Messi y Sabella
EFEEl espejo mediático reflejó a Boca y la Selección

BUENOS AIRES -- El domingo comenzaba a despedirse con la mueca de lamento forzada por Mario Götze. Sin embargo las grandes avenidas de las diferentes ciudades argentinas rebalsaban de celeste y blanco. El reconocimiento popular se volcó a las calles sin el exitismo con el que acostumbra a vestirse la derrota. ¡Se festejaba el segundo lugar!... Sí, se festejaba el segundo lugar.

Impulsado desde todos los puntos cardinales mediáticamente de manera ejemplar. Como a mí criterio debería suceder siempre desde los grandes medios formadores de opinión. Inculcar en el mensaje que ser primero, segundo o tercero es meramente una consecuencia de un juego que se ha convertido en un negocio.

Y sobre este sustantivo voy a frenar. El "negocio" del fútbol evidentemente hace que cada circunstancia que rodea al deporte tenga diferentes valores según el cristal con el que se la analice. Detrás de cada cristal hay intereses que respaldan a algunos de los diferentes medios de comunicación más influyentes que a la hora de emitir opinión destacan o defenestran, por ejemplo, un segundo lugar.

Sin viajar mucho en el tiempo (y seguramente por mi habitual estadía laboral en Boca) inmediatamente recordé el cuestionamiento de parte de la gran mayoría de canales, radios y diarios hacia Carlos Bianchi cuando el entrenador declaró irónicamente: "no sabía que no sirve salir segundo" luego de conseguir el subcampeonato en la última fecha del Torneo Final 2014.

Y como una llave a veces abre más de una puerta, comencé a recodar más situaciones que se vivieron en esta Copa del Mundo muy similares a las que me tocó vivir últimamente en Boca, pero con diferente tratamiento popular de la noticia.

A mediados de 2012 desde el círculo íntimo de Riquelme, voluntaria o involuntariamente, se instaló el día antes de jugar la final de la Copa Libertadores que Román dejaría el equipo luego del partido con Corinthians y hasta llegué a escuchar que lo tildaron de "desestabilizador intencional". Dos días antes de protagonizar la final de la Copa del Mundo, allegados a Alejandro Sabella, voluntaria o involuntariamente, instalaron que el entrenador no seguiría después del partido con Alemania. La reacción periodística en su gran mayoría no observó signos de mala intención.

Mientras Román definía dónde iba a jugar en 2013 criticó el sistema de juego del por entonces técnico de Boca, Julio César Falcioni, manifestando que: "primero Boca debe saber a qué quiere jugar" y a Riquelme lo trataron de irrespetuoso y busca pleito. En cambio cuando Lionel Messi fue crítico con el sistema de juego de Sabella, al término del partido con Bosnia, la gran mayoría le dio la razón como la única salida para potenciar su juego.

A principios de 2014 cuando Bianchi le dijo que no a la llegada de Ever Banega a Boca argumentando: "si yo tengo pasta en el plato (por Fernando Gago), no voy a seguir pidiendo pasta", fue cuestionado desde todos los costados. El rendimiento de Banega en Newell´s no fue el que todos esperaban y no se escuchó públicamente que con el tiempo le dieran la razón al entrenador.

Quiero dejar en claro que no cuestiono las declaraciones de Bianchi, de Riquelme, de Messi, ni de los allegados a Sabella. Entiendo que cada uno de ellos siempre buscó al hacer público su deseo el bien común en pos de un objetivo. Solo que la Copa del Mundo ha despertado en mí algunos interrogantes como el por qué, sobre una misma circunstancia del juego, a veces existen diferentes tratamiento de la noticia.

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BocaESPN.com

BUENOS AIRES -- Rápidamente, el prematuro adiós de Riquelme ofertó fecha de vencimiento en un escenario lleno de luces por el protagonismo de Carlos Bianchi. Maquillado con una mezcla de arrepentimiento y heroísmo en medio de un mercado de pases que no logró seducirlo, Román decidió volver para sufrir al lado del Virrey. Estas fueron las primeras escenas tras levantarse el telón de la tercera zaga dirigida por el entrenador más ganador en la historia del club.

Y Riquelme no se equivocaría. El sufrimiento dominó de punta a punta en el 2013.

En el primer semestre se vio la mejor versión futbolística de Boca en estos 12 meses y paralelamente una de las peores de la historia. La gran apuesta fue la Copa Libertadores, no defraudó en cuanto al juego y los penales decidieron el resto. En cambio en el torneo local terminó anteúltimo y al borde de ser la peor cosecha de puntos de sus 108 años.

Carlos Bianchi
Fotobaires.comEl 1° año de Bianchi no fue nada bueno

El segundo semestre no fue muy diferente, hasta me animo a definirlo como peor a pesar de haber llegado a la recta final del Torneo Inicial con grandes posibilidades de campeonar. Sin embargo, careció de algo que no se compra en ningún mercado de pases: actitud. Y si a esta pasividad a la hora de jugar le agregamos que el nivel futbolístico siguió estando en deuda, el paisaje inspiraba desolación. ¿Así y todo pudo haber dado la vuelta olímpica? Sí, tranquilamente. Claro que este análisis ya pertenece al mezquino fútbol argentino.

La principal respuesta de por qué Boca protagonizó un año mediocre, tal cual lo definió Bianchi, se encuentra en las lesiones. Más lesiones que puntos durante toda la temporada. Superó las 60. Este tema obligó al Virrey a no poder consolidar un once de memoria, a tal punto de llegar a improvisar a jugadores en puestos impensados como Cristian Erbes en el lateral derecho de la defensa o Ribair Rodríguez como marcador central.

El año de Román tampoco fue el ideal. El capitán había regresado para colaborar con un equipo que según sus palabras lo hacía sufrir cada vez que lo veía jugar desde su casa. Mucho no pudo hacer, ya que el 10 no fue la excepción en cuanto a lesiones. Jugó en 25 de los 48 partidos oficiales, de los cuales sólo completó 16, y convirtió 4 goles. Padeció 5 lesiones.

No sólo Bianchi y Riquelme regresaron en 2013. Fernando Gago cumplió un anhelo de varios años. El deseo familiar se unió a su objetivo Mundial y decidió permanecer en el fútbol argentino cerca de su Selección. Y fue una de las tantas víctimas del gran enemigo de Boca en la temporada. Aunque su padecimiento con las lesiones excede al Xeneize. Cada vez que fue titular, su gran nivel técnico ha salvado al equipo de un naufragio futbolístico aún peor del que sufrió.

Si dejan atrás definitivamente sus contratiempos musculares, Gago y Riquelme se convertirán, sin dudas, en los dos mejores refuerzos con los que pueda contar Bianchi en 2014. Más allá del lateral derecho y el marcador central que incorporará durante este verano, el nuevo y estricto lema impuesto por Daniel Angelici es NO comprar más y SÍ contratar a préstamo.

Fotobaires.comGago y Riquelme no escaparon a las lesiones

El presidente parece estar cansado de traer jugadores "figuras" en otros clubes y que a la hora de vestirse de azul y oro no cumplan con las expectativas. La lista de 2013 la completan Emmanuel Gigliotti, Claudio Riaño, Cata Díaz, Franco Cángele, Chiqui Pérez, Burrito Martínez o Ribair Rodríguez.

Dicen que hay vestuarios que se devoran entrenadores. Puede ser el caso de Boca, aunque con la espalda de Bianchi difícil que lo asuste. En cambio este "afamado" vestuario ha "asustado" a varios jugadores durante este año. Leandro Somoza, Santiago Silva, Walter Erviti y recientemente Cángele. En fin, el vestuario seguirá, los referentes permanecerán y el entrenador deberá aceitar su cintura para manejarlo de la mejor manera sabiendo que no será un semestre más.

Serán meses de un exhaustivo análisis de parte de la dirigencia para, a mitad de temporada, definir si le renovarán el contrato nada menos que a Juan Román Riquelme.

Atrás queda un Mediocre 2013 que le deja paso a 2014, un año en el que Boca volverá a mirar la Copa Libertadores por televisión. Algo inusual para Bianchi, un entrenador que no está acostumbrado a estas realidades. Basta comparar los 45 puntos que cosechó en el primer torneo que dirigió a Boca en 1998, saliendo campeón invicto, con los 47 de 2013.

Claro, 47 puntos si sumamos los dos torneos del año...

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Boca JuniorsFotobaires.comRiquelme y Angelici se pondrán de acuerdo

BUENOS AIRES -- No se toleran, sus ideales no se sientan en la misma mesa y sus acciones se desafían desde veredas opuestas. Estos ingredientes no presumen confeccionar la receta madre de una sociedad. Pero como en el fútbol sucede hasta lo más inimaginable, en Boca se convirtieron en pilares muy sólidos para pedir los papeles sobre la mesa y estampar la firma.

Daniel Angelici y Juan Román Riquelme. El presidente de la empresa y el líder de sus trabajadores. El representante de la clase alta y el vocero de la clase baja. Diferencias sociales que desaparecían cuando la pelota número 5 se pegaba a la camiseta número 10 y hasta las manos repletas de los más caros anillos no frenaban sus aplausos.

Admiración y desprecio que convivieron hasta que uno vació al otro. Ya en su época como tesorero del club, Angelici había puesto su primera piedra para que Román no permaneciera por más de dos años en Boca. Y vaya paradoja, Riquelme solito dijo adíos a los dos años de haber firmado un contrato de cuatro.

¿Cómo imaginarse entonces que ambos puedan asociarse para algo?. A veces ciertos gestos de suma inteligencia se confunden con gestos de grandeza o mero respeto. Y este tipo de gesto lo tuvo Román al ratificar el último 5 de enero que a Boca no volvía. Y no me refiero precisamente al NO que le dio a Carlos Bianchi, sino a una frase que esgrimió en su preparado discurso de segunda despedida.

"Estoy muy agradecido al presidente por haber intentado convencerme para que vuelva al club". Está declaración pudo haber pasado inadvertida en medio de un repertorio en el que predominó el ataque al periodismo catalogándonos de mentirosos. Sin embargo estas catorce palabras conforman la mejor firma de contrato que hoy une a Riquelme con Angelici en una verdadera sociedad anónima.

Con tal agradecimiento, Román le regaló inmunidad a Angelici frente a los hinchas. ¿Quién se animará desde la tribuna a reprocharle al presidente la ausencia de Riquelme?. Nadie. ¿Fue gratuito el traje de amianto que hoy viste Angelici gracias a las palabras de Román?. No. Si analizáramos cada una de las declaraciones del jugador en cada nota, conferencia o rueda de prensa, nos daremos cuenta que detrás de cada frase hay un por qué y esta vez no fue la excepción.

Román ya jugó. Ahora deberá hacerlo Angelici. Y lo está haciendo con su silencio u omisión sobre lo sucedido en las diferentes reuniones que tuvieron para "convencer" al ídolo. Román estuvo cerca, muy cerca de volver hasta que se encontró con un NO rotundo de la dirigencia frente a todos los pedidos que hizo, que según el propio Román son inventos nuestros.

Si Angelici diera a conocer públicamente lo hablado en cada uno de esos encuentros, entraríamos en un terreno donde para Román no sólo el periodismo inventa sino también el presidente. Y está claro que sea quien sea quien presida Boca si quiere gobernar en paz debe tener al máximo ídolo del club de su lado, al menos frente a las cámaras.

Vale aclarar que Riquelme está en todo su derecho a pedir, exigir, preguntar o insinuar sobre puntos que él crea necesarios para sacarle la pausa al contrato. Como también vale aclarar que el periodismo está en todo su derecho a publicar a mi parecer NO detalles, pero SÍ que hubo ciertos puntos que pretendían ser modificados para generar el tan ansiado regreso.

Obviamente que las negociaciones hayan salido a la luz no le generó simpatía a Román y fue más fácil acusar al periodismo de mentiroso que aceptar que como la dirigencia le dio la espalda a ciertas pretensiones se mantiene en la postura de no regresar.

En fin, en esta sociedad la primera firma la puso Riquelme y luego con los días se sumó la de Angelici.

Claro que entrará en vigencia recién cuando Boca reaparezca en La Bombonera y desde las tribunas no bajen reproches hacia el presidente cuando los hinchas vean a Román en su palco alentando al equipo de Bianchi.

Enfrente, en el palco presidencial, muy tranquilo también podrá alentar Angelici acompañado por su pequeño hijo, vestido como de costumbre con la camiseta de su ídolo con la 10 en la espalda, sí la de un tal Juan Román Riquelme... el mejor socio de su papá.

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Crónica del regreso de Bianchi a La Bombonera

BUENOS AIRES -- Este no es el comienzo de una crónica de telenovela protagonizada por tres galanes que pelean contra sus egos. Se trata de 12 meses que si no los hubiera vivido, creería que fueron extraídos de un exitoso culebrón.

Con ustedes Daniel Angilici, un presidente que decidió dar sus primeros pasos como gobierno sin levantar polvareda al renovarle el contrato al último entrenador campeón. No fue sólo una maniobra amparada en el éxito. Detrás de esa firma se buscaba limitar el accionar del máximo ídolo del club.

Con ustedes Julio César Falcioni, un entrenador que pese a no gozar de una buena relación con el máximo ídolo del club y no ser del gusto personal del presidente, accedió a renovar su contrato y de esta manera cumplir el sueño personal de ser parte de una nueva Copa Libertadores nada menos que dirigiendo a Boca.

Con ustedes Juan Román Riquelme, el máximo ídolo del club que más allá de las diferencias irreconciliables con el presidente y el entrenador sólo tenía entre ceja y ceja la Copa Libertadores. Sabía que si lograba potenciar su nivel de juego, el presidente y el entrenador también se adjudicarían el éxito. Pero no le importó.

Como es habitual, 2012 comenzó en Tandil. Falcioni preparaba un plantel amplio y lleno de variantes sabiendo que debía afrontar tres competencias. Aunque reconocía que el máximo objetivo era el torneo continental.

Falcioni y Riquelme
Fotobaires.comFalcioni y Riquelme no habrían tenido una buena relación

Riquelme manejó su pretemporada. Los amistosos de verano no eran prioridad para el jugador. Apostaba a llegar de la mejor manera al inicio de la competencia oficial. Mientras, Angelici reforzaba el plantel a pedir de Falcioni, quien con la incorporación de Santiago Silva cumplía su viejo objetivo de traerlo a Boca.

La Copa Argentina abría el año por los puntos y con ella los penales, quienes se convertirían en un eslabón fundamental para conseguirla. El Torneo Clausura hacía su estreno con Olimpo y una victoria que dejaba la casa en orden para viajar rumbo a Barinas, Venezuela, para debutar en la tan añorada Libertadores.

Y justamente en Barinas, después del empate sin goles frente a Zamora, llegaba el primer conflicto entre los galanes. En el vestuario, Riquelme y Falcioni se trenzaron en una discusión sin sentido, ya que el entrenador acusó erróneamente al ídolo de ser el responsable de una acción durante el partido. Este error desacreditó la imagen de Falcioni ante el grupo, a tal punto que lo llevó a renunciar en pleno vuelo de regreso a Buenos Aires.

Ya en suelo argentino, Angelici logró convencerlo de que continuará en el cargo después de varias horas de reunión. A partir de ese momento, no sólo Riquelme lo miraba de reojo sino la gran parte del plantel. La relación entre Falcioni y la mayoría del grupo se había roto. En esas condiciones había que convivir, en principio, durante tres competencias que recién estaban en pañales.

A pesar de que día a día no se percibía la mejor atmósfera, Boca llega a mitad de año como candidato en los tres frentes. Desde los 12 pasos accedió a la final de la Copa Argentina, arribó a las últimas fechas del Clausura con grandes posibilidades de dar la vuelta olímpica y se ilusionaba con una nueva final contra un equipo brasileño en el terreno más preciado.

En Banfield, Boca se derrumba, la ruta hacia el título local se obscurece y llega al final del camino con suplentes ante All Boys, al mismo tiempo que Arsenal grita campeón. Y como la final de la Copa Argentina se había pospuesto para inicios del próximo semestre, la Libertadores era la obsesión.

El empate con Corinthians en La Bombonera no era optimista, aunque sí el peso de la historia xeneize en finales de este calibre. Al pisar San Pablo parecía que el foco estaría puesto sólo en cómo remontar futbolísticamente 90 minutos ante un duro rival, sin embargo el conflicto contractual que marginó a Facundo Roncaglia de la final enrarecía el clima.

Ya en la previa, el 4 de julio me desayunaba con algo muy pesado. La información que manejaba aseguraba que Riquelme tenía decidió irse de Boca tras la final, más allá del resultado. A partir de ese momento el partido en sí pasó a un segundo plano.

Boca
TélamBoca ganó la Copa Argentina edición 2011/2012

Era la madrugada del 5 de julio y mientras el Timao festejaba en el vestuario local, en el vestuario visitante se advertía que algo sucedería y sucedió. El "me siento vacio..." de Román retumbó en el planeta y cerca de las lágrimas se despedía, según él, para siempre. Inmediatamente los ojos de los que lloraron al ídolo se fijaron en Falcioni y Angelici. El fin del mundo se había adelantado para los hinchas de Boca.

Bajo esta tensión comenzaban los últimos meses del año.

El Torneo Inicial le daba la bienvenida con una goleada en Quilmes. Sin Riquelme, Roncaglia, Insaurralde, Cvitanich y Mouche el equipo debía rearmarse, pero no había tiempo. La postergada final de la Copa Argentina los aguardaba y si la perdían, la continuidad del entrenador corría serio peligro.

Un nuevo título se consiguió, pero no sería suficientemente sustentable para mejorar la imagen de Falcioni. El adiós prematuro en la Sudamericana y el fantasma de Riquelme que flotaba partido a partido hasta que en La Bombonera, frente a San Martín de San Juan, aterrizaría. Después del 1-1 y un penal malogrado por Schiavi se pidió por el regreso de Román.

La situación comenzaba a tornarse tan insostenible que se llegó a sospechar que el Flaco no había convertido desde los 12 pasos a propósito para generar la partida del DT. ¡Una locura! Hasta Angelici tomó protagonismo manifestando públicamente que los jugadores no transpiraban la camiseta. ¡Lo que faltaba!

El 28 de octubre llegó rápido. River y Boca volvían a verse las caras en Primera División. El Xeneize pisaba el Monumental con tan sólo 2 puntos en su haber de los últimos 12 en juego. Sin dudas que el Superclásico marcaría el futuro de un entrenador que se había llamado a silencio. Walter Erviti le regalaba bonus a Julio César.

Los resultados no ayudaban a la ilusión por el título. Angelici había ratificado a Falcioni hasta la fecha 19 sin importar los resultados y lo cumpliría. En el camino hablaría con Guillermo Barros Schelotto y con Gerardo Martino para suceder a Julio César a partir de 2013, pero ante las negativas de ambos y luego de analizar que con la perpetuidad del DT mantendría cerradas las puertas frente a un hipotético regreso de Riquelme, ofrecerle la continuidad a Falcioni le cerraba por todos lados con el boleto a la Libertadores en el bolsillo.

Claro que no tuvo en cuenta que reunirse a cenar previo al último partido para hablar de proyectos en conjunto no fue muy atinado. Esta reunión enfureció a Riquelme, quien rápidamente a través de un par de medios de comunicación lo fusiló verbalmente a Falcioni en su "Cadena Nacional", según Angelici. Si el hincha ya estaba algo enfurecido con Falcioni, Román terminó de enfurecerlo.

Así llegaba el último partido de Schiavi en Boca, la vuelta de Palermo y el Pato a La Bombonera y la respuesta en vilo de Falcioni. El presidente le había propuesto renovar y Julio César había quedado en contestar después del juego con Godoy Cruz. El "SÍ" era casi un hecho.

Carlos Bianchi
DYNBianchi evitó hablar sobre el duelo con River

Pero el empate, los silbidos al equipo, los insultos al presidente, el grito de guerra de "Riquelme" y el desagravio público a Falcioni decoraban un escenario propicio para que en el video de despedida del Flaco apareciera el testimonio de Carlos Bianchi. Su sola presencia hizo que La Bombonera "hablara" y le ordenará a Angelici su regreso.

Sin darle la espalda al público el presidente le soltó la mano a Falcioni y se desesperó por ir a buscar al Virrey, quien hasta ese fin de semana tenía DE-CI-DI-DO no volver a Boca.

Algo cambió y en tres cara a cara Angelici lo convenció. El entrenador más ganador de la historia dijo "SÍ" y en una semana la realidad de Boca viró de tal manera que muchos incrédulos se pellizcaban el último 19 de diciembre para saber si su sueño se había hecho realidad.

Finaliza el año, pero no esta historia. Aún falta que el último capítulo lo escriba Riquelme. Angelici hizo lo que debía hacer, Falcioni lo entendió y Román se toma su tiempo.

En este culebrón los egos traicionaron a los tres galanes y no les quedó otra alternativa que aceptar y darse cuenta que en Boca sólo existe Un Galán que supo seducir a todos con apenas dos letras: "SÍ".

Boca Juniors 2011ESPNdeportes.com
BUENOS AIRES -- El sprint final de Boca en 2011 no se condice con lo demostrado en el punto de partida. En las sierras de Tandil despegaba una ilusión que si bien a los pocos meses sufriría turbulencias, luego sería piloteada de tal manera que pudo aterrizar en la pista deseada.

Este título no sólo quedará en la historia por el invicto y la valla menos vencida. La diferencia de 12 puntos con los escoltas me obliga a destacar paradójicamente 12 puntos de un año inolvidable en varios aspectos.

1-La despedida de Martín Palermo


Dentro de varios años muy pocos recordarán que Vélez ganó el Torneo Clausura 2011. Precisamente aquel campeonato será recordado por el descenso de River y por la despedida de Palermo. El adiós del goleador con arco a cuestas incluido significaría un antes y un después en la historia del club. La salida de un referente y un horizonte desafiante para Falcioni puertas adentro de un vestuario conflictivo en los últimos años. Se fue El Loco y ha dejado un sello imborrable en las gargantas de los fanáticos. El máximo artillero del club cambiaría el área por el palco.

Falcioni
DyNEl DT llegó a estar en duda. Finalmente no hubo plan B

2-Los silbidos a Julio César Falcioni


El partido con Banfield llegaba a su fin, Palermo pisaba La Bombonera por última vez como jugador en actividad y comenzaba un homenaje que haría lagrimear al delantero y llenaría de preocupación a Falcioni. Al momento que la pantalla gigante del estadio ofrecía un emotivo homenaje al histórico goleador y Julio César aparecía saludando al 9, una silbatina generalizada expresó el parecer de las tribunas. Así el DT cerraba su primer semestre al frente del equipo.

3-El descenso de River Plate


Si bien tanto jugadores como cuerpo técnico siempre se han mostrado respetuosos con el descenso de River, durante el último torneo su ausencia se notó. Fue la primera vez que el fútbol argentino no tuvo Superclásico y los amantes de este deporte lo extrañamos. No así los fanáticos. A la hora de referirse a su eterno rival las cargadas siempre florecieron dentro de un contexto calmo. Escenario que puede llegar a alterarse si es que se juegan los clásicos de verano en 2012. Daniel Passarella y Matías Almeyda ya advirtieron que ambos partidos pueden generar violencia.

4-El fantasma del descenso


Sin su eterno rival como competidor en el Apertura y con el deseo de mejorar sí o sí la imagen del primer semestre, Boca encaraba una segunda mitad de año en busca de reforzar su promedio. Sí, las advertencias de Palermo en reiteradas ocasiones sobre no descuidar la cosecha de puntos y lo recientemente sucedido con River había encendido, por más mínima que sea, una alarma respecto del descenso. Boca no comenzó bien, pero finalizó aliviado.

5-La incorporación de Schiavi


La edad de El Flaco fue lo primero que generó incertidumbre sobre su rendimiento. En los últimos años siempre se habló de su llegada que recién se produciría en agosto de este año a los 38. Volvería a formar dupla con Juan Manuel Insaurralde, su compañero de zaga en Newell´s. Y vaya si demostraron que se entienden a la perfección. A Schiavi le costó adaptarse futbolísticamente durante la gira por Europa, pero en el torneo local demostró por qué terminó siendo una de las figuras no sólo de Boca, sino del campeonato. Quedará en la historia por haber sido parte de la defensa menos vencida del fútbol argentino. Tal performance lo llevó a demorar su retiro seis meses para poder jugar la Copa Libertadores.

Martin Palermo
DYNPalermo queda en el bronce: retiro y estatua

6-La gira por Europa


Las primeras críticas que dejó el tour por Barcelona y Londres le cayeron a la defensa. 8 goles en contra en 3 partidos ponían en tela de juicio a una primera línea prácticamente nueva. La lesión de Franco Sosa lo obligada a Facundo Roncaglia a adaptarse en un puesto del que finalmente se adueñaría y Orion arribaba a un arco muy criticado durante los últimos años. Más allá de la experiencia internacional para un grupo en formación, el desgaste físico luego de una corta pretemporada en Brasil ponía en riesgo el funcionamiento en el inicio del campeonato.

7-El Plan B para Falcioni


Después del empate en el debut frente a Olimpo se generó un clima incómodo durante la siguiente semana antes de recibir a Unión en La Bombonera, a tal punto que desde la dirigencia se escuchó hablar de un Plan B por si Boca no le ganaba al Tatengue. La goleada calmó los ánimos y ya nadie discutió a Falcioni. Cosas que sólo pasan en Boca.

8-La capitanía de Román


Por más que Riquelme repita hasta el hartazgo que llevar una cinta en el brazo no le modifica ni su conducta ni su juego, ser capitán y de Boca no es un dato menor. Durante los últimos torneos Martín Palermo lució tal privilegio y en el momento que El Titán dio un paso al costado Falcioni pensó en Román. Lo que se llama tener cintura.

9-El heredero de Palermo


El deseo latente de Falcioni de sumar a Santiago Silva no pudo cristalizarse y Lucas Viatri se calzó La 9. El goleador demostró que con un juego muy distinto al de Palermo pudo convertirse rápidamente en el goleador del equipo hasta que frente a Belgrano se lesionó. A partir de ese momento Darío Cvitanich apareció como el indicado para acompañar a Pablo Mouche, pero nuevamente las lesiones le jugaron una mala pasada a los delanteros y Nicolás Blandi aprovechó su oportunidad reemplazando temporalmente a Cvitanich. El juvenil en 2 partidos gritó 4 veces y superó a Viatri en la cantidad de goles pero como si fuera un estigma la lesión le cayó a él y con Cvitanich ya recuperado, el ex Ajax no perdió el tiempo y no sólo convirtió goles claves sino que finalizó siendo el artillero del campeón.

Agustín Orión
Fotobaires.comOrión se consolidó en el arco y logró un récord

10-Las lesiones de Riquelme


Después de haber sufrido las pretemporada de Tandil aquejado por diferentes molestias que lo alejaron de algunos amistosos de verano, Román finalizó el Clausura con 12 partidos en el lomo pero de manera muy intermitente. La segunda pretemporada del año en Brasil fue la clave de su recuperación. Los juegos en Europa le sirvieron para ganar ritmo y finalmente demostrar en el Apertura que le bastó con estar desde el inicio tan sólo en 10 partidos para darle una mano a sus compañeros y así conseguir el objetivo. Las infiltraciones en la planta del pie izquierdo marcaron el ritmo de su particular fin de año.

11-El récord de Agustín Orion


Con su tosca personalidad distante del periodismo se llamó a silencio durante sus primeros pasos en Boca. Agustín Orion arribaba a un arco que desde la salida de Abbondanzieri no había conseguido dueño indiscutido. El saldo negativo de 8 goles en 3 partidos en la gira por Europa reavivarían viejos fantasmas que luego comenzarían a diluirse con el pasar de las fechas del Apertura. A tal punto que a dos juegos del final y con 4 goles en contra Orion decidió reemplazar su buzo gris por uno amarillo para visitar a Arsenal. Quien crea en cábalas dirá que fue el motivo de que Agustín llegara a la última fecha del campeonato con el objetivo de no recibir ningún gol si quería quedar como responsable de la única valla menos vencida del fútbol argentino. Y ya con el color gris nuevamente en su pecho escribió su nombre no sólo en Boca.

12-Cambio de mando presidencial


Paradójicamente el día en que Boca se coronó campeón en La Bombonera, su presidente Jorge Amor Ameal perdía categóricamente las elecciones frente a su único opositor Daniel Angelici. El ex tesorero del club había renunciado a su cargo al negarse a firmar el contrato que liga a Riquelme con Boca por 4 años. Su intención era firmar sólo por 2 años. Respaldado en cada paso por Mauricio Macri, el macrismo volvió a tomar las riendas de un club que tendrá en 2012 su regreso a la Copa Libertadores. Algo que el actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires conoce muy bien.

Argentina v NigeriaTelamMessi puso a un par de ciudades en el mapa mediático. Siguió su camino, pero la vida allí continúa
BUENOS AIRES -- La pobreza no es un atractivo turístico. No deberíamos sumar horas de vuelo para entender que gran parte de la gente en el mundo pasa hambre. La foto de cómo viven aquí lamentablemente pesa más que la solidaridad y el respeto que le manifiestan al prójimo sin distinguir entre turistas y compatriotas.

Tienen hambre y no roban para comer. La ley es tan dura como injusta en la mayoría de los casos. Las diferentes religiones los guían ordenadamente detrás de la fe. Aceptan su condición social sin intenciones de abandonarla. Si se portan bien en este camino, sus diferentes dioses les han prometido reencarnar en una mejor vida.

Aquí esperan a la muerte y lloran la vida, según nuestro criterio de vivir bien, porque en realidad a ellos no se le ven lágrimas.

El apretón de manos es su principal carta de presentación sin dejar de mirarte a los ojos para los pequeños descalzos que corren en las calles detrás de una pelota como para un gerente de hotel cinco estrellas. Nos observan meticulosamente cada movimiento, cada acción. Como si nos estudiaran en silencio. Al devolverles la curiosa mirada sonríen tímidamente. Esta paz interna que parecen cosechar mientras se someten a sus rutinas se contrasta con el caos vehicular que presentan las avenidas, las calles y los callejones. No se respetan los semáforos ni las prioridades de paso. La bocina constante y ensordecedora impone las intenciones de cada chofer. Eso sí, a un peatón puede llegar a rozárselo si intenta cruzar valientemente, pero si quien aparece es una vaca demuestran lo bien que funcionan los frenos en Calcuta.

En esta ciudad se puede ver desde peluquerías ambulantes hasta personas bañándose en la vereda sin nombrar los que hacen sus necesidades a la vista de todos.

Durante unos pocos días Calcuta volvió a escucharse en el mundo y no gracias a La Madre Teresa, ni a la pobreza que la invade.

Messi fue su mejor embajador. El poder del fútbol hasta descubrió que la capital de Bangladesh se llama Dhaka.

Leo dejó su sello en un sector de Asia. Dentro de algunos días la sorpresa que causó el estilo de vida de esta parte del mundo se desvanecerá, al igual que las esperanzas de esta gente de algún día poder vivir dignamente.

Es que Messi se fue y la vida aquí sigue...

BUENOS AIRES -- Vaya si nos hemos cansado de escuchar que el arribo de Julio César Falcioni se debía a la mano dura que necesitaba un vestuario tan indomable que ha visto huir a entrenadores como Alfio Basile, caracterizado como gran domador de fieras.

Si los comentarios acerca del grupo eran ciertos o no fue una tarea que el propio Julio César debió comprobar por si solo. Y sus primeras investigaciones fueron hechas en Tandil. El ex técnico de Banfield heredaba un plantel secó de títulos, en crisis y sin perspectivas de evolución futbolística más allá de los sistemas tácticos. Había que descubrir el verdadero foco del conflicto y el encargado de hacerlo se apellidaba Falcioni.

Para evitar suspicacias el nuevo líder de grupo se presentaba con un manual de convivencia que no aceptaba diferencias internas de ningún tipo. A tal punto que obligó a todos los jugadores a estacionar los autos en un mismo sector, algo que antes no sucedía.

A la hora de hablar públicamente en conferencias de prensa el nuevo entrenador no se cansaba de colocar en la misma escala de importancia a todos los jugadores. Por ejemplo llegó a decir que Riquelme era futbolísticamente tan importante para ellos como lo era Erviti o algún otro compañero. En fin, una manera elegante de no hacer diferencias cuando las diferencias están a la vista, ya que ningún jugador significa lo mismo para un plantel bajo una lupa de rendimiento, según mi parecer.

Riquelme no había participado del torneo de verano, ya que sus antiguas lesiones lo obligaban a trabajar diferenciado para no ser exigido físicamente. Sin embargo, pese a no tener rodaje Julio César lo mandaba a la cancha en la primera fecha frente a Godoy Cruz. No había sumado minutos de fútbol, pero sí había trabajado normalmente durante los días previos.

A pocos metros de haberse iniciado el Clausura antes de jugar con All Boys Falcioni dejó afuera de la lista de concentrados nada menos que a Riquelme por aducir cuestiones de funcionamiento. Al mismo tiempo coincidía con una de sus principales premisas: "Si un jugador no completa 4 días de trabajo a la par del grupo no juega en mi equipo".

Tras haber sido reemplazado en el entretiempo frente a Argentinos Juniors por una fuerte contractura en su aductor derecho, Román comenzó la semana trabajando en el gimnasio y trotando. Recién este jueves se calzó botines y le dio a la pelota para ya este viernes sumarse al grupo en un nuevo ensayo futbolístico del que formó parte e indirectamente confirmó que por tercer partido consecutivo Falcioni repetirá los mismos once.

Nadie discute las condiciones y lo que significa Riquelme, no sólo futbolísticamente, en un Superclásico. Pero aparece una contradicción en el manual de convivencia que desde un principio quiso hacer cumplir Falcioni. Román llegará a un nuevo Boca-River con tan sólo dos días de trabajo a la par del grupo.

No digo que este mal ni mucho menos. Sí, me parece que hace algunas fechas frente a este mismo escenario Falcioni hubiera tomado otra decisión con respecto a contar con el 10. Algo cambió en Boca o mejor dicho algo cambió en Julio César.

Su manual de conducta parece haber prescripto. Riquelme es el encargado de hacer la diferencia adentro del campo de juego y Falcioni se encarga de hacerla afuera, en el día a día.

BUENOS AIRES -- Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Boca está por jugar un partido tridimensional y no porque se pueda apreciar con lentes 3D. La semana previa a viajar a La Paternal la realidad xeneize se vio azotada por supuestas verdades. Así que me tomé el trabajo de analizar cada una como si la actualidad del equipo se apreciara sobre 3 diferentes dimensiones según el análisis más creíble.

Promediaba el segundo tiempo frente a Independiente y Falcioni decidió reemplazar a Riquelme, quien no estaba rindiendo lo esperado. Hasta ese momento un cambio lógico por quien salía pero no por quien entraba. No fue enganche por enganche. Erviti reinstaló el temeroso 4-4-2, luego el empate y tras el día libre del plantel se encargaron de hacernos llegar el deseo de Julio César de no poner más a Román.

Falcioni dudó durante toda la semana. La decisión de marginar a Riquelme hubiera significado el quiebre total de una relación ya casi nula en el prólogo de un nuevo Superclásico del fútbol argentino. Con intencionalidad el entorno del entrenador dejó fluir entre pasillos su parecer para luego desmentírselo públicamente al periodismo a la hora de confirmar a Román entre los once en conferencia de prensa.

Julio César acusó a los medios de inventar un juego periodístico que por algún motivo siempre quiso que se jugara. Si gracias a esta estrategia consigue o no la reacción futblólistica de compromiso que busca en Román lo sabremos este domingo.

Sin embargo el primer revés de la semana fue una supuesta pelea entre algún jugador y Falcioni recriminándole haber sacado a Palermo y a Riquelme. Si un medio de comunicación lo publica sin haber podido averiguar quién fue el mencionado jugador, yo tengo la facultad de poder desmentirlo tras haber ido a las fuentes.

Igualmente este no es el punto. Aquí nace un problema grave, ya que si realmente es falsa la información desde algún sector alguien hizo lo posible para que fuera tapa de un reconocido diario. El objetivo fue debilitar a Falcioni frente a la opinión pública a raíz de un supuesto desgaste que sufre con el plantel.

Con el correr de las horas se le sumó la confirmación de un llamado telefónico de Jorge Ameal a Alejandro Sabella. Inmediatamente el presidente del club debió salir a desmentirlo. Esta fue la segunda carta teledirigida via rumor del sector que pretende ver a Falcioni lejos de Boca.

El deseo de Falcioni de que Román no sea titular, la pelea del entrenador con un referente del equipo y la necesidad de los dirigente de sondear al futuro técnico son las tres dimensiones en las que Boca vive y que la prensa no puede dejar de oir.

Estas tres dimensiones serán reales o no, pero todas tiene un objetivo y en algún caso un trasfondo político. El problema es si las tres son falsas, porque ahí sí habrá que averiguar en qué escenario está parado no sólo el equipo, sino también el cuerpo técnico y los dirigentes.

Mientras algunos juegan con el club, otros juegan con nosotros. A esto lo llaman juego periodístico, aunque a mi parecer así no se juega.


BUENOS AIRES -- La sensación que me invade al comenzar este texto es de un vacío enorme de nuevos ingredientes y no es porque no los encuentro sino porque no los hay.

Boca atravesó esta semana como si fuera el protagonista de una gran pausa de siete días que corre a la velocidad de la realidad. Y la realidad de Boca lamentablemente grita que no hay novedades estructurales.

Desde la derrota con Lanús el día a día del equipo parece un compromiso de espera obligada para que pase el tiempo y llegue el pitazo inicial frente a Tigre.

Llegará el domingo y al momento de mirar hacia atrás me daré cuenta que pese a haber sufrido cinco derrotas en nueve fechas, salvo por alguna modificación obligada no habrá habido cambios sustanciales.

La confianza en el sistema táctico que presenta tres centrales en el fondo no mutará a pesar de las fallas partido a partido. La base del equipo se mantendrá más allá que los protagonistas no hayan generado lo esperado.

Que Palermo no convierta y que Riquelme no desequilibre es netamente culpa de este dibujo. El ingreso de Mouche le dará mayor movilidad a una intención de juego que ofrece protagonistas en desacuerdo con la idea de Falcioni, pero difícilmente le brinde identidad a un equipo que ya mostró diferentes caras y que desafortunadamente concluyó con el mismo final.

Al término de cada encuentro en lo que va del Clausura la sensación de disconformidad y no convencimiento flotó en el aire más allá de victorias producto de una larga asistencia desde el arco para Mouche, de alguna genialidad de Román o del oportunismo de Lucas Viatri.

Así vive Boca un presente desalentador no por calidad de plantel, pero si por rendimiento. Durante estos últimos dos años el acostumbramiento involuntario a querer y no poder ser aquella vieja potencia lo sentencia semana a semana.

Boca le podrá ganar a Tigre, Palermo podrá cortar su sequía, Riquelme podrá levantar las tribunas con el poder de su diestra; sin embargo lo único que ilusionaría y llenaría de tranquilidad por haber recuperado el viejo sendero será abandonar La Bombonera con aquella sensación ya olvidada de superioridad futbolística.

Por ahora, en medio de un año electoral donde desde la dirigencia llegan turbulencias con cada vez mayor frecuencia no se palpa superioridad en el aire.

Sólo se perciben aires de superioridad...con lo que esta frase significa.


BUENOS AIRES -- El orden de los factores no altera el producto. Cada uno puede colocar según su preferencia la importancia de ganar, gustar y golear en la posición de privilegio que quiera. Lo cierto es que hoy Boca parece haber salido de su túnel oscuro sólo por haber ganado.

Se puede acceder a la victoria por varios caminos. Frente a Colón y Estudiantes Boca la ha alcanzado por tener entre los titulares a Riquelme. Dos tiros libres made in Román le dieron el aire que necesitaban para luego manejar el partido a su manera y poder consumar los tres puntos.

El triunfo en Santa Fe le permitió a Falcioni comenzar a ponerse de pie tras la sensación de haber tocado fondo en la mismísima Bombonera al caer frente a Olimpo. Una semana más tarde Estudiantes fue la prueba de fuego para reaccionar definitivamente de local.

Ambos objetivos se consiguieron gracias a la aparición de Román en momentos apropiados. Ante el Sabalero de no haber sido por su avivada el cero a cero iba camino a adueñarse de la noche. El desarrollo frente al último campeón fue distinto. Riquelme buscó, consiguió y elaboró un disparo a su medida para empatar un partido que de no haber sido por la última jugada también rumbeaba hacia el empate.

Si jugar mejor que el rival es llegar más veces al arco rival entonces Boca fue superior en la gran mayoría de los partidos que disputó en este Clausura. Hasta el encuentro con Colón Falcioni se cansó de declarar que su equipo había sido mejor que el adversario, pero que no había tenido suerte a la hora de definir.

Según esta óptica Boca no varió su performance en los últimos dos partidos porque llegó más que el rival, pero con la gran diferencia que esta vez convirtió. Claro, el volúmen de juego nunca mejoró pese a la presencia de Román. Igualmente de no haber sido por Riquelme, el equipo hubiera tenido prohibido ilusionarse con algúna victoria.

Lo concreto es que las últimas dos victorias generan tranquilidad y confianza en un equipo que se repite fecha a fecha, salvo alguna lesión. Que los jugadores se acostumbren a una base titular es el punto de partida para poder cristalizar con el tiempo un buen juego.

Lo concreto es que si bien Boca ha sumado de a tres en forma consecutiva, no es para ilusionarse sólo por haber ganado. Aún el equipo no gusta y menos golea. Es cierto que está a cinco puntos de los líderes y también es cierto que en la tabla de posiciones por encima aparecen catorce equipos.

A veces el fin no justifica los medios, pero en este caso apaga el fuego.


Riquelme
Fotobaires.comRiquelme está volviendo a tener continuidad
BUENOS AIRES -- Cómo olvidar la salida de Boca de La Bombonera luego de haber sufrido su tercera derrota consecutiva.

Cómo olvidar las dudas que existían sobre Falcioni y el juego defensivo del equipo.

Cómo olvidar las malas críticas sobre el estado físico de Riquelme y su cuestionado nivel futbolístico.

Cómo olvidar el análisis negativo que entregaron las diferentes crónicas de cada partido de Boca en el torneo.

Cómo olvidar la abstinencia de Palermo como consecuencia de la sequía goleadora del equipo.

Cómo olvidar los temores que giraban alrededor del club comprometiéndolo con un hipotético horizonte relacionado con el descenso.

La gran mayoría parece haberlo olvidado. Como si un fuerte golpe les hubiera borrado la memoria. Este fuerte golpe fue la brillante pegada que Román le dio a la pelota para cerrar el partido ante Colón.

En este caso no olvido los comentarios que colocaban a Riquelme como el único responsable de los tres puntos y no por haber desplegado un juego incontrolable durante el partido, sino tan sólo por aquel tiro libre aislado.

Esa victoria le dio aire al plantel y al cuerpo técnico para trabajar en una semana tranquila en cuanto a críticas. El resto de las preocupaciones siguen igual y sin mejoras. El único remedio que se anuncia es poder repetir el mismo equipo y el mismo esquema táctico.

Un esquema táctico que no ha recibido palos en la rueda, pero que en otra época reciente del club sí los ha recibido y a montones. Marcar con tres en el fondo no sólo se veía como un sacrilegio, sino como defensivo para un club con otra historia "táctica", ya que estos tres en línea se convertían asiduamente el cinco custodios del arquero.

Hoy mucho no ha cambiado. Este domingo el público estará alerta para dar un nuevo veredicto, nada menos que frente al líder del Clausura y en La Bombonera. Jugar en casa se ha vuelto un carma para Boca en los últimos años.

Pero esto no será todo. El equipo no ha levantado su nivel futbolístico más allá de la última victoria. Además Riquelme hizo diferencia con su exquisita pegada, pero no en el juego y si Román no engrana difícilmente pueda hacer jugar al resto. Palermo continúa con el arco cerrado y tendrá su gran posibilidad de abandonar la senda negativa frente a su amado Estudiantes. Si convierte, el desahogo quedará para otro momento porque será un gol en silencio.

Tras haber repasado estos diferentes puntos, destaco que si bien lógicamente algo ha cambiado, no ha sido substancialmente.

Este fin de semana nos daremos cuenta si Colón nos vendió sus espejitos de colores.


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