LOS ÁNGELES -- La frase se cae de genuina y de podrida. Apesta a obviedad. Y tantos años después: 16, para ser exactos.

"El futbol mexicano debe aprender a jugar la Copa Libertadores de América".

Cuando México comenzó en 1998 a participar en Copa Libertadores, vía los enfrentamientos eliminatorios de PreLibertadores con Venezuela, Eduardo Aguirre, brazo visible de Alejandro Burillo Azcárraga, hizo esa advertencia.

Y 16 años después de que Burillo encontró ese atajo para que México entrara a la Libertadores, la sentencia sigue vigente. Y parece ya casi un conjuro.

León y Santos están heridos. No de muerte, pero quedaron emplazados y en desventaja para los juegos de vuelta.

Los dos están obligados a ganar o a esperar estrambóticas combinaciones de empates en el global. Es decir, deberán jugar a la ruleta rusa.

Ojo: el aprendizaje ha sido doloroso. Pero, al final, la frase de Aguirre tal vez deba ser modificada ligeramente: es el futbolista mexicano quien debe aprender a jugar la Copa Libertadores.

Hubo tiempos en que el arbitraje era señalado como el verdugo recurrente de los equipos mexicanos. Y por momentos fue cierto. Irrefutablemente cierto. Pero eso ha cambiado.

Recordemos el caso de Xolos en la edición anterior. Le marcaron de visitante el penalti consagratorio. Ni cómo culpar al juez. ¿A quién se le ocurrió que lo tirara Duvier, tras sus sabidos Fiascos en los cobros?

Y esta vez, Mauro Boselli usa la garra prohibida del León para conseguir de manera angustiosa un 2-2 ante Bolívar que los envía al techo del mundo a jugarse la vida con esa obligación de ganar. Si Amarilla decidió equivocarse lo hizo a favor del equipo mexicano.

¿Y en Santos ante Lanús? ¿La decisión arbitral de compensar cinco minutos debe interpretarse como una garantía de emboscada o de celada contra los laguneros? Absolutamente no.

Al final, queda claro, a los clubes mexicanos les faltó experiencia, les faltó oficio, les faltó cancha.

Tal vez marque la gran diferencia entre el paso de Xolos en aquella Libertadores, y el de Santos y León en esta, el tener a jugadores de piel curtida, mañosa, astuta, con sangre fría, como dos caudillos en esos momentos: Pellerano y Gandolfi, futbolistas de peso en esos instantes clave, y futbolistas con los que no cuentan los dos actuales emisarios.

Las anotaciones del Bolívar son atribuibles a coberturas y marcaciones totalmente bobaliconas. Sin Rafa Márquez, con ese diplomado europeo con que cuenta, fue fácil chamaquear a la zaga leonesa, además de una voz de mando en momentos de apremio.

Con Santos no fue distinto. ¿Es concebible que en una jugada tan anunciada, con segundos de limosna agregados por el árbitro, el equipo se desconcentre e incluso no sea capaz de elegir meter a todos sus jugadores en el área? ¿Esperaban un contragolpe? ¿Pecado inconfundible de bobaliconería por parte de Santos y de sus banca?

¿Están condenados? Llegan a los juegos de vuelta en condiciones totalmente distintas.

León practicará el alpinismo hasta llegar al rascacielos natural para el Juego de Vuelta, pero deberá encarar además la paciencia astuta y ladina de su adversario. El 0-0 clasifica a Bolívar. León debe ir por el triunfo. Su visita en la fase de grupos fue bastante grata. Tuvo posibilidades de gol, con momentos de dominio, pero, como ocurrió este miércoles, desperdició.

No está muerto, pero deberá jugar un partido que raye en lo perfecto. Y ese privilegio parece que lo ha perdido el León.

¿Santos? También tiene condicionado su futuro a una victoria, pero no debe por ventaja mínima y sin permitir dos goles o más del visitante.

Los Guerreros han dejado constancia de poder ser implacables en su cancha, pero ahora deberán ser además eficientes.

Al final el destino particular alcanzó a León y Santos y deberán jugar a la Ruleta Rusa, es decir, en esa anémica línea en la que un error es sentencia de muerte.

Y al final, les alcanza el destino con 16 años de vigencia como condena: "el futbol mexicano debe aprender a jugar la Copa Libertadores de América".

Sin duda, esas palabras de Eduardo Aguirre, más que una sentencia, parecen una maldición.

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LOS ÁNGELES -- La victoria se viste de gala con la sangre del rival.

No hay gloria suprema sin la glorificación de la víctima.

La exaltación sublime del vencedor se inmortaliza con la bravura del vencido.

Sólo algo entristece la felicidad climática del triunfador: la indignidad del caído.

Nada puede objetársele a la coronación del Real Madrid. Nada puede percudir la efervescencia de su conquista.

La Corte Blanca fue superior al Barcelona. Por muchos momentums, fue una batalla desigual.

La respuesta de los catalanes era en automático. Era un rezongo o un acto impulsivo más que una reacción consciente del equipo que había acostumbrado a ganar todas las discusiones con el bellísimo lenguaje del futbol preciosista.

La respuesta de los azulgranas era un espasmo muscular del estertor de una derrota inminente. Era apenas el pálido derecho a la última exhalación antes de la muerte. Así respondía el Barcelona.

Real Madrid perdonó en varias ocasiones con imprecisiones en el disparo, o en la elección equivocada de la jugada final por parte de Bale, de Benzema, de Modric, de todos.

El Paladín de la Casa Blanca sufría en la tribuna, exiliado por una lesión, mientras que el Cid de La Masía vegetaba, rumiaba, merodeaba, se aislaba del compromiso, del desafío, del reclamo, de la obligación, de las exigencias, en una actitud incomprensible que pasaba de lo taciturno a lo indiferente, como su todo él estuviera laxo tras una crisis de epilepsia.

Mientras Cristiano Ronaldo oscilaba entre la ansiedad y el gozo, Messi estaba ensimismado en los espejismos de Brasil 2014, y empeñaba, de paso, su derecho a tutearse con los que nunca trasgredieron el honor de la competencia, ni el pacto gremial y gregario con club, compañeros y afición, como Pelé, Maradona o Garrincha.

El Messi de hoy no puede codearse con los mesías legendarios del futbol.

Y en medio del arrebato, de la explosividad, del fervor y la fruición del Madrid por pelear a muerte una guerra, se encontró con un equipo diezmado, porque su Diez retozaba en los pastizales de su imaginación mundialista traicionando sus deberes inmediatos.

Argentina puede y debe esperar a junio, pero hoy Argentina debe estar tanto o más preocupada que el Barcelona.

Cierto: el Madrid jugó con el marcador, desesperó al adversario; incluso se enconchó, aguardó, resistió, y hasta se divirtió en la torpe obsesión de los culés por tratar de matar por arriba a la muralla blanca que sólo fue horadada cuando se vio muy merengue, muy blandengue, en la marca sobre Bartra.

Pero las condiciones, el guión, la trama del partido, desde el arranque del juego, fue escrito en la banca blanca.

Ancelotti ya había llegado al punto final de la obra, cuando Martino aún estaba patéticamente confundido en los puntos suspensivos del misterio...

En una semana, el saco lleno de sueños del Barcelona se llenó de pesadillas. El Triángulo de las Bermudas se devoró Cataluña. Adiós prácticamente a la Liga, ha sido echado de la Champions y terminó siendo el podio, sobre el cual pisó y se enderezó la figura de Iker Casillas, para levantar la Copa del Rey.

Y así es: nada que objetarle al Real Madrid. Si su preclara consumación de superioridad con el trofeo en ofrenda tiene una mancha de indignidad, esta se la dejaron ahí Barcelona y Messi, quienes fueron víctimas que no estuvieron a la altura de sus verdugos.

Coincidirá pues que sí, que es indigna la coronación del Real Madrid, pero no por la honra y el pundonor inmaculados de la Casa Blanca, sino porque el supuesto Messi-as y La Masía nunca pudieron mirarle a los ojos.

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LOS ÁNGELES.- Corona puede quedarse sin corona. El portero de Cruz Azul se lleva tres juegos de suspensión. No jugará los dos encuentros de la Final de la Concachampions, ni el primer juego del Mundial de Clubes, en la eventualidad de que La Máquina pueda vencer al Toluca.

El veredicto de Concacaf explica que "la suspensión adicional (dos juegos) se impuso como castigo por conducta antideportiva, específicamente en el uso de un lenguaje provocador y de gesticulaciones empleados con el motivo de incitar a un oponente".

Es decir: la roja se la lleva Jesús Corona por rijoso, la suspensión agregada por bravucón.

Si Cruz Azul gana, técnicamente, Jesús Corona será campeón de Concachampions, pero disciplinariamente no podrá dar la vuelta olímpica, ni recibir la medalla ni besar el trofeo.

Ahora, la responsabilidad total es para Guillermo Allison. Si el suplente tiene una jornada memorable, y respalda la eventual coronación de Cruz Azul, podrá ostentar el mérito pleno.

Ojo: en las perversidades del futbol, si Allison es rebasado por el reto y la presión, las consecuencias eventuales de un nuevo desastre celeste, inevitablemente terminará salpicando a Corona.

Ya de hecho cometió equivocaciones por nerviosismo, desatención y desubicación en el 2-2 frente a Pachuca el fin de semana pasado.

Lamentablemente, para el mejor portero en México, la polaridad de circunstancias lo castiga.

Será actor pasivo y responsable del desenlace de una Final que no podrá jugar: si Allison está a la altura del reto, la conclusión es que Corona no es indispensable, pero si Allison se equivoca, Corona corre riesgo de ser crucificado por sus exabruptos en el Juego de Vuelta ante Xolos.

Aquí hay materias pendientes todavía, y en espera de las sanciones finales que pueda imponer Concacaf a los Xolos de Tijuana, porque a varios de ellos los videos los consignan como pandilleros, en especial al entrenador César Farías, quien se evidenció como camorrero y lamentablemente en actitud señoritera se quejó de arañazos en la conferencia de prensa posterior.

Partamos de un principio irrefutable, José de Jesús Corona se equivocó. Se volvió a equivocar, pero...

1.- Evidentemente el reporte del árbitro es lapidario. Paul Delgadillo hace una recopilación de interpretaciones y las plasma en la cédula. La pregunta prevalece: ¿el silbante se dejó llevar por los antecedentes de Corona en el futbol mexicano o se limitó estrictamente a lo ocurrido en el juego?

2.- Porque si Delgadillo reporta a Corona por "conducta antideportiva, específicamente en el uso de un lenguaje provocador y de gesticulaciones empleados con el motivo de incitar a un oponente", esas actitudes, sin duda, al menos una decena de participantes más en la bronca, de ambos equipos, hicieron lo mismo.

3.- Ojo, y esto lo ha dejado en claro la Comisión Disciplinaria de FIFA en varias ocasiones (Balotelli, Suárez, Drogba, Pepe, Ramos, Mourinho, Henry, etc.): los castigos o conductas de jugadores o técnicos no se deben mezclar en torneos diferentes para castigar.

Es decir, conforme a FIFA, los pecados de Corona en la Liga MuyEquis o en su comportamiento personal en bares de segunda, no deberían influir en el criterio y juicio para un torneo de la Concacaf. ¿Supo desintoxicarse, supo desinfectarse de esos prejuicios Delgadillo o por el contrario se perfumó de esa malignidad?

Pero, recuperemos circunstancias: Jesús Corona ya sabía, y esta vez le queda claro, no tiene derecho a equivocarse, y rescato y retraigo aquel criterio injusto y popular de "mata un perro y te dirán mataperros".

Decía el activista estadounidense Ralph Nader, que "tu mejor maestro es tu último error", y Corona sabe que vive en una casa de cristal.

Pero que, además, será castigado conforme a reglamento, y si se puede, y debe cargar con ello, será usado como chivo expiatorio.

Se pregunta el portugués José Saramargo "para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar", y en ese sentido, aparentemente, para la mayoría, José de Jesús Corona sigue dejando dudas. Vaya, no sólo dudas, sino hasta sospechas.

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LOS ÁNGELES.- Atlante vivió la primera de sus tres muertes. El descenso por veredicto del sentido común: necesita hacer más goles en dos partidos que los hechos en sus dos últimos años de vida.

Aún faltan sus exequias por su descenso aritmético, el oficial. El acta de defunción notariada, la llave macabra del descenso. El exilio del Atlante.

Y el último deceso, el aniquilamiento final, el más desolador: el olvido, ese limbo donde el epígrafe y el epitafio se confunden.

Con el obituario pendiente, porque en su obsesión de morirse se olvidó de escribirlo, este tercer descenso del Atlante se consuma y se consume en un solemne misterio: ¿es un suicido o una eutanasia? ¿O ambos?

Al final, ambos, suicidio y eutanasia, son un acto de liberación.

Uno, el primero, es inducido por la cobardía que jala el gatillo. La otra, la segunda, como un hipócrita eufemismo de piedad.

Los dos son, también, un desenlace de fracaso, de impotencia, de quienes tuvieron en su mano la vacuna, la medicina, y con su desdén, eligieron o ayudarlo a matarse o a bien morir.

Vivieron como rémoras y terminaron como chacales. Mientras necesitaron del Atlante, mientras mamaron esas ubres hasta dejarlas tan secas como de una nonagenaria infértil, mientras tanto y hasta entonces, los parásitos con atuendo de benefactores le chuparon la médula.

Y hay tres nombres, con distintos pero igualmente aviesos intereses.

1.- Alejandro Burillo Azcárraga, que usó y abusó del Atlante para todos sus fines, menos el económico, pues la cuna le entregó la tajada heredada del imperio televisivo.

2.- José Antonio García, quien tras su bancarrota financiera diversa por sus excesos inmorales, encontró la bendición entre las alforjas de Burillo y los negocios del Atlante. Sabiendo de futbol, encontró los caminos para vivir de él, con él, por él, pero no para él.

3.- Miguel Ángel Couchonnal. Los pecados de los dos anteriores, y otros más, es tal vez, en esa mezcla de voracidad e impiedad el más responsable por su irresponsabilidad afectiva al equipo.

En la bellísima pieza Paso del Norte, Juan Rulfo sentencia: "Apréndete esto, hijo: en el nidal nuevo hay que dejar un huevo. Cuando te aletié la vejez aprenderás a vivir, sabrás que los hijos se te van, que no te agradecen nada; que se comen hasta tu recuerdo".

Los hijos del Atlante lo confirman: Burillo, Couchonnal y García. Entraña negra con sangre negra. Se han comido hasta el recuerdo del Atlante.

Por eso el misterio: ¿suicidio o eutanasia? ¿o ambos?

El Atlante no muere a manos de los que pusieron sus pies en la cancha ante Santos. Ni en los 14 juegos anteriores.

Atlante empezó a morir el día de su advenimiento como Ave Fénix. Empezó a morir el 9 de diciembre de 2007. El día que fue campeón.

Voraces, insaciables, los azulgranas Jinetes del Apocalipsis, de cuello blanco y muñequeras negras, empezaron a tragarse a la accidental e inesperada gallina de los huevos de oro. Tardaron siete años.

No lo hicieron solos: hastiados, hartos de hacer negocio en compra y venta de jugadores, y prenderse como parásitos del cordón umbilical de Quintana Roo, encima eligen, de entre su propia prole, a los engendros más incapacitados y discapacitados para que dirijan al Atlante.

Lo dice bien Juan Rulfo: tras atragantarse hasta de su recuerdo, lo arrojaron al abandono.

¿Resucitará el Atlante? Tal vez esté más cerca de la muerte eterna.

Porque, al final, ¿cuántos dolientes hay desde la noche del domingo ante la autopsia azulgrana? ¿Cientos? ¿Miles? Al final sus ilusiones terminan más contritas ante la tumba que eufóricas ante el altar.

Tal vez lo mejor para los atlantistas es entender en qué han convertido Burillo, Couchonnal y García al Atlante.

Y tal vez en Pedro Páramo, Juan Rulfo lo testimonia de manera implacable e impecable: "Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo".

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LOS ÁNGELES -- Son unas semifinales que estremecen las más bajas pasiones. Porque en las semifinales de la Champions hay cicatrices. Y hay heridas abiertas. Hay rencores.

Guardiola y Mourinho
EFEGuardiola y Mourinho serán 'aliados' contra la capital española
Y lo más importante: esas guerras abiertas y pendientes se libran con futbol y entre futbolistas.

Es decir, las más insanas de las pasiones, en la cancha, se higienizan... o casi.

Pero lo cierto es que Madrid, la ciudad, la Meca futbolística de Europa en estos momentos por mayoría en semifinales, será sitiada por dos tipos y sus huestes, que tienen una acendrada repulsa a todo madridismo y a todo madridista.

1.- Bayern Munich ante Real Madrid. Es decir, Pep Guardiola contra la glamorosa bestia vestida de etiqueta blanca, y a la que tuvo comiendo de su mano prácticamente durante toda su gestión barcelonista. Y el madridismo no olvida. Y Guardiola nunca se saciará, como catalán civil y futbolista, de colgar en su sala de trofeos la zalea merengue.

2.- Chelsea y Atlético de Madrid. Mismos dogmas, distintos senderos. Un técnico se calza botas militares, ejerce la dictadura y los dota de bayonetas. El otro se calza sandalias y busca apóstoles solidarios, pero al final, también con bayoneta. Mourinho los trata de inútiles para sublevarlos y convertirlos en los mejores del mundo; el Cholo Simeone los sublima y los convence de ser los mejores de Europa.

Pero en cada uno de los cuatro equipos hay artistas, aunque en la primera de las citas, parece que el mejor dotado de todos estará ausente: Cristiano Ronaldo, a quien los médicos merengues, y el propio instinto de conservación mundialista del jugador, le reservan rehabilitación y reposo mesurados.

Por un lado, Guardiola presenta a un Bayern Munich mejorado, en una expresión superior incluso a la de su mejor Barcelona. No tiene la exquisitez de los mejores años de los azulgranas tal vez, pero le quitó el rococó y le puso vértigo.

La mejor noticia es que ni Ancelotti ni Guardiola promulgan principios de rudeza y aniquilación para anular al adversario.

De hecho, sería hasta un acto de candidez suicida el que Ancelotti se atreviera a confrontar tête-à-tête, cara a cara, y más aún si en la primera entrevista no cuenta con el jugador perfecto (no el futbolista perfecto), como lo es CR7. Pero, para bendición del espectáculo, el italiano sabe que puede orillar a sus hombres a marcar, pero no a destruir.

Y si bien es evidente que la diferencia en esta Semifinal la marca el volumen de equipo, las desventajas a nivel individual serán determinantes.

Y empecemos por los pasadizos que le gusta explotar a Guardiola y que puede hacerlo mejor con este colectivo alemán que con el Barcelona, por principios de velocidad y verticalidad: ¿Ribery y Robben pueden ser contenidos por Carvajal y Marcelo? Parece imposible.

Incluso, revisando al Real Madrid sin CR7, y con Benzemá (y su inconsistencia) como único poderoso argumento ofensivo, Guardiola sabe que mantiene a Lahm en la versatilidad que le ofrece, al proyectarlo como el mejor jugador de su especie, sin necesidad de refundirlo en un costado de la cancha.

Y el Real Madrid tiene dos antecedentes en contra, que poco pesan, cierto, porque los técnicos y los jugadores han cambiado: le duele el futbol alemán y le duele la capacidad para localizar sus puntos frágiles, cuando está enfrente el acupunturista Pep Guardiola.

¿En la otra Semifinal de la Champions? Olvídese de botanas y bebidas si quiere disfrutar la conflagración entre Atlético de Madrid y Chelsea, bajo la erudición de dos nazarenos beligerantes y con un sello de hostilidad en cada pelota y en cada segundo.

Es una cita para observarla más que para verla; para escudriñarla, más que para contemplarla. Es un duelo perturbadoramente marcado por el principio de la cero tolerancia, y en la que la disciplina fervorosa de cada jugador irá determinando el desenlace.

Ojo: tal vez no haya un desfile de alaridos, pero seguramente sí habrá una intensidad física, muscular, en la que adrenalina, testosterona y rigor marcarán cada pelota, pasando por la bendición de que además hay buenos futbolistas, que en el mano a mano romperán los códigos estrictos.

Lo cierto es que Madrid, como Meca del futbol, será asediada implacablemente por dos consagrados y confesos antimadridistas: Mourinho y Guardiola.

Ironías o maquiavelismos del destino, pero dos enemigos a muerte, Mou y Pep, son hoy secuaces para hundir a una ciudad y a sus ilusiones futbolísticas.

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LOS ÁNGELES.- Jesús se niega a bajarse de su Cruz y acepta una nueva Corona de espinas. Y de nuevo, en el umbral de una Copa del Mundo.

¿Es el portero de Cruz Azul el auténtico villano de la zacapela del miércoles por la noche?

¿Alguien puede exonerar los pasajes previos de Gandolfi y Pellerano? ¿Y la estulticia arbitral al perdonarle la vida a Cirilo Saucedo desde el primer tiempo?

¿Merece Jesús Corona ser procesado, enjuiciado, sentenciado como un psicópata por sus recurrentes actos de violencia dentro y fuera de la cancha?

Jesús Corona se equivoca en su reacción, especialmente con el historial que le acompaña.

En México, el principio popular, incorrecto, indebido, de justicia, se desprende del refranero: "Mata un perro y te dirán mataperros".

Y bajo ese precepto se prejuzga y se juzga, lo cual no garantiza justicia.

El drama se vive en dos actos: primero Gandolfi lo provoca ya en la agonía del juego, y el portero, instintiva, pero indebidamente, levanta el brazo derecho, como acto reflejo de protección.

Evidente e inevitablemente, colocar el codo cerca del pescuezo del envalentonado Gandolfi, se interpreta como un acto agresivo de Corona más que represivo o defensivo. Y en la caldera efervescente y en ebullición en que se había convertido el desenlace del juego, sólo se necesitaba una chispa para desatar la conflagración.

Tras una aparente tregua, más que calma, al final del partido, la reyerta renace. Tras el armisticio involuntario, la batalla regresa.

Pellerano diría después que Corona se burlaba de los Xolos, tras eliminarlos de la Concachampions, y que por eso encaró al portero de Cruz Azul, y que por eso perpetró uno de los actos de mayor bajeza entre seres humanos: escupió al portero. Nada justifica ni indulta ni al provocador ni al provocado.

Cruz Azul apela una sanción que aún no conoce. Ha enviado un video para demostrar que no hay agresión de Corona, lo cual es, conforme a este testimonio, totalmente cierto.

El portero no reaccionó bestialmente como lo hizo en un antro contra otro parroquiano, ni como lo hizo de manera brutal contra el preparador físico del Morelia, al cual le reventó la nariz de artero cabezazo, un acto censurado hasta en el salvajismo extremo de las luchas de callejón.

Pero, esta vez, Corona, al menos físicamente, no agredió a nadie. Aunque la mirada colérica aparece en su rostro, el portero de Cruz Azul no embistió a nadie de la manera brutal que lo consignan sus antecedentes.

Esta vez resistió, aguantó, y en la versión de las burlas --lanzas que esgrimen los jugadores de Xolos--, Gerardo Torrado asegura que no hubo tales.

Claro, Torrado no puede decir otra cosa y queda su palabra contra la de Pellerano. Y si hablamos de antecedentes, la proclividad de ambos jugadores a ser amonestados por carniceros, les reduce la credibilidad para hablar de moral.

¿Merece Corona la tarjeta roja que le muestran terminado el juego? Si le fue expedida la expulsión por burlarse del adversario, como lo considera el fatal y deplorable árbitro Paul Delgadillo, la historia cambia radicalmente. Pasa de víctima a villano. De provocado a provocador, aunque, insisto, al final, ninguno puede ser indultado, ni él ni Pellerano.

Y la pregunta que Usted, si llegó hasta estas líneas, debe carcomerle de ansiedad, es ¿debe Jesús Corona ser marginado de la Copa del Mundo de Brasil por este altercado, por alebrestarse en esta pelotera y por ser el gatillo, o al menos uno de los detonantes de la misma?

La suma de hechos no lo absuelve de responsabilidades. Pero la suma de circunstancias, no lo condena como culpable extremo.

Y además, con que catadura moral van a castigar a Corona, si ya el cuerpo técnico del Tri exoneró al Maza Rodríguez por reiterados comportamientos igual de obscenos y ruines, tanto a nivel de selección como a nivel de clubes.

Y no olvidemos cómo el mismo entrenador del seleccionado mexicano, Miguel Herrera es exiliado y marginado del Mundial EEUU '94 por Miguel Mejía Barón, cuando se lleva una expulsión innecesaria por una agresión desleal por la espalda sobre Dolmo Flores en el Estadio Azteca.

Esta decisión de Mejía Barón generó un divorcio total con El Piojo, al grado que el técnico del Tri lo cuestionó públicamente al citarlo como "desviado sexual", y además especificó que piensa hablar con todos los ex entrenadores de México, menos con él.

"Me queda claro que de seguro le gusto (a Miguel Mejía Barón) por sus desviaciones sexuales. De seguro le gusto, porque no para de darme (atacarlo), sólo habla de mí en sus columnas", puntualizó El Piojo cuando aún era técnico del América.

Entonces, es evidente que Corona no va a ser marginado del Mundial por esta serie de zacapelas ante Xolos.

1.- Por puntualizaciones tales como que en ningún momento es un agresor físico, acaso, sí, un deleznable y detestable provocador.

2.- Y si él es marginado por esas circunstancias, entonces tendría que medirse con la misma vara al Maza Rodríguez, sin olvidar entre muchos de sus deslices y dislates, cuando le muestra el dedo del corazón a la afición mexicana que abucheó al Tri en el Azteca.

3.- Y menos aún, cuando seguramente Miguel Herrera verá proyectado su propio purgatorio antes del Mundial de Estados Unidos, por esa agresión artera a Dolmo Flores. Si él arguyó entonces que había sido tratado injustamente, ¿cómo proceder ahora?

Ciertamente, Jesús debió evitar una nueva Corona de espinas.

En ambos conatos, debió escurrirse, debió fingir demencia, alejarse, en lugar de mantener la imagen de duro, de macho, de bravucón, porque al final de cuentas él ya tenía todas las cartas ganadoras en la mano en ese momento: la Final de la Concachampions, la victoria misma y, principalmente, hubiera enviado el mensaje que estaba ya curado de sus arrebatos de ira.

Y a nivel cancha, debe quedar claro: la lucha por la portería titular debe ser entre él, Guillermo Ochoa y Alfredo Talavera.

Aunque siempre quedará la pregunta: ¿por qué ser tolerantes, generosos y compasivos con el portero de Cruz Azul, cuando los otros dos han demostrado siempre nobleza en la cancha?

¿Hay que exonerar al pecador, para imponer penitencia a los inocentes? No se puede salvar a uno del Infierno, para enviar al purgatorio a los otros.

La Parábola del Hijo Pródigo es un buen discurso bíblico pero con un fondo de injusticia detrás.

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Lionel MessiGetty Images
LOS ÁNGELES.- Sería, para las arpías de la cizaña, muy fácil, destruir al Atlético de Madrid. Los obsesivos y obsesionados de las modas, podrán llamarlos trogloditas, rinocerontes, asaltantes de la cancha.

Las heridas supurantes articulan las lenguas más histéricas. Este es el caso.

Lo difícil es construir, finamente, a este Atlético de Madrid. Si los facinerosos ganaran partidos, habría que ir a los reclusorios y no a las canchas, a buscar émulos o clones de Mad Max.

El futbol aún pertenece a una élite. Hay quienes lo juegan ornamentados y hay quienes lo juegan con la vestimenta desprolijam pero la testosterona hirviendo.

Los dos caminos, los dos estilos, las dos expresiones. pueden llevar al Olimpo, pero al final, por sus angostas y selectivas puertas sólo uno de esos dogmas podrá traspasarlas.

El desafío, en el Atlético de Madrid, es concertar entre atletas, guerreros y futbolistas, el pacto de sangre de la victoria.

Las fascinantes bestias habituales de la Liga de España, Real Madrid y Barcelona, que normalmente asolaban el Vicente Calderón, hoy han cedido de rodillas.

Este miércoles, podrán cuestionarse apetitos, gustos, paladares, gourmets, pero al final, el Atlético de Madrid estuvo más cerca de consumar un marcador delirantemente humillante, que el Barsa realmente de poder equilibrar.

Los heraldos oportunistas del Barcelona en medios y en la tribuna no titubeaban en perfilarse en semifinales. Estadísticas, que son ladrillos frágiles del optimismo, repetían que Lionel Messi le ha hecho más de 20 goles al Atlético de Madrid en sus enfrentamientos.

Cifras con pies de barro, porque Messi ha sido castrado por el 'Cholo' Simeone. La emboscada le ha funcionado ya en cinco juegos de infertilidad del que sin duda sigue siendo el mejor futbolista del mundo.

Pongámoslo en citas olímpicas. Citius, altius, fortius. Más rápidos, más altos y más fuertes, fueron los jugadores del Atlético de Madrid. Pero sobre todo tuvieron un comportamiento más masculino, porque incluso un penalti que no se les marcó, y una roja que no se le entregó a Mascherano, podrían haberlos hecho dudar sobre la ya dudosa capacidad del árbitro.

Y los Colchoneros le hicieron la cama al Barcelona. Messi permaneció enjaulado. No fue culpa suya. Porque intentó por derecha, por el centro, en péndulo, por izquierda, en diagonales cortas frente al área. Donde se paraba, le ponían grilletes.

Y ese precepto rufianesco de pretender destruir al Atlético diciendo que su plataforma táctica es destruir el futbol, se derrumba cuando si bien tuvo menos de una tercera parte de pases bien entregados que el Barcelona, la mayoría de los procesos recuperación de pelota y entrega correcta, los convertía sin mucha burocracia, y la prueba son tres balones en los postes y cuatro atajadas espectaculares de Pinto, quien sufrió más soponcios que Courtois, en la suma total.

Surgirán voces perturbadas y convulsas de madridistas, pero lo cierto, en el saldo momentáneo, es que Simeone, hasta el momento, ha conseguido, lo que no consiguió Mourinho: domesticar al Barcelona.

Y el 'Cholo' no ha necesitado de asignar asesinos a sueldo sobre las osamentas de nadie. No hay una recompensa en el Atlético de Madrid para quien entregue la cabeza sangrante de Messi, como si ocurría en la clandestinidad portuguesa del Real de Mou.

Y esto, aún, con la histérica diferencia millonaria de nóminas entre ambas plantillas, además de que el portugués reventó la intimidad de la Casa Blanca, y el 'Cholo' ha sumado voluntades y esfuerzos.

Mou excomulgó a todos en el Real, y Simeone ha logrado la comunión entre todos en el Atlético.

Cierto que permanecerá ese conflicto, esa diatriba, esos remilgos y refunfuños, entre la exquisitez de un futbol y lo burdo de otro.

Al final, el que ejerce mejor los principios de este deporte, y los condecora y los decora en el marcador, es el ganador, y no hay nada ominoso ni reprobable en la ruta del Atlético de Madrid.

¿Se acabó la Era de Hadas del Barcelona? ¿Se acabó la gestión del Tata Martino cuando también el título de la Liga está en duda? Lo primero parece difícil: requiere de recuperar su estilo, consideración que responde a la segunda pregunta: Tata les usurpó la esencia.

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Gustavo MatosasMexsport
LOS ÁNGELES.-- Gustavo Matosas debió conmocionar a León y alborozar a Coapa y a El Barrial.

El entrenador argentino de nacimiento, mexicano de educación y uruguayo por decisión, anuncia que su ciclo con el León está por concluir.

Argumenta carencias. Su equipo ya no le satisface en la cancha. Quiere renovación de su plantel. Cree que "no estoy haciendo mi chamba".

Todo esto tiene varias lecturas. Las interpretaciones las deja abiertas el mismo Matosas.

1.- Puede ser sólo un amague. Para todos. Para una poca afición que empieza a inconformarse porque León puede quedarse como perro en carnicería: sin Libertadores y sin Liguilla.

2.- Y para algunos jugadores que han perdido explosividad (Bosseli, Britos, Maz). Y para otros que han perdido esa implacable forma de jugar bien al futbol, tal vez abotagados por su trajín incluyendo selección mexicana.

3.- Y para directivos. Las dinastías de equipos ganadores requieren un poco más de esfuerzo. Y de motivaciones. Especialmente para evitar esa indeseable epidemia de Campeonitis, que sólo Hugo Sánchez, y con desgastes extremos, pudo evitar con Pumas.

5.- Finalmente, la menos probable, pero no imposible, es que la seducción poderosa y millonaria de América y Monterrey, como circulan versiones, podría haber debilitado la solidaridad del entrenador con el León. "Quiero retirarme aquí", dijo hace unos meses.

Así como en sus momentos de algidez competitiva se elogia la fresca y generosa propuesta de Matosas, así debe elogiársele lo que ha hecho esta temporada con el León.

¿Pierde el León? Sin duda. De hecho, si sus aspiraciones son fuera del país, perdería el futbol mexicano.

A Matosas hay que agradecerle. No sólo el León, sino el balompié nacional en sí.

Evidentemente no debe ser un ser humano perfecto. Seguramente está marcado por errores de percepción y de criterio, como todo ser humano.

1.- Su propuesta. Jugar a ganar ya es una osadía encomiable, pero encima jugar cada partido a intentar golear, ya es además una temeridad fascinante que cumple con el ritual supremo del futbol: el espectáculo.

2.- Su capacidad de reclutamiento. Armó a este León con jugadores desecho del Pachuca. Lo armó hurgando donde los Tuzos se negaban a voltear. Ojo: 'Gullit', Vázquez, Montes, Hernández y hasta fue socio en la resurrección del mismo Rafa Márquez.

3.- Pese a saber el poder económico del León con Carlos Slim presente, Matosas no ha abusado. Ni para pedir contrataciones estrambóticas, ni para exigir bajo amenaza un nuevo contrato, teniendo uno vigente.

Lamentable sería que de vencer a Flamengo en este juego decisivo de la Copa Libertadores, y seguir avanzando, dejara trunco el proceso, cuando él mismo aseguró las especiales ilusiones que le despertaba el torneo sudamericano.

De cualquier manera, insisto, creo que es sólo un desahogo, un escape, para la frustración que le debió dejar perder puntos en cancha, cuando era evidente la superioridad manifiesta ante Querétaro, por encima de ese 1-1.

Y de ser así, será, acaso, un exabrupto temperamental sin consecuencias, pero, evidentemente, en el fondo de sus palabras ya hay un sentimiento auténtico de sus inconformidades.

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LOS ÁNGELES -- La resurrección de México ante EEUU en Phoenix: dejó un damnificado oculto.

Cuando el equipo mejor contuvo y mejor flageló a Estados Unidos, fue cuando la fibra del Tri se pobló de americanistas. Sólo estuvo ausente Moisés Muñoz, quien, cierto, puede cargar con el purgatorio de alguno de los goles.

¿Hemos visto a un Raúl Jiménez en el América como el de ese medio tiempo ante EEUU?

¿O de repente que pasó con el Maza Rodríguez y Topo Valenzuela? ¿Y el Negrito Medina se sublevó mágicamente?

¿México fue uno antes y después de Layún? ¿Y también fue otro antes y después de Paul Aguilar?

Sí, los estigmatizados por El Turco Mohamed, súbitamente, recuperaron con El Piojo Herrera las facultades de los dos años anteriores.

Claro, hay quien pueda especular radicalmente que América llegó con la propulsión generosa de aplastar a las dolientes Chivas en el Clásico.

La lección fue clara: son los mismos los que visten de amarillo este sábado ante Cruz Azul, que los que vistieron de verde, en un clásico de selecciones nacionales, ante Estados Unidos. El jugador es el mismo, el espíritu del competidor se ha manifestado de manera diferente.

Por eso, la víctima accidental de la resurrección americanista vestida de verde no es sólo el mismo Mohamed, sino también los mismos jugadores de las Águilas.

Tal vez el entrenador pueda elegir ubicaciones y funciones que caen en un conflicto severo contra sus hábitos, sus gustos y sus caprichos, pero sobrevive, o debe sobrevivir el principio de disciplina.

Y algo más: esa devoción, esa entrega, ese pelear a muerte cada balón, esa consistencia de competitividad deportiva, no debe variar ni con la camiseta ni con el entrenador.

Cierto, irrefutable: no es lo mismo escuchar una arenga cargada de pasión y de rabia, que escuchar una prédica pausada, destemplada. La imagen misma desde la línea: un entrenador volcánico que gélido: no es lo mismo voltear a la banca en busca de respuestas, y ver a un técnico que vomita indicaciones y arma de cada mano un títere que hace aspavientos de lo que urge en la cancha, que, en cambio, voltear a ver a un entrenador sereno, muy sereno, extremadamente sereno, que sólo escupe, sin decoro, o cáscaras de semillitas de calabaza o sus propias uñas.

Pero aún así, ante dispares personalidades, lo que es evidente, es que la exigencia, la responsabilidad del futbolista no debe menguar, como seguramente no va a menguar el contrato ni el cheque de cada jugador.

Por eso, la resurrección del Tri, si bien rescató el resultado, la racha de invicto de El Piojo, el ánimo de la selección, deja una estela de perjudicados.

Y cuando digo perjudicados o damnificados, es porque ni futbolistas ni entrenador de El Nido tienen ya excusas.

1.- Los jugadores del América ni pueden ni deben rendir menos de lo que demuestran que han rendido con la verde, o por momentos ante las Chivas, que desahuciadas y todo, eran contendientes de un Clásico.

2.- Y Mohamed no puede seguir culpando a sus jugadores, ni tampoco puede exhibirlos enviándolos a la banca, sin antes hacer un análisis honesto de sus propias equivocaciones.

Ojo, con esta referencia a las Águilas, no se pretende marginar el estupendo rendimiento de Luis Montes, Rafa Márquez o de Alan Pulido, por citar a algunos, sino simplemente circunscribirse al juego más atrayente de la Jornada 14.

Veremos pues las consecuencias de ese reencuentro de Herrera y sus Águilas. La lógica implicaría un beneficio inmediato para el América, pero también puede ocurrir, que el reencuentro ahora con Mohamed y sus reacomodos, agrave más aún las divergencias de criterio.

Y por consecuencia, el bendecido o maldecido, también puede ser Cruz Azul.

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LOS ÁNGELES -- Hace una semana, El Nido se llenaba de los excesos de una victoria.

Hace una semana, el cataclismo Vergara azotaba el Rebaño con los excesos de una derrota.

Y este sábado, lo impostergable del futbol hace un reacomodo dramático. El Nido lamenta. El Rebaño celebra. De nuevo, en el marco de los excesos.

Así como Chivas no fue tan malo al recibir ese 4-0 víctima de esa parodia de defensa que fue en el Omnilife, América entendió ya que no era tan bueno como ese espejismo rimbombante del mismo 4-0.

Los dos, entonces, fueron víctimas y bufones del mismo engaño.

América reencontró su realidad ante Cruz Azul: fue borrado de la cancha y aquel 4-0 se convierte en una baratija.

Chivas recibió un resarcimiento de Pachuca, porque, ojo, los Tuzos perpetran suicido, con los mismo cánones de desventura y desgracia, con los que el mismo Guadalajara había perdido el Clásico en el Omnilife.

Esto lleva a sus respectivas conclusiones.

1.- ¿Qué ocurre en los jugadores del América? Fueron capaces de rescatar al Tri en el segundo tiempo ante EEUU en un cambio de actitud y de futbol, pero ¿se quedaron sin respuesta ante Cruz Azul?

¿Corrobora esto que hay una clandestina, -ojo, clandestina, no perversa-, dependencia y sociedad entre Miguel Herrera y sus seleccionados americanistas, y que Antonio Mohamed no ha encontrado ese punto de enamoramiento?

Decíamos en la anterior entrega: esto no justifica al jugador, lo hace cómplice de su actual entrenador que, es evidente, tiene más entendederas para cambiar de lentes de mil dólares para cada partido, que para hacer cambios tácticos urgentes conforme al desarrollo del juego.

Si al técnico no le alcanza para más, si no puede más, si no sabe más, es culpa de quien lo eligió.

Pero, si los jugadores pasan de ser candil del Tri a oscuridad en el América, ellos están robando a la institución.

Lo cierto es que Mohamed puede seguir tranquilo. El América está acéfalo. Con la muda de Ricardo Peláez al Tri, nadie muestra la cabeza en El Nido, será porque en tiempos de pánico las avestruces meten la cabeza en el hoyo de la irresponsabilidad.

Pero en la ruta trágica del América como local, ha perdido cuatro de sus últimos cinco encuentros en el Estadio Azteca, y empatado el restante.

El Nido es cuarto en la Tabla General, gracias a Chivas que derrota a Pachuca y la diferencia de goles le permite irse arriba de Tuzos, pero, eso, es un espejismo, especialmente si no se olvida que nueve de los 20 puntos que tiene estuvieron envueltos en escándalo arbitral.

2.- Ricardo LaVolpe se hace cargo de Chivas. Como él lo mencionó, no haría cambios sustanciales. Tuvo a la fortuna de su lado, y el regreso espectacular de dos jugadores como los mejores que habían sido del Rebaño: un Carlos Fierro gladiador, y un Antonio Rodríguez inmaculado.

En Fierro, LaVolpe encontró el pilar del equipo. Lo exprimió. Literalmente. Fue su mejor hombre en la cancha. Con recorridos que sólo son resistibles por su juventud y compromiso. Y aparte genera goles.

Y volvemos al tema del discurso. José Luis Real, con el padrinazgo ejercido sobre el grupo, había empeñado la autoridad. La relación de credibilidad entre técnico y jugadores la habían dinamitado los resultados.

LaVolpe consiguió levantar a los vencidos. Los puso de pie. Los convenció de hacer lo suyo y los apegó a un orden de exigencia física que en Chivas no era desconocido, pero estaba olvidado, y porque además cuenta con el fondo físico para ello, reflejo del trabajo con el mejor preparador mexicano que hay, Guillermo Platanito Hernández.

¿Recuerdan la Conferencia de Prensa de José Luis Real el domingo pasado? Palabras más o palabras menos el Güero puntualizaba que seguramente de inmediato, el equipo dejaría de cometer los errores que había cometido ante América y anotaría las que había fallado ante América. Tuvo razón. Pero ya no está él para celebrarlo.

Chivas, con esta victoria está a seis puntos de nueve de meterse a la Liguilla y debe rescatarlos en casa ante Morelia y Monterrey, o tal vez incluso sumar alguno visitando a Pumas.

Y en la magia de 90 minutos, y con esa letra fina del futbol para escribir castigos, indultos, sentencias, perdones e ironías, de una semana a la otra, ambos clubes con 20 unidades, en El Nido hay responsos y en el Rebaño hay esperanzas.

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PHOENIX, Arizona -- Lecciones. Mensajes. Lecturas. Advertencias. Amenazas. Más allá del 2-2 ante Estados Unidos, Miguel Herrera hizo una promulgación de principios. Inconfundible. Inequívoca.

Hagamos un repaso...

1.- Su base americanista sigue vigente. El músculo del Tri sigue habitando en El Nido. El problema de que funcione vestido de verde, y ya no de amarillo, es un problema de quién se sienta en cada banquillo.

2.- La base del León es imprescindible. Rafa Márquez ratifica liderazgo; Gullit Peña, pese a las molestias, es ejemplar, y Luis Montes toma el estoque cuando es necesario, pero además, estos tres, con sus innatas facultades de jugadores pensantes.

3.- Los mojigatos, los apocados, los pusilánimes, los timoratos, los indecisos, no caben en esta Selección Mexicana. No quiso denunciar a nadie, pero usó a tres como referencias: Marco Fabián, Jesús Zavala y Rogelio Chávez. Los ejecutó primero y los indultó después. "No han sido parte de este proceso. Ahora ya entendieron", explicó.

4.- Desnudó las confidencias del vestidor. Utilizó palabras de uso común, ordinario, natural y que no escandalizan en un vestidor de futbol profesional, aunque pudieran sobrecoger a espíritus frágiles y asustadizos. Exige, condiciona, reclama "producto de gallina", testosterona, anginas diría Hugo Sánchez, aunque El Piojo lo estereotipa sin temor: "Hay que ponerle huevos, especialmente a estos Clásicos que se juegan con muchos huevos".

5.- La doctrina del omelette de Miguel Herrera, lo explica él mismo, parecía que era un tema ya superado, pero ese primer tiempo ante EEUU, donde le faltó esa proteína tan definitoria y definitivamente masculina, le advierte a El Piojo sobre una vieja lección de Manuel Lapuente: "Con el jugador mexicano hay que hablar todo el día, todos los días, sobre su responsabilidad y compromiso en la cancha".

Al final, ese es el gran saldo del enfrentamiento ante Estados Unidos. La capacidad futbolística permanece inalterable, pero poco o nada sirve si no se complementa de la devoción y la convicción en la cancha con la dosis imprescindible de testosterona.

En tono suave, Miguel Herrera le recordó a sus seleccionados que en la cancha sobrevive la Ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente.

Lo ejemplificó claramente. "Había que meter huevos, porque ellos (Estados Unidos) estaban metiendo huevos; había que mete la pierna fuerte, porque ellos lo estaban haciendo; había que pegar, porque ellos estaban pegando".

Y quedó claro para todos: cuando el equipo asumió ese nutriente anímico, justo entonces, el equipo sólo necesitó agregar lo que le fluye de manera natural: jugar bien al futbol.

Por eso, para los que anhelen jugar el Mundial, la receta es muy clara y está al alcance de todos: omelette todos los días, y en especial cada fin de semana con sus equipos.

Lo demás, viene como consecuencia.

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