récord es de 3 victorias y 2 derrotas.
Cuando Argentina ganó el punto de doble, se quedó con la serie en 11 de 14 oportunidades.
Y cuando perdió en el doble, cayó en 4 de 6 series.
¿Entonces, bro? Entonces que ganamos más de lo que perdemos (leve alivio), y que el punto del sábado es casi siempre decisivo. ¡Tengo miedo, nene!
Los rivales, López-Fernando Verdasco, tampoco son McEnroe-Fleming (es decir, unos maestros). Jugando juntos por la Davis, ganaron 3 y perdieron la misma cantidad. Calleri-Nalbandian tienen un récord de 2-1 jugando juntos. Ahora puedo respirar.
Pero el aire se me va cuando empiezo a hacer memoria y me acuerdo de Vilas-Clerc perdiendo el doble de la final '81, luego de sacar para partido; cuando Albano-Lobo lo tenían ante México en 1996, y se les escapó; y cuando... sí, cuando Nalbi y Lucas Arnold le ganaron 19-17 en el quinto a Kafelnikov-Safin, en el frío de Moscú en 2002.
K-mon!
Desde 1990, sólo en 2 de 18 finales el equipo que se coronó campeón no ganó el doble. Más clarito, imposible. Entonces, todo está en manos de los cordobeses. Y de Feliciano, que me mete más miedo que Osama, los narcos mexicanos y la crisis de la economía mundial.
Una última idea, casi como manotazo de Nadal a la carrera: ¿Y si le cortamos el pelo a López, se le irá la fuerza jedi?
MEXICO -- Mi primer recuerdo de la Davis está ligado a un tal Ivan Lendl, un flacucho de cara huesuda que, según mi papá, nos había ganado él solito la semifinal en casa, de la que sólo puedo recordar ese nombre. Lendl, Ivan Lendl.
Era 1980, y con apenas 7 años debutaba en esto de ver a Argentina jugando la Copa Davis.
Estos tiempos felices, tienen sus raíces. (Getty)
Mi segundo recuerdo se remonta a un Vilas-Noah en el Buenos Aires, en 1982. Por aquellos tiempos ya jugaba con mi Dunlop Evonne Goolagong (sí, usaba una raqueta de mujer, aunque no tenía idea de quién) en el Club Tiro Federal, pero mis intereses tenísticos todavía eran miopes: me acuerdo casi haber llorado por no conseguir una remera oficial de esa serie. Y también me acuerdo de un tal Ricardo Cano. Segunda derrota al hilo de mi experiencia copera.
Todo cambió un año después. ¡Iban a poner tribunas tubulares en el Lawn Tennis para que Argentina jugara contra McEnroe! Algo importante pasaba ahí abajo, en el polvo de ladrillo. Algo que me motivó a comprarme las Topper Guillermo Vilas al instante, y a romper las pelotas incesantemente hasta que me regalaran un pantaloncito Ellesse como el de Willy. Insoportable.
Pero después de tanta alegría (¡había visto una victoria!), se me vino la dura realidad. Ya tenía doce, ya leía El Gráfico, ya sabía qué eran los Grand Slams, ya jugaba con una raqueta de metal. Y un día de 1985 conocí a Chesnokov. Y escuché por primera vez hablar de los fantasmas de la Davis. Y comprendí que esto de ir al Buenos Aires era más sufrimiento que satisfacción.
Luego vinieron tiempos extraños. Casi cinco años de muchos partidos importantes, pesados, fuera de casa. Y poco acá adentro. Algunos recuerdos:
# Saad-Bengoechea jugando el doble ante Uruguay, en 1986.
# De la Peña devolviéndole monedazos al público en el Estadio Nacional de Santiago, según contaban los diarios, en ese mismo año.
# Los secretos de la Davis al descubierto en Nueva Delhi: India pone césped contra Argentina en 1987, y Vijay Amritraj le gana a Jaite un cuarto punto de la serie increíble y decisivo.
# Le agregan palcos al BALTC y Estados Unidos nos gana fácil en Buenos Aires.
# De la Peña y un retirado Batata Clerc ganándole el doble a Connell y "Medibacha", en 1989.
La década de los '90 en mi experiencia Deivística fue más intensa. Y un poquito más amarga.
El momento más feliz, sin dudas, fue en aquella serie de cuartos de final ante Alemania, en 1990. La potencia animal de Mancini, la heróica victoria de Jaite ante Stich, aquel domingo vivido desde el Sector H del Lawn Tennis, y el lunes de rateada de la escuela para ver al Luli pisotear a Steeb. Invadí la cancha, como otros cientos. Y me llevé a casa un cartel entero de NEC, que todavía sobrevive.
Pero ese incipiente barrabravismo se apagó con las derrotas, afuera y adentro. Me acuerdo de Kenneth Carlsen y lloro. Pienso en Noszaly y Krocsko y me duele el pecho. Recuerdo aquellas tristes series ante Bahamas en MDQ (1996) y frente a Ecuador en un Buenos Aires vacío (1997), y me quedo mudo.
Ya por aquel entonces, la afición se mezclaba con el laburo, y la cuestión era ver cómo congeniaban. Me acuerdo de aquella serie de 1997, en Santiago, y las ganas de embocarle un pelotazo a Marcelo Ríos, pero más por "lo fácil" que era trabajar cerca suyo, que por su triunfo imposible en el doble ante Frana-Lobo. Y cómo olvidar la calentura en la ecuatoriana Salinas, en 1999, donde daban ganas de dejar la libreta y ubicar a unos cuantos tomados y enloquecidos, que se sacaban mientras el viejito Andrés Gómez le daba una clase de tenis a Arnold-Orsanic.
Los sillazos en Chile, en el 2000, marcaron quizás el subsuelo de la experiencia copera. Pero con la definitiva consolidación de La Legión, las derrotas mutaron en victorias, y las tristezas en alegrías.
Lo ocurrido en este siglo ya está más fresco. La presencia firme en el Grupo Mundial, los cambios de sede (Mendoza, Córdoba, River) hasta la llegada al Parque Roca, las tres semis perdidas afuera y aquella final 2006 en Rusia... todo eso es de dominio público.
Mis recuerdos, sin embargo, me empujan a aquellos tiempos menos alegres. Quizás porque me ayudan a valorar más esta oportunidad que tiene Argentina de ganar por primera vez la Copa. Hay un tortuoso camino recorrido --por algunos dentro de la cancha, por muchos otros desde las tribunas-- para llegar a este momento histórico.
Por eso hoy, a pesar de que el sendero de la vida me mantiene lejos de casa, yo me preparo frente a la tele, me acomodo como esperando un primer saque, y me voy con mi corazón a Mardel, esperando ser testigo de la tan ansiada consagración.
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Juan Ignacio Ceballos
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Tenis
Juan Ignacio Ceballos es periodista desde 1992. Trabajó en la revista El Gráfico y en el diario Página 12, entre otros medios escritos. Forma parte del equipo de SportsCenter desde el año 2000.