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Errar es humano, Peláez, pero perseverar en el error, es diabólico

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Un emotivo Ricardo Peláez se despide, admite que falló en Chivas (9:28)

El director deportivo de Chivas señaló que tuvo una platica con Amaury Vergara y comaprtió la decisión del termino de su proyecto. (9:28)

LOS ÁNGELES — Ricardo Peláez abandonó al Guadalajara. Los Vergara (Amaury, Yelena, Katya y Diego) le dijeron que no iba más. Él estuvo de acuerdo. Y los tres años de fracaso, los millones de dólares despilfarrados, y el decepcionado Universo Chiva, también asintieron desde la mortaja del caos.

Sólo hubo dos itinerantes que compitieron con Peláez en su conferencia de prensa de despedida, esos, los danzarines de un cínico arrepentimiento: “Me equivoqué en muchas cposas”. “Fallé en muchas cosas”.

Peláez renegó del término “fracasé”, explicó, porque al patriarca de tantos fracasos en Chivas, Amaury Vergara, le disgusta la palabra fracaso. Claro, es como hablar de sogas en casa del ahorcado.

Ante tanta reincidencia, en ese mea culpa, que a fuerza de repetirlo Peláez medio centenar de veces, perdió la frescura de la sinceridad, era inevitable recordar a Séneca:

"Errare humanum est… perseverare diabolicum (Errar es humano… perseverar en el error es diabólico)”, sentenció el filósofo griego.

Sí, lo de Peláez en Chivas dejó de ser humano para convertirse en diabólico. Lo reconoció, como si la suma desesperada y lloriqueada de justificaciones, diera como total un consuelo.

Ricardo Peláez llegó a Chivas abusando de promesas, títulos, jerarquía, blasones. Este martes se ha ido abusando de justificaciones, no pretextos, justificaciones, que no es lo mismo. Justificarse, cuando te vas, es exonerarte a costa de los que se quedan. Tirar estiércol, encender el ventilador, e irse por la puerta de atrás. Eso es justificarse.

En una actitud alevosa, casi traicionera, asegura que deja nombres, hombres, proyecto, estructuras, planes, para que a corto plazo Chivas tenga éxito. “Estoy seguro”, dijo. Claro, y si no ocurre, los culpables son los que se quedan, no el que se fue. Si todo era tan perfecto, porqué reiteró hasta el aburrimiento “me equivoqué mucho”, “fallé mucho”.

Se plagió la frase de Winston Churchill: “Los grandes éxitos se hacen de pequeños fracasos”, olvidando que los suyos han sido colosales. ¿Cuántos más faltaban para encontrar el éxito?

¿Y Chivas? Más allá de las mentiras de Peláez, dando a entender que deja la mesa servida, en realidad queda en manos de cuatro personajes que ven al futbol como un AntiCristo. Vendedores de ilusiones, a través de maquillajes, pociones mágicas y otras chucherías. Flautistas de Hamelín, pero sin flauta, acaso cencerros.

En medio de un acto eficiente e irrisorio de autorridiculizarse por parte del Departamento de Comunicación de Chivas, David Medrano dio la exclusiva sobre Peláez y asegura que un tal Alejandro Manzo, cuyo currículo ostenta únicamente ser cuñado de Amaury, se queda al frente del Rebaño, al lado de una toxicidad arraigada en el equipo, como lo es Mariano Varela y su ahora achichincle Javier Mier.

En verdad, sólo faltó que Amaury le llamara a Eduardo Hernández, el promotor, y le entregara el control de Chivas a PromoFut. La cocinera, de ama de llaves también.

Chivas tiene tres meses para tratar de poner orden. Lo primero es buscar un tipo que sepa de futbol. Los cuatro cerebros que despidieron a Peláez (Amaury, Yelena, Katya y Diego) ni saben, ni quieren, ni pueden, y, por lo tanto, ni deben.

¿Quién? Un equivalente a Monchi del Sevilla, quien también mete la pata, y tanto, que llevó de vacaciones a Chicharito, pero ha estado detrás de los grandes momentos del club. Un personaje del corte de Hans Westerhof. O regresar a Paco Gabriel de Anda, pero sin las emboscadas de entonces por parte del #Pelagatos2.0 (el hoy muy perversamente feliz José Luis Higuera). ¿Merecerá Néstor de la Torre una enésima revancha?

Termina una nueva era triste en Chivas. Y, lamentablemente, se inicia otra. La afición deberá heredar el mote de su vecino, ése, el de #LaAflicción. Al final, aún quedan un par de años sin la despiadada amenaza del descanso.

“No hubo ni llanto ni duelo por Rosa Leyes, el indio. Su muerte, toda su vida, se la fue llorando él mismo”: Alberto Cortez.

Así, la salida de Ricardo Peláez de Chivas. Ni llanto, ni duelo. Acaso, el suyo propio.