LOS ÁNGELES -- No se sabe quién sedujo a quién. ¿Guillermo Ochoa al Málaga? ¿El Málaga a Guillermo Ochoa? ¿O las flechas de Cupido terminaron siendo las urgencias de ambos?

A pesar de cerrar el arco mexicano de manera espectacular a Brasil, las puertas no se abrían en Europa como seguramente Ochoa lo esperaba.

La atajada a Neymar, que dejó boquiabierta a la tribu futbolera del mundo, no bastaba para dejar entreabiertas las posibilidades entre el linaje europeo.

Ser portero y no ser comunitario, alejaba al mexicano de las prioridades extremas de los clubes poderosos, que codician delanteros.

Lejos del Ajaccio, con una carga de 186 goles en 116 encuentros, y con el reconocimiento de ser el portero más atajador en dos de sus tres años en la Liga de Francia, no alcanzaba a ser apetecible a pesar de ser dueño de su carta.

Sabiamente, Ochoa es la versión futbolera y mexicana de Job. Una paciencia inquietante. Ha sabido mantener la sangre fría como negociador al igual que como arquero. Espera al último momento. Y provoca nervios en el de enfrente, aunque tenga la pelota bajo control.

La negociación con el Málaga se prolongó. Salarios, bonos, cotización de la carta, esas tres temporadas de contrato, y por supuesto, los derechos de imagen.

Y el club se dio cuenta de ello. La cuenta de Twitter se atiborró en unas horas de miles de feligreses mexicanos, interesados en agregar a su guardarropa la camiseta virtual del Málaga, fueran o no americanistas.

Málaga tiene 570 mil habitantes y de repente, la noche calurosa del Mediterráneo lo colocó el jueves con 263 mil seguidores, muchos de ellos ansiosos de los trinos tuiteros en torno a Ochoa, pues incluso, irónicamente, algunos de ellos se confiesan antiamericanistas.

Javier Bautista, de la Cadena Cope, experimentó el efecto y confió: "seguramente el Málaga venderá más ropa de Ochoa que de cualquier otro jugador en su historia".

Ya se sabe, el aficionado mexicano tiene cuerpo de indigente, capaz de vestir cualquier camiseta de cualquiera de sus ídolos, y si no baste recordar cómo, en los años buenos de Chicharito, al Omnilife iban camisetas del Manchester United en cantidades capaces de desafiar a las de Chivas.

El mismo periodista de Cope explicaba en su cuenta de Twitter que tras ser entrevistado por Raza Deportiva de ESPN la mañana del jueves, fue requerido de México, Argentina y por otras emisoras estadounidenses. "Ahora entiendo el fenómeno de Paco Memo".

Sin acercarse a los nichos de Cuauhtémoc Blanco, Carlos Reinoso, pero Ochoa es el mimado de las Águilas, y por supuesto por el género femenino, desde damas entradas en años, hasta adolescentes con tobilleras y vestigios de calostro en las comisuras de la boca.

¿Futbolísticamente? Memo Ochoa llega a un equipo de media tabla, con aspiraciones de subir escalones, establecer en zona de torneos europeos, pero, primordialmente, sanear finanzas y no perder la categoría.

Pero se mantendrá con una gran exposición mediática hacia el continente americano, en especial en EEUU y México. Se abren espacios a los duelos ante Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid, y por supuesto cuando se mida al Villarreal de Giovani o a la Real Sociedad de Carlos Vela.

Su propietario es un paria, un pelagatos. Bueno casi. Es el menos millonario de los multimillonarios de Catar. Tiene dos autos, exóticos, estrafalarios, versiones -tipo adefesio- del espectacular Batimóvil, y cada uno de ellos cotiza en el millón de euros, el salario que medios españoles afirman recibirá Guillermo Ochoa por año.

Javier Gracia, el entrenador del Málaga, había iniciado conversaciones sobre Ochoa con el dueño del equipo, desde la Copa del Mundo. Willy Caballero había sido cedido al Manchester City con una recompensa de 9 millones de dólares, para reencontrarse con su mentor, amigo y ex técnico, Manuel Pellegrini, quien durante tres años lo dirigió en el club andaluz.

¿Quién sedujo a quién? Para Ochoa era la última de las mejores opciones reales. Para el Málaga, era la primera de las mejores opciones reales.

Ciertamente, el hambre y las ganas de comer se sentaron a la misma mesa.

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LOS ÁNGELES -- Hugo Sánchez. Claudio Suárez. Alberto García Aspe. Manuel Negrete. Jorge Campos. Félix Cruz. Luis García. Luis Flores. Miguel España. Leonardo Cuéllar. Y tantos más.

Los altares de Pumas son un glorioso museo. Orgulloso cunero de referentes, hoy juega al Herodes y se entinta las manos de sangre anecdótica: nueve jugadores de 23 plazas, son extranjeros o naturalizados.

¿Cuál es el diagnóstico? ¿Quién castró a Pumas? ¿Quién los volvió impotentes? ¿Quién los volvió infértiles?

¿Nueve no nacidos en la UNAM? Y se avejentan los Pikolines y no saltan los herederos de dos puestos que ocupados, en realidad están semivacíos, porque Pumas ha tenido mejores arqueros y mejores líderes en su cueva, que los gemelos del suicidio.

De la nostalgia de la UNAM se puede armar un once cercano al ideal en la historia del Tri. Los once mejores de Pumas garantizarían una selección competitiva en las canchas ociosas de la historia. Un once auriazul pasaría sin problemas al quinto partido: Jorge Campos, Rafael Amador, Félix Cruz, Claudio Suárez, Vázquez Ayala, Miguel España, Manuel Negrete, García Aspe, Leonardo Cuéllar, Luis García y Hugo Sánchez.

¿De cuántos equipos mexicanos se arma un once ideal de competencia internacional? Tal vez Chivas , y difícilmente América y Cruz Azul ofrecen 11 nacionales de esa calidad.

Hoy, Pumas, ha sido castrado. Los eunucos no tienen descendencia.

Renato Cesarini, en algún lugar cósmico, debe lamentar que su tarea se la tragaron la ignorancia y la corrupción de quienes han llegado a saquear los cofres y las incubadoras de Pumas.

A Héctor Sanabria, el Capi, un mastín del área compañero de cacería en la zaga junto con Mejía Barón, le preguntábamos hace un par de años sobre ese problema, precisamente en La Cantera, complejo de desarrollo y entrenamiento de Pumas, que, irónicamente, cada vez es menos.

"Estamos secos. Y allá arriba no quieren hacer nada", dijo lacónico uno de los símbolos de la UNAM.

La realidad es innegable: nueve no nacidos en México, y no se busque una reflexión xenofóbica. No es culpa de Leandro Augusto o de Romagnoli o de Verón o de Ludueña o de López o de Britos. No llegaron por asalto. Llegaron asaltando, otros, las finanzas de Pumas.

Lo peor son las distancias en el linaje. Ninguno de estos nueve podría lustrarle los zapatos a otros extranjeros notables en las memorias de oro de Pumas. Ninguno es Muñante. Ni Cabinho. Ni Spencer. Ni Bora. Ni a otros más.

El proceso de concepción de futbolistas ha sido abortado. La elección y búsqueda de talentos se ha amañado. La formación de jugadores se ha deteriorado. Las oportunidades escasean. Y la perfección y desarrollo está a la deriva.

¿Cuántos años más esperando a Cortés y a Cabrera? Los debutan y los sueltan en la vida silvestre.

Hoy, todos esos futbolistas citados en la primera línea de este artículo, y otros más, seguramente miran entristecidos las ruinas de la matriz de la UNAM, bajo la dirección además de un técnico que ha desdeñado, desde siempre, el magisterio futbolístico con los jóvenes.

Hace muchos años, la formación en las fuerzas básicas de Pumas era integral. Y se formaban jugadores ambiciosos, con temperamento.

Enviaban, por ejemplo, a los juveniles a seguir el juego dominical. Y desde la tribuna, cada muchacho seguía sólo al referente de su posición, y debían tomar notas. Los delanteros, por ejemplo, observaban los movimientos, las virtudes de los atacantes.

El drama se vuelve comedia de tanto absurdo. El técnico campeón del mundo Sub 17, Chucho Ramírez, especialista en talentos, deambula buscando oportunidades sólidas en otros clubes, y al final en China y Japón, creen más en él que en su propia Alma Mater.

Ingratitud e ineptitud, son los códigos en la gerencia de los Pumas de la UNAM.

¿...Y quién castró a los Pumas?

Hay quienes afirman que fue Hugo Sánchez. Hay quienes afirman que Tuca Ferretti. Hay quienes afirman que ambos. Los dos, azuzados por la urgencia de ganar títulos, decidieron adoptar a los hijos del vecino en lugar de seguir procreando. Se autocastraron y castraron a la UNAM.

Esta vasectomía en la UNAM parece irreversible.

Y los eunucos no tienen descendencia.

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LOS ÁNGELES -- Siete camisetas distintas. Cuatro de ellas oliendo a azufre, en los últimos tres años. Dieciocho torneos. 30 años. Casi 19 mil minutos de juego.

Y Ángel Reyna elige seguir siendo Ángel Reyna. Un mago que elige ser futbolista. Y también un truhan que elige ser futbolista.

Pero los artificios y las pericias con la pelota se opacan ante las artimañas y las argucias de sus instintos.

Chivas encendió veladoras ante la imagen idealizada de Reyna. Como lo hicieron antes, ilusionados y fervorosos, Monterrey, Pachuca y Veracruz, hasta que recogieron sólo cenizas de una frustrante, infructuosa y tormentosa relación hecha pedazos. Este Mesías tiene las sandalias rotas.

Reyna no se divorcia, sino que destruye las relaciones. Se enfunda, hipócritamente, ladinamente, en el enaltecimiento de una fe suprema, en su propia interpretación, de un Dios al que ofrece exaltarlo con las virtudes que ofrece, cuando quiere, jugando al futbol.

El problema es que el apóstol de las declaraciones y de su cuenta de Twitter, elige ser Judas cuando llega el momento de desquitar las 30 monedas de un salario millonario.

Sus facultades florecen. Basta verlo tomar el balón. Se enciende la mirada. Aparece una sonrisa sádica. El lobo se relame los bigotes. Él sabe que con el balón puede cambiar destinos, pero no se decide a cambiar el suyo propio.

Besó la cúspide de su carrera, de la ostentación de sus facultades como jugador, con el hábito americanista. Carlos Reinoso fue el mecenas del milagro.

En el Clausura 2011 marcó 13 goles. Arquitecto de proezas ajenas, de balones generosos a sus compañeros, se daba además tiempo, en ese América, con ese Reinoso, de materializarse en el área y hacer goles.

Carlos Reinoso se guarda el secreto. Lo curioso es que pudo retenerlo en Veracruz al llegar al equipo como parte de una reestructuración deportiva, pero decidió autorizar su venta a Chivas. Y, porque él mismo lo ha dicho, a Chivas, Reinoso, no le desea ningún bien.

Cuando Reyna sembraba sismos y cismas en Monterrey, enturbiando el vestidor, se entrevistó a Carlos Reinoso en Raza Deportiva de ESPNDeportes Radio.

Se le preguntó cómo rescatar a un portento de jugador en beneficio no sólo de Monterrey, sino de la misma urgencia en la selección mexicana de un futbolista de esas condiciones.

"Platicaba mucho con él. Es un jugador inquieto que requiere de mucho contacto, orientación, acercamiento y sobre todo confianza, sinceridad y respeto", explicaba Reinoso.

Ya perpetró su primera fechoría con Chivas. Agrede a Cabrera de Pumas lanzándole un balón, sin intención de dañar, sin intención de lesionar, eso es claro, pero el acto de agresión, es por definición en la ética deportiva, un acto punible.

La Inquisición de la FMF fue piadosa y le mandó una jornada a las mazmorras. El problema es que Chivas sabe que el entusiasmo, el compromiso, la responsabilidad de Reyna tienen vida corta, y el Guadalajara lo necesitará las próximas 31 jornadas para trepar escalones hacia su salvación.

Con los antecedentes inmediatos en Pachuca, Monterrey y Veracruz, y con este primer desacato, cuando el Vía Crucis de salvación de Chivas, está marcado por cero tolerancias, Reyna fue intolerante ante las exigencias del partido ante Pumas.

Hoy, Reyna vive su contrición. Con medio puchero en el rostro, con un tono lastimoso, se queja del arbitraje, pero no se queja de su deplorable arbitrio para elegir entre lo mejor, lo bueno, lo malo y lo peor.

Chivas le disciplinará su bilirrubina biliosa y furiosa, castigando su cuenta bancaria. "La sanción no se dará a conocer (si la hay)", habría precisado Paco Palencia.

"Estaremos cerca de él. Lo estaremos ayudando, platicando, haciéndole entender la responsabilidad que tiene", explicó Jorge Vergara cuando en Raza Deportiva se le preguntó hace unas semanas cómo iba a lidiar con un jugador con el que sólo han podido controlar dos entrenadores de los 15 que ha tenido en su carrera: el mencionado Reynoso y Raúl Arias.

La afición de Chivas le ha perdonado su pasado americanista. Le ha perdonado que se burlara de Chivas en su momento. Hasta Vergara le ha perdonado que se burlara de él.

Era evidente que Reinoso tenía ascendencia sobre Reyna, porque el chileno fue, ha sido y será, el ícono del mejor futbolista extranjero que ha llegado a las Águilas y posiblemente al futbol mexicano. Reinoso tenía autoridad moral para manejar a Reyna, para saber tocar esas membranas directas a los sentidos, sentimientos y sensaciones del futbolista.

En Chivas no hay una personalidad capaz de imponerse a Reyna. Imposible. ¿Vergara? Por supuesto que no. Sus actos no reflejan estabilidad empresarial ni emocional. De hecho, se parecen tanto entre ambos, que lo mejor es que tal vez nunca coinciden ante la frágil formalidad de un escritorio.

Por eso, al prodigioso jugador le ha llegado el momento de entender la dimensión de su desafío. Está en Chivas. El mejor equipo de exposición nacional. El más seguido, el más venerado en México y EEUU.

Y un Guadalajara que pretende salir de una crisis acumulada de tres años. Y que necesita escaparse de las arenas movedizas del descenso.

Para Ángel Reyna llegó el momento de su glorificación o de su apocalipsis.

Llegó pues, el momento de que Ángel Reyna se quite la camiseta que más le hace daño: la de Ángel Reyna.

Es su última llamada. Si fracasa en Chivas, queda claro, ya nadie querrá creer en él.

Cuando Reyna llegó a Monterrey provocó este Blog: "Reyna duerme con el enemigo dentro".

Nada ha cambiado. Aunque toda haya cambiado para Reyna.

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LOS ÁNGELES -- Ídolos, símbolos, emblemas, íconos de sus equipos-incubadoras, hoy los hermana la sangre del abandono. Javier Hernández y Guillermo Ochoa no tienen equipo.

Cuentan, los rumores, algunos de ellos desperdigados alevosa e inconscientemente por sus representantes, que Chicharito y Ochoa son buscados por los balompiés de 210 países, aunque la ONU sólo reconozca 193, y ante la FIFA sólo hay 209 federaciones registradas.

La imaginación de esos charlatanes de tianguis sólo empobrece, en lugar de revalorar, a sus clientes.

Convertido en el orgullo de una cantera, de un manantial, que los errores de Jorge Vergara han convertido en un páramo, Javier Hernández es agregado a la gira del Manchester United por dos razones ajenas a las futbolísticas: para vender boletos entre los mexicanos, y como un acto de compasión a una mercancía que abarató Moyes, y que ya había despreciado ingratamente Ferguson porque el mexicano se atrevió a decir que "me frustra no tener más actividad".

Chicharito tendrá que agregar, a sus respetuosas y respetables devoción y vehemencia, fantasías, goles y pirotecnia en el área, para que pueda sobrevivir al desdén con que lo mira Louis van Gaal, más allá de la prosapia que ha adquirido como el Mariano Rivera del futbol, saltando de la banca para responder con goles y apagar incendios.

Guillermo Ochoa ha escalado el Everest del escepticismo. Llegaba al Tri para el Mundial de Brasil entre los cuestionamientos generales, con más acérrima mansalva por parte de los seguidores de Chivas y Cruz Azul, los primeros por una histórica animadversión reactivada, y los segundos para proteger a Jesús Corona.

Al final, Ochoa convence al más escéptico de todos: Miguel Herrera, quien había dicho a principios de año que "su estilo de juego no me convence". Notable ante Brasil, cumplidor ante Camerún, Croacia y Holanda, las proezas en el Mundial no le alcanzan para consumar un contrato, mientras se consume en la irritabilidad de ver que el acuerdo anhelado no llega.

Javier Hernández ve desfilar mentiras vestidas de rumores. Chelsea, Arsenal, PSG, Mónaco, Atlético de Madrid, y recientemente Inter de Milán. La pasarela se llena de fantasmas y de mentiras que se esfuman en el día a día.

La mitología de traspasos para Chicharito es ya un ocioso oficio cíclico de cada seis meses. Su llegada al Inter tiene más el ropaje de la especulación que de la realidad, mientras el delantero mexicano espera en esta gira una nueva oportunidad con el MUFC, pero no sólo para entrar a la cancha, sino hacerlo con el consentimiento, el interés, el auténtico deseo de observarlo por parte de Van Gaal.

Con Guillermo Ochoa ocurre lo mismo. Parece estar sentado en uno de esos ventanales de Amsterdam, ante los cuales desfilan, supuestamente, equipos ansiosos que revisan de pies a cabeza el curriculum del portero mexicano. Su estándar de cuchicheos sobre su futuro es más discreto, es más cauto, más conservador, que el de Chicharito.

Hasta el momento sobreviven dos apuestas: la impaciencia del Málaga y la paciencia del Getafe. Nada diferente del Ajaccio, equipo al que Ochoa salvó un año del descenso, pero en el segundo no pudo repetir la proeza, a pesar de ser considerado varias semanas, el mejor de la Liga de Francia.

Ochoa prefiere seguir en Francia. Sobre eso trabajan sus representantes. Un año más y podrá jugar como comunitario en Europa. Ha reducido sus pretensiones económicas. Hoy pretende menos que lo que cobraba hace tres años en el América.

Lamentable, al final, que dos jugadores que aún ocupan un sitio especial en los altares de sus equipos, deban debatirse en la incertidumbre, mientras, sus representantes tratan de encontrar un futuro más decoroso, para un delantero confinado a la banca, y un portero que sobrevive de un barco que se hundió en el descenso de la Liga de Francia.

Lamentable, al final, que el jugador con mejor porcentaje de goles por minutos jugados en la Liga Premier, y el portero con más atajadas en el acumulado de dos años en Francia, deban vivir recluidos en esa inestabilidad.

Chicharito goza un privilegio: el MUFC deberá pagarle puntualmente sus 152 mil dólares semanales si no consigue transferirlo. Y Hernández sabe que con tal de evitar cubrir ese sueldo, Van Gaal aceptaría cederlo a préstamo a quien acepte pagarle ese salario. Pero, cierto, semejante sueldo, intimida a muchos.

Guillermo Ochoa enfrenta otra realidad: su único activo es Guillermo Ochoa. Los derechos sobre su carta son su mejor negocio. Prefiere contratarse con su carta depositada en un club, y no firmar simplemente por un salario. Su contrato estaba tasado en seis millones de euros. Las ofertas que tiene en la mesa, no se interesan en la carta de propiedad, sino mediante uno de los atajos de FIFA, sólo en contratar sus servicios.

Y no deja de ser irónico que a Chicharito y a Ochoa, los enemisten, los contrapongan, las cunas de marcado antagonismo de las que proceden, y hasta las posiciones que ocupan en el campo, para que terminen siendo siameses de la tragedia, de vivir en ese purgatorio de la incertidumbre.

Hoy, ambos, lamentablemente, no son dueños de su futuro.

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LOS ÁNGELES -- Moribundo como está; intimando e intimidado por el descenso, como vive; desesperado por oxígeno, entre la asfixia y el asma de su ubicación en la porcentual, Chivas se niega a escribir su testamento y elige, saludablemente, el penoso, largo, accidentado camino de la redención.

Suma cuatro puntos y da cuatro de los 47 puntos que necesita en un año para salvar la zalea.

La medicina de Chivas tiene una fórmula cruel, casi obscena: Arce cobra una falta y el portero rival perpetra una calamidad impúdica, sospechosa casi, a no ser, en este caso de Pumas, que el mártir de sus propios defectos es el Pikolín Palacios, lo que significa que la traición a su equipo es un hecho recurrente.

Es una cuestión de simbiosis o de complicidad: Arce mete la pata con ganas y el portero contrario mete la pata con más ganas. Y Chivas suma así cuatro unidades.

Así pasó en la Jornada 1 ante Chiapas, y la receta indecente, escabrosa, se repite ante Pumas.

Cierto: la culpa no es de Arce ni de Chivas. El refuerzo le pega con la intención y la potencia que puede. Lo demás es la artritis reumatoide mental y física del Pikolín.

Y además, la victoria se consuma con un hombre menos en la cancha, porque al Ángel de Reyna, con sus humos petulantes de arcángel, le saltan sus conocidos demonios y se hace expulsar reventando el termómetro en que se califican las estupideces.

Ante Pumas, Chivas manifiesta una promesa que por minutos hizo ante Jaguares: demuestra que sabe, que quiere y que puede jugar bien al futbol.

El Guadalajara olvida, por inconstancia, por inconsistencia, que es un compromiso de más de 90 minutos y se hunde de repente en lagunas, esa misma falta de ganas y de compromiso de las que los acusó su propietario Jorge Vergara tras el juego ante Jaguares.

Claro, los jugadores y el cuerpo técnico pueden responderle a Vergara hablando de inconsistencia e inconstancia, que el burro habla de orejas, tomando en cuenta su propia inconstancia e inconsistencia con la cantidad de directivos, directores de fuerzas básicas y técnicos que han desfilado por la pasarela grotesca y estrafalaria de los humores del dueño.

Pero, ya se sabe, entre Jorge Vergara y sus empleados deportivos hay una relación mentalmente incestuosa.

Pero Chivas, por momentos, muestra esa mejoría que asomó sólo temporalmente, a ráfagas, a andanadas, incluso con otros entrenadores, por eso, no basta para tomar totalmente en serio los escarceos de juramento de cada partido.

Como sea, cumple su cometido. El agonizante tiene dos caminos: llamar al mejor médico o al mejor notario, con su mejor cura y su mejor sepulturero. Prefiere salvarse a morir intestado.

El Guadalajara elige lo primero, a sabiendas de que tiene 34 semanas de redención, y de las dos primeras, ha ganado cuatro de seis puntos posibles.

El método, el protocolo, podrá parecer burdo, circunstancial, accidental, suertudo, afortunado, pero mientras Fernando Arce siga teniendo balones propicios, sólo necesitará que ese Síndrome de Judas Iscariote siga agobiando a los porteros rivales, como pasó con Lozano y el Pikolín, y sigan metiendo la pata en lugar de meter las manos.

Incomprensible la tozudez de Bustos, no por la elección, sino la predilección, y elijo este término por todo lo que lleva implícito, por colocar a Aldo de Nigris, cuando queda claro que su participación tiene una repercusión nula en goles -su objetivo primordial-, y en generar servicios de gol -su asignación secundaria-, porque es evidente que para tratar de ser el primer hombre de recuperación, el que inicie el trabajo defensivo, sus recursos son toscos, rudimentarios e inefectivos.

Así, al final, de la mano y del pie de Arce, y el contubernio mental de los porteros contrarios, Chivas da pasos a la supervivencia.

La ruta es larga. 32 semanas y 43 puntos a conseguir, para ganar la indulgencia de continuar en Primera División. No es imposible, aunque no todos los equipos tengan Lozanos o Pikolines en el arco.

¿Pumas? No todos sus rivales son el desahuciado Querétaro. Aunque siempre su técnico seguirá siendo José Luis Trejo.

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Raúl JiménezMexsportRaúl Jiménez y las Águilas sacaron un apurado triunfo frente a Tijuana
Adjetivar al América debe ser un acto escrupuloso. Porque no hace gozar, pero ya goza de seis puntos y un liderato general provisional.

Segunda victoria por 2-1 en el marcador. La consigue en el Estadio Azteca, escenario que en fase regular de torneos ya era protagonista de nostalgias por los festejos.

Este América sigue sin embelesar, sin abrazarse a la espectacularidad, y sin el dramatismo genera adrenalina, es por las circunstancias del juego, más que por la producción de futbol. Recordemos el 2-1 al León y este sobre Xolos: el drama es una circunstancia, pero tal detalle le sienta siempre bien al futbol.

Hay en el desarrollo del juego de este sábado, detalles para revisar.

1.- Al América lo amparan dos decisiones, no errores, sino decisiones conscientes arbitrales. Una tarjeta roja que le perdonan al Chepe Guerrero apenas al minuto 34, y luego una mano clara de Aguilar en el área.

2.- De nuevo, Mohamed arranca con línea de cinco, como le notificó púbicamente Ricardo Peláez que debía jugar el América. Después modifica a línea de cuatro, con cambios sustanciales a la ofensiva en nombres.

¿De verdad está convencido El Turco que debe comenzar con línea de cinco los juegos o lo hace y después modifica, como ante León y Xolos, para poner en evidencia a Peláez?

3.- Xolos pierde su segundo juego. Cayó de local ante Puebla. Pero el Tijuana de este sábado en el Azteca, demuestra que en el despliegue ofensivo, con cierta solvencia en el fondo, le permitirá hacer un equipo peligroso. Moreno juega a un ritmo al que no corresponden aún ni Arango ni Benedetto ni Martín, y menos aún Moreno.

Un error grave de César Farías es sacar al mismo Martín por Benedetto. El primero preocupaba más por sus diagonales, velocidad, y además apoyo defensivo en coberturas cortas. Un trabajo que el argentino ya no hizo.

4.- ¿Se atrevería a comenzar Mohamed con los hombres con los que terminó el juego? ¿Arrancaría, por ejemplo, ante Puebla, con Oribe, Jiménez, Sambueza, Arroyo y Mendoza?

Con la cobertura parcial que saben hacer Jiménez, Sambueza y Arroyo o con Oswaldo Martínez por el Quick, alcanzaría para cerrar espacios con una línea de cuatro en el fondo. Y que se preocupe el rival por defender, Pero, es cierto, Mohamed siempre será Mohamed.

Hablábamos de adjetivar al América con remilgos. Lo cierto es que parte del primer tiempo y parte del segundo, por escasos lapsos, apareció la mejor versión de las Águilas con el Turco en la banca.

De acuerdo, fueron momentos en los que se atrevió, primero, por la urgencia en el marcador, y después porque con línea de cinco, podía sumar a sus dos atacantes enmascarados, Mares y Aguilar, aunque el primero sin contacto fino con la pelota, pero generó rutas libres a sus compañeros.

Y después, cuando Xolos decidió cerrar espacios, montar cinco en el área y tres en acoso de la pelota, le dio al América espacios de ponerse a tiro de piedra de Saucedo y de su sucesor, por lesión, Lajud.

Al final, tras esos dos años de fascinación americanista con Miguel Herrera y luego el torneo anterior de decepción con Mohamed, este Apertura 2014 al menos comienza con un saldo generoso en números y en expectativas de Liguilla, y a falta del regocijo por un fútbol de embeleso, lo cierto es que el drama es uno de los oficios que mejor se manejan en la industria a la cual pertenece El Nido, y eso, a veces, suele conformar y resignar a la tribuna.

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Alan Pulido y Ricardo FerrettiMexsportAlan Pulido fue separado del primer equipo de Tigres tras reiteradas ausencias

LOS ÁNGELES -- Vivía en la estratósfera de su narcisismo. Y lo bajaron de manera violenta. Al menos este viernes ya, Alan Pulido, cuya cláusula de rescisión es de 10 millones de dólares, entrena con las divisiones menores de Tigres.

Tras llegar del Mundial, con sus aires de "princeso", Pulido ha sido enviado al inframundo de un club que viene de un par de torneos miserables, y tres realmente decepcionantes. Los Tigres son una parodia de sí mismos.

Alan Pulido fue exhibido públicamente por su entrenador. Lo ridiculizó Tuca Ferretti, rompiendo esos códigos de vestidor que tanto reclamó Jesús Corona al Piojo Herrera, pero que hoy nadie cuestiona al técnico brasileño.

"Ha entrenado quince minutos desde que estuvo en el Mundial", dijo Ferretti y luego se dijo conmovido por la devoción de Alan Pulido ante el espejo, al dedicarle 15 minutos al peinado, y de observarse desde todos los puntos de vista posible, según el entrenador, para asegurarse de que ningún cabello quedara fuera de lugar.

Es decir, Ferretti descubre al narcisista que habita en el mismo estuche donde habitó el mejor goleador de Tigres los dos anteriores torneos.

Alan Pulido está totalmente desamparado: se peleó con su representante; no tiene ofertas reales de otro equipo; su técnico lo parodio o lo caricaturizó; su directiva lo envía al destierro, y está más alejado que nunca del único lugar donde puede ser respetado: la cancha de futbol.

Tigres debería rescatarlo. No sólo por la confusión y desastre de valores que sufre, sino, simplemente, además, porque es uno de sus activos, es un jugador con gol y facultades, que necesita algo más que los regaños de madrastra histérica del Tuca.

Relata la prensa de Monterrey que el jueves la directiva quiso acercarse a él, pero Pulido los mandó de gira asiática por China, Shanghái y Sumatra. Como respuesta: el exilio.

¿Alternativas? Tigres puede elegir en condenarlo a las mazmorras y hacerle entender que seis meses sin aparador, significa el destierro. O utilizar esos recovecos de la FMF, para cederlo a préstamo a otro club en México o incluso al extranjero.

Vayamos al otro escenario. Tigres y Tuca actúan apegados a reglamento. Y no se tientan el corazón, como pudo verse en el caso del arquero Enrique Palos, al que casi entierran vivo. Sí: desagradecidos. Pero...

Recordemos el caso de Danilinho. El personaje agrede a su ex pareja dándole patadas en sus partes más femeninas, y no sólo lo protege legalmente sino que lo premia transfiriéndolo al futbol de Brasil. Cuando logra amainar las aguas, lo regresa y lo premia con una jugosa renovación de contrato.

Y de nuevo, Danilinho, vive otro pasaje de violencia "doméstica" tratando de domesticar de manera agresiva a su eventual nueva pareja.

Según la denuncia en diciembre de 2011, Danilinho habría golpeado en las partes íntimas, e intentado asfixiar a Priscila Jiménez.

Ojo: son escenarios distintos, pero porqué caer en sobre proteccionismo a un jugador paisano y amigo del entrenador, y cebarse con abandono y repudio incluido, desde el punto de vista administrativo, contra Alan Pulido.

La revelación hecha por Lucas Lobos en su cuenta de Twitter pinta de cuerpo entero la forma en que el Tuca ha convertido a Tigres en un feudo de terror, amenazas y malos tratos, y en esas humillaciones, por supuesto, incluye hasta a directivos timoratos y pusilánimes que se convierten en cómplices.

Lobos señala en su tuit que es una alegría llegar a los entrenamientos con el Toluca, sin que exista alguien que de inmediato le amargue esa ilusión, en referencia inconfundible hacia el Tuca.

Eso explica, además, la disparidad de trato dentro de Tigres. ¿Dónde comienza la criminalidad en las acciones de Alan, censurables y todo, y dónde termina la criminalidad en el caso de Danilinho?

Hay una doble moral, evidentemente. Si se es amigo del técnico se puede delinquir. Si no se es amigo del técnico, habrá que ir a purgar condena en los arrabales del club.

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LOS ÁNGELES -- Reconozcámosle a Jorge Vergara que sabe bien lo que quiere para sus Chivas.

Reconozcámosle que sabe dónde buscarlo.

Reconozcámosle que no le pone freno a su perseverancia por encontrar el eslabón perdido.

Reconozcámosle que se atreve donde ningún otro directivo mexicano se atreve.

Y vaya intentos genuinos que ha hecho: Hans Westerhoff y Johan Cruyff, el primero respetadísimo en Holanda, y el segundo en el mundo.

Ahora elige a Albert Benaiges, quien afirma que ha arrullado a nueve campeones mundiales con España en 2010, en ese cunero del Barcelona llamado La Masía.

Estos son algunos de los que dice haber cincelado en su paso por La Masía que parece elogiarse en demasía: Víctor Valdés, Pepe Reina, Gerard Pique, David Belenguer, Jordi Alba, Cesc Fábregas, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Joan Verdú, Lionel Messi y Pedro Martínez.

Dicen, quienes lo conocen en Barcelona, que en su etapa al frente de la incubadora azulgrana sí había producción de talentos, y que no es un mérito acuñado por advenedizos como esos que dicen que "esta selección de Costa Rica en el Mundial de Brasil yo la armé", o "este Monterrey de Vucetich, yo lo hice", y si Usted cree que hago referencia a Ricardo LaVolpe, la mala fe es suya, apreciable lector, al interpretarlo así.

Reconozcámosle pues a Jorge Vergara su tesón, su convicción, su devoción, su inversión y su pasión por tratar de hacer de Chivas una versión mexicana del Barcelona o de la escuela del Ajax en Holanda.

Ha invertido millones de dólares en esos esfuerzos. Y es evidente que lo ha hecho de manera correctamente encaminada.

No hay porqué dudar que, eventualmente, Benaiges (mexicano, hijo de refugiados españoles), pueda tener éxito.

Pero, primero, este supuesto fabricante de talentos, debe tener garantizado que podrá culminar su gestión y el tiempo marcado para que su proyecto pase de la intención y de la pretensión, a los hechos.

Lo cierto es que así como Jorge Vergara hace esos notables esfuerzos para pretender que Chivas sea la versión totonaca del Barcelona o del Ajax, o al menos de las escuelas de formación de ambas instituciones, él es quien al final termina abortando los proyectos.

Hans Westerhoff, al ser entrevistado, trata de evitar hasta decir su nombre. Se sintió traicionado desde que fue exiliado con Chivas USA, y su despido le fue notificado a través de Néstor de la Torre, sin que Vergara lo atendiera nunca.

A Cruyff, lo echó Vergara mediante un correo electrónico, en la madrugada de España, a sabiendas de que no podía replicarle de inmediato, y fue echando poco a poco a todos los pioneros y gitanos holandeses que fue colocando en el Rebaño.

A nivel nacional, Vergara no ha sido más exquisito. Ha jugado con la honestidad y buena fe de buen hombre de José Luis Real, y además ha echado a nueve directores deportivos en 12 años.

Y seguramente, en el caso de Benaiges, para evitar posteriores trances burocráticos, le pedirá que al firmar su contrato, también, de una vez, con la fecha en blanco el papel, firme la carta de renuncia.

Vergara se convierte en el lobo de los proyectos de Vergara. Vergara se convierte en el mejor enemigo de Vergara.

Desde que echó a Iván Sisniega, que uno ni siquiera se imagina porqué llegó ahí, si alguna vez, como exitoso pentatleta activo, dijo que detestaba el futbol profesional de México, pero desde esa ocasión, Vergara termina después lastimando la reputación a todos los que, también en su momento, los condecoró con palabras grandilocuentes con sus elogios falsos, sin siquiera conocerlos.

Benaiges llega a unas Chivas desmanteladas. Ya se había explicado que salieron José Luis y Héctor Real, además de Juan Manuel Herrero, Juan Carlos Ortega, Sully Ledesma, Nacho Vázquez, Jaime Pajarito, entre otros, y que incluso el futuro de Alberto Coyote, ya con nexos mínimos, y el de Ramoncito Morales, están condicionados.

Y claro, los mismísimos Paco Palencia y Rafael Puente deben levantarse todas las mañanas a checar de inmediato su correo electrónico, su WhatsApp, Twitter, Facebook, para saber si aún tienen trabajo con Chivas.

Es decir, todo el operativo de fuerzas básicas en el Rebaño ha sido desmantelado. Los supervisores, los filtros, los entrenadores, los formadores, los diseñadores del sistema de trabajo, han sido despedidos,

Benaiges llega a un páramo, a un desolador y fantasmal escenario, a tratar de resucitar la cantera de Chivas de los vestigios que quedan de la estructura original de Hans Westerhoff.

Es muy posible que Benaiges tenga éxito. No hay porqué dudarlo. El problema es que Vergara, cualquier día, a cualquier hora y en cualquier lugar, puede ser influenciado o manipulado, para que decida correrlo destempladamente.

Benaiges podrá esculpir con Chivas un Moisés de Miguel Ángel o tal vez un Frankenstein, pero sin duda, antes, justo antes del último cincelazo o de conectar el switch para levantar al esperpento de la plancha de laboratorio, aparecerá la mano de Vergara para terminar con todo, y enseguida mandar destruir todo lo edificado para comenzar, otra vez, de cero.

Sí, Vergara es el lobo de los mismos proyectos de Vergara.

Pero, reconozcámosle que en cuanto destruya este nuevo juguete con el mentor de los mejores tiempos de La Masía, de inmediato empezará a buscar otra opción.

Y Benaiges pasará a ser el peor de todos los que ha contratado, y el que venga , pasará a ser el mejor, el ideal, el idóneo, el soñado, el nunca bien ponderado de todos los contratados, y que esta vez sí, será capaz de conseguir el milagro.

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LOS ÁNGELES.- Es un predestinado. Y no lo sabe. A pesar de los puntuales, descarados e inconfundibles mensajes que recibe.

Tiene 23 años. Los cumplió la víspera de ser sumariamente homenajeado por la FIFA por la mejor anotación del Mundial, aunque también en la víspera de ser despojado del honor como el mejor futbolista de ese certamen.

James Rodríguez recibe este martes otra señal. El jugador colombiano no paralizó, pero sí centralizó el universo del futbol.

El estrepitoso estimado de 40 mil aficionados en el Santiago Bernabéu, apadrinando su presentación como la contratación fastuosa del Real Madrid, supera incluso en impacto la llegada de Toni Kroos, con todo y su galardón de campeón del mundo. No hubo un país de habla hispana en el que no se transmitiera en vivo su encumbramiento.

Adidas lo presume: tiene un pedido garantizado de un millón de camisetas solamente para Colombia, con el número 10 en la espalda, con el nombre de James, que se pronuncia James, y no "Yeims", explican que por un deseo de sus padres.

El Mundial pudo haber llenado un álbum Panini con sus estampas. Desde el ballet letal en el gol a Uruguay, hasta el semblante de mocoso despojado, abandonado e inconsolable, tras perder ante Brasil y quedar eliminados, con el cobijo generoso de David Luiz.

Sin saberlo, sin quererlo, sin desearlo, sino exclusivamente como una coincidencia exquisita, el mismo jugador consumaba su ejercicio de adulto con seis goles, y, simultáneamente, su incontrolable desconsuelo de imberbe, tras una derrota que le dolía por inmerecida, pagaba de contado, la solidaridad universal tras una injusticia.

Ese gol ante Uruguay, le valió un reconocimiento de FIFA, pero, lamentablemente era un premio de consolación, más que de exaltación.

Porque James Rodríguez merecía la nominación como el mejor futbolista del mundial, y nadie, ni el mismo Lionel Messi, depositario final, entendía como ese reconocimiento le era ultrajado al colombiano.

Sepp Blatter después se lavaría las manos, culpando a su entorno, con un "ni yo me lo explico", cuando más tarde quedaría claro, que él sí fue notificado, consultado, y que el mismo presidente de FIFA, pese a su reacción hipócrita posterior, había aprobado que se le entregara a Messi.

Y surge un torbellino de historias en torno a James. Desde su pasión de siempre por ser el titiritero del Real Madrid, sentado ante videojuegos para jugar como el número 12 de los Merengues.

Los mercadólogos del Real Madrid, aves de rapiña vestidas de Armani, saben que tienen en sus manos a un jugador con un carisma fascinante que incluso, al paso del tiempo, y los resultados, puede rebasar a Cristiano Ronaldo en el altar de las franquicias individuales que manejan.

El rostro aniñado, su estampa de desamparo ante el Paraíso Merengue que se le abre, más los rasgos intangibles de humildad que le marcan en los dos extremos de vivencias del Mundial de Brasil, encajan casi de manera deslumbrante y seductora como una historia emergente en la vida real del futbol, sin necesidad de ser maquillada por guionistas de Hollywood.

Cierto, el desafío más importante de James Rodríguez le espera en unas semanas: hacer con el Real Madrid lo que hizo en el Mundial, y lo que la memoria infalible de Youtube, como abuelo incansable ante sus nietos, relata recurrentemente, desde sus escarceos con Banfield, hasta sus 25 goles con el Porto y nueve con el Mónaco.

"Goles como el del Mundial, ya los había hecho por montones desde el Envigado (a los 16 años)", aseguran algunos de los cientos de amigos, testigos, socios, formadores, compañeros, que hoy se asoman de todos lados.

Ya se sabe, lo dijo Kennedy: "La victoria tiene muchos padres...", y en este momento James tiene más padrinos y padrastros que seguidores en su cuenta de Twitter.

En un club donde ganar es un verbo de conjunción simultánea al de respirar, las exigencias para James en el Real Madrid lo estarán acechando.

Pero quedó claro en el Mundial de Brasil que no se asusta con los Molinos de Viento ni con los Goliats de carne y hueso.

Y dejó en claro que por instinto asume una de las exigencias de la Casa Blanca: jugar con el equipo, por el equipo, para el equipo y en el equipo. Una garantía de que en el vestidor, en la cancha y en su zona de intimidades, tiene muy clara la doctrina a la que debe apegarse.

El técnico de Colombia en el Mundial, Néstor Pékerman, cuidadoso de las formas, ha sido precavido en los elogios sobre el colombiano.

Pero, tal vez, su mejor apología para James Rodríguez, la hizo, sin darse cuenta, en plena Copa del Mundo de Brasil. "Está listo para jugar en el mejor equipo del mundo".

Escueto, Pékerman le dio la más amplia bendición al jugador colombiano, con la garantía además que implican su testimonio y sus antecedentes, pues ha sido el mejor orientador de generaciones de talentos en el futbol de Argentina.

Es decir, si alguien sabe de transformar carbón en diamante, sin equivocarse, ese es Pékerman.

Además, esa enternecedora fábula del anónimo guerrero que se trasforma en conquistador de los elogios en el Mundial, es un poderoso aliciente para los jóvenes, especialmente los de su país, Colombia, de donde saltan de todo el territorio, jugadores portentosos, como el extrañadísimo Falcao, pero sin dejar de lado a Jackson Martínez, Carlos Bacca y Adrián Ramos.

Y, curiosamente, Colombia encuentra las vetas generosas para el artículo de primerísima necesidad del futbol: el gol, cuando además en el futbol mexicano se aprecian dos joyas que Pékerman descuida como Carlos Darwin Quintero y el Topo Rentería.

Vaya, tal vez, incluso, hasta en esas reverberaciones de los efectos de Rodríguez en el Real Madrid, hasta llegue una lección de rebote a un cabeza dura como Teófilo Gutiérrez, a quienes muchos medios de su país consideran con facultades muy superiores a las de James, pero, queda claro, la luz no le enciende en el penthouse.

Pero, insisto, el reto más poderoso para James, está por llegar, pero el mejor aval es ese, el del experto en moldear barro con manos expertas, como Pékerman: "Está listo para jugar en el mejor equipo del mundo".

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Jorge VergaraMexsport
LOS ÁNGELES.- Chivas sangra en la cancha y se desangra fuera de ella. Parece suicidio lento. Jorge Vergara, sin embargo, apuesta porque es una transfusión.

Podría decirse que el Guadalajara actúa de manera incongruente, pero ciertamente lo que hace es fundamentar la congruencia como su modus operandi. Es, pues, congruente con su incongruencia.

En los últimos 10 años. Chivas ha alternado con Atlas, América, y en menor impacto Pachuca, el dominio en los torneos de Fuerzas Básicas en México. Ha sido una lucha constante entre los tres primeros, por protagonizar las competencias con su sangre nueva, aunque lamentablemente, se hace vieja muy rápida por errores en seguimiento y oportunidades.

Apenas hace unos días, Chivas se coronó campeón nacional Sub 13. Refleja pues, que de una u otra manera, y a pesar de la velocidad cómicamente dramática, con la que el dueño de Chivas quita y pone cabezas de mando de sus semilleros, la producción de talentos continúa.

Es decir: su desarrollo de jugadores es tan potencialmente bueno que sobrevive, incluso, a los errores del mismo Jorge Vergara.

Hace unos días, fue cesado José Luis Real junto con su hermano Héctor. Ahora se despiden Javier 'Zully' Ledezma, Nacho Vázquez, Jaime Pajarito, y se habla de que Juan Carlos Ortega, puede seguir sus pasos.

Es decir, los entrenadores que generaron prospectos y trataron de respetar una línea de trabajo heredada desde la época de Hans Westerhoff, son relevados porque "su ciclo se ha cumplido", expone Vergara en Raza Deportiva de ESPNDeportes Radio.

Obvia la incongruencia: quienes generan ganadores de títulos en torneos de fuerzas básicas, ya no funcionan.

Además, queda desligado del equipo Juan Manuel Herrero, "por motivos muy personales y confidenciales", según Vergara, su noveno presidente deportivo en 12 años.

Herrero se oponía a la salida de Real y perdió la batalla con Rafael Puente y Paco Palencia.

Insisto: no se puede llamar incongruente, a alguien que es congruente con 12 años de incongruencias.

Si se van de la cantera varios ex jugadores, en su momento símbolos de Chivas, ¿quién llega a sustituirlos?

Se habla de José Luis Arce como el responsable del cunero rojiblanco. Americanista de cuna y de devoción, propone llegar con Carlos López, y un referente del americanismo, como 'Monito' Rodríguez.

A ellos se agrega Jesús Ramírez, artífice de la selección mexicana Sub 17, campeona del mundo en Perú 2005.

Las versiones son que Chucho Ramírez y Arce ya habrían estado observando viveros rojiblancos en las canchas de La Gigantera.

Vergara ha dicho que no conoce a Arce y que no piensa en Ramírez. Pero, no olvidemos, que lo mismo dijo sobre la incorporación de Puente en su momento.

Y no deja de ser curioso, o congruente dentro de los pasajes de la incongruencia de Chivas, que un hombre como Jorge Vergara, que habla como empresario de capacitar a su personal, de ayudarlo con programas de desarrollo en Omnilife, se contradiga -la congruencia de ser incongruente como oficio-, y no elija la forma de preparar a sus propios instructores.

Desde los divorcios violentos desde la época de Hans Westerhoff, Néstor de la Torre, Juan Manuel Frangie, pasando por Johan Cruyff y hasta el momento actual, al final, Jorge Vergara culpa al universo que le rodea, antes que aceptar su propia responsabilidad.

Decía Platón que "si te digo que siempre miento ¿te estoy diciendo la verdad o no?".

Diría entonces Vergara que "si te digo que soy incongruente, ¿estoy siendo congruente o no?"

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RÍO DE JANEIRO, Brasil -- Este Blog tal vez nunca debió ser escrito. Ni publicado. Traspasa la intimidad. Irrumpe en sensaciones y sentimientos de compañeros de trabajo.

Sin embargo, la respuesta la tienen ellos, aunque tal vez no sepan o no puedan darla, aunque quieran.

Argentino, decime, ¿qué se siente...?

Horas, días antes de la Gran Final de la Copa del Mundo, vi otra cara que ellos, los compañeros de trabajo, no vieron. Vamos, ni el mejor de sus espejos puede desnudar lo que yo distinguía en esos rostros suyos.

En esta empresa, sobran compañeros de miradas limpias. Uno escudriña en sus ojos y es un abuso. Son casas de cristal. Uno lee la gentileza en ellos. Y yo hurgaba sin que, en este caso, estos cuatro, se dieran cuenta.

Buscando esa respuesta a esa pregunta: Argentino, decime, ¿qué se siente...?

Esta ha sido mi séptima Copa del Mundo profesionalmente y mi séptima Final, más la de 1970, de la mano de mi padre.

Por logística, fue inevitable estar cerca de ellos. El fortín de ESPN en Río de Janeiro, nos hacía vecinos mundialistas. Verlos, excitados, inquietos, ansiosos, angustiados, trémulos, convencidos, me ponía la pregunta en el balcón de la curiosidad, pero nunca se arrojó de ahí al océano de la insensatez y la insolencia.

Argentino, decime, ¿qué se siente...?

Hablo de comunicadores que usted conoce, respeta y agradece que estén en ESPN: Andrés Agulla, Hernán Pereyra, Martín Ainstein y Pedro Vita. Sí, todos ellos argentinos y todos ellos personajes que ponen freno a su nacionalidad cuando disponen del espacio informativo.

Antes de sumergirnos en el Maracaná, el domingo, saliendo del set frente al estadio, desde donde ese día se transmitió Raza Deportiva, le grité al entrañable Agulla. "Hey, Andrés, 'hoy todos somos argentinos'".

Ríe largamente y responde: "Andá, callá, mentiroso. ¿Quién te cree eso? ¡Hipócrita!". No pude despedirme de él, después de la coronación de Alemania.

El sábado, molesté a Pedro Vita. Me había dicho que no festejaría si Argentina era campeón de la forma en que estaba jugando. Conocedor de mis oficios de comadrona con el micrófono, se enteró que lo había puesto entre la espada y la pared.

"Mirá -me dijo-, voy a festejar como aficionado, como argentino, pero igual, al aire, diré que Argentina juega mal, juega feo, que no es lo que merece mi país, pero, cómo no voy a festejar, si nunca he visto a Argentina campeón", explicaba Vita.

Y Martín era un misterio. El arcano de los arcanos. Ahí en la terraza del set frente al Maracaná, el mismo día del juego, bebía agua y café. Silencioso, pensativo, meditabundo. Y miraba al cielo como buscando la atención del Cristo del Corcovado.

Yo reía por dentro. ¿Cómo un tipo con experiencia envidiable en Champions, Eurocopas, guerras entre Madrid y Barcelona, y en Mundiales podía pensar, repensar y vivir tan anticipadamente la Final, a pesar de tener la piel curtida entre guerras ajenas?

Hernán Pereyra sólo combate en el micrófono. Sólo con el micrófono. Sólo por el micrófono.

"Mejor hubieran perdido con Holanda", le dije. "Los alemanes les van a hacer no siete, ¡sino ocho!". Y Hernán sonreía apenas, con esa mirada inofensiva e indulgente. La misma que las de Andrés, Martín y Pedro.

"Ya me debes una comida", me responde Hernán. "No quiero que me debas otra, pero por estar compartiendo contigo, una pizza en la playa, es suficiente".

Yo le había apostado que México llegaría más lejos que Argentina en el Mundial. Y ya se sabe lo que ocurrió.

Tras ver las sensaciones de ellos cuatro, más intensa era la pregunta.

Argentino, decime, ¿qué se siente...?

Quienes me conocen en muchísimas coberturas, especialmente mundialistas, saben mi militancia con la ecuanimidad como reportero.

Jamás me han visto, ni me verán, mientras desarrolle este oficio, festejar o gritar un gol de México. Vamos, a nivel clubes, ni siquiera aquel con el que Atlante se coronó campeón en Cancún. Sentado en el estadio, de inmediato busqué el teclado de la computadora, tras verificar al anotador: Clemente Ovalle.

Tal vez es ese Carlos Vela que todos los mexicanos llevamos dentro, que pretendemos hacer menos importante el momento más importante.

Al final, estos cuatro festivos argentinos, parecían vivir en el Monte de los Olivos, reflexionando y orando, antes de la posible crucifixión, que al final ocurrió

Por eso, ver la forma en que traslucían, insisto a través de esas miradas tan limpias, tan puras de los cuatro compañeros, sentía el escozor de preguntarles que sentían, que vivían. Como dice El Principito, la espera antes de la cita, ya los volvía especialmente dichosos a los cuatro.

Por primera vez en un Mundial, fue posible percibir ese arcoíris en gente tan cercana. La ansiedad de una Final. La ansiedad de un título mundial. Las sensaciones y los sentimientos en conflicto con la realidad. ¿Qué se vive? ¿Cómo se vive? ¿Desde dónde se vive?

Y entonces, busqué el atajo de la empatía. Quise calzarme sus zapatos. Imposible. México no ha llegado a esas instancias, sin deslucir la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres.

Pero también pensé, y pienso, que pronto deberá llegar el momento de sensibilizarse de manera similar para el aficionado mexicano. Como ocurrió intensamente ante Holanda en este Mundial. Pero más, aún más.

Ustedes lectores mexicanos, se imaginan, o se creen preparados, para, algún día, de algún siglo, tal vez días antes del Juicio Final, transportarse a ese andén del éxtasis, desde la vigilia, desde la espera, hasta el momento final de una Final.

La próxima vez que vea a esos grandísimos profesionales de ESPN, compañeros, a los que no me alcanza para llamarles amigos, obtendré respuestas, porque la pregunta ahí queda.

Argentino, decime, ¿qué se siente...?

Y cuando tenga sus respuestas, se los contaré en otro Blog, que como este, no debería publicarse, porque, de nuevo, traspasaría la intimidad.

Irrumpiría en sensaciones y sentimientos de compañeros de trabajo.

Pero, ¿a quién le importa un poco de indiscreción?

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