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La Fórmula presentado por Gatorade: Derlis González
SANTIAGO -- La victoria es, a veces, un acto de prostitución. Cobra por sus favores. Y donde más hiere. Donde más lacera. Justo donde la proporción placentera y gloriosa de la victoria, puede ser opacada, puede ser castigada.

E, inclemente, con saña, la victoria puede ser tan perversa y perniciosa en cobrar favores sin importarle, incluso, ser maldecida. Donde, de hecho, puede doler, afligir y ser más lamentada que la derrota misma.

Derlis González entiende bien este misterio. La noche del sábado, era el héroe guaraní. Cobró dos penales y victimó a Jefferson. Con el primero dio el empate a Paraguay 1-1 ante Brasil. Con el segundo, firmó la victoria en la tanda definitiva.

Y mientras él ejecutaba la danza de la vida para la albirroja, su tío, su mentor, para unos incluso, su tutor futbolístico, se desvanecía de extrema felicidad, en la danza de la agonía. Manuel Irrazábal, 44 años, se abrazaba a la vida, abrazando a la muerte. Murió de un ataque cardiaco.

La victoria pasaba factura. Tanta euforia por la consagración de Derlis y el advenimiento semifinalista de su Paraguay sobre Brasil, le fragmentó el corazón a Irrazábal en la escalada incontenible de regocijos.

Derlis había resucitado a su selección, a su futbol, a su nación. La inconmovible e inexorable victoria le cobraba con una muerte esa libertad usurpada de dar vida desde el manchón de sentencias.

El obituario a su tío, tras su suplicio, su aflicción, su impotencia, su rebeldía, lo plasmó Derlis González en su cuenta de Twitter: "Tio xq hoy tio xq="me dejaste x un infarto tio x darte una alegría y que te vayas con tanta felicidad no puedo creer".

Karimi Chávez, esposa de Derlis, posteó en Twitter varios mensajes sobre el drama que infligía dolor a su familia política: "Como alguien puede morir de tanta Felicidad? Una persona sana, emocionado con el gol de su Sobrino que es su ídolo =Que injusta es la vida".

El pacto entre Manuel Irrazábal y Derlis iba más allá de la cancha aunque había sido firmado con la tinta indeleble de los sueños compartidos. "Manuel era como mi hermano, está casado con mi prima, y bromeaba con que estaba juntando dinero para comprar a Derlis y traerlo a jugar a Olimpia", asegura Simón Gonzalez, padre de Derlis, a medios informativos paraguayos.

De 21 años, con un contrato por cinco temporadas con el Basilea suizo, Derlis fue notificado de la muerte de su tío minutos después de consumar con su disparo, la eliminación de Brasil de la Copa América y el pase a semifinales este martes ante Argentina en Concepción.

"Aquel que es deseado", es el significado de Derlis, un nombre usado indistintamente en hombres y mujeres en Sudamérica. Y el jugador paraguayo fue siempre el preferido, el deseado por Manuel Irrazábal, cuando el clan familiar se citaba a jugar al futbol, consignan informaciones de medios guaraníes.

Irónico, fatalista, y hasta como un paradigma de la fe de Derlis en sus obligaciones y convicciones, él mismo pidió cobrar el penalti que empataba el juego al '72, arrinconando su disparo al lance de Jefferson sobre la derecha.

Y él mismo pidió a Ramón Díaz ser el último en la lista de los cobros en el desempate. Como para firmar el acta de renacimiento de Paraguay y el acta de defunción de Brasil.

Y no lo sabía, ni lo imaginaba siquiera. Que su éxtasis final de victoria sería más intenso y violento en la debilidad del más poderoso músculo de alguien más. Tanto, tanto más impetuoso y feroz, que le desencadenaría microsismos a un corazón rebosante de 44 años.

Simón González ha revelado que ha hablado con su hijo, que la familia le ha rodeado de respaldo y apoyo.

Y Derlis les ha contestado. Les ha dicho que donde quiera que se encuentre Irrazábal, aún le quedan pendientes momentos de felicidad en esta Copa América 2015. Argentina podría saber a qué se refiere.

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SANTIAGO -- Entre la audacia y la inconciencia. Entre la temeridad y el suicidio. Entre el sadismo y la inocencia. No parecen tiempos para experimentos y aun así se mete a poner sus ideas en probetas frágiles.

Cuando Miguel Herrera veía su ensayo desmoronarse en el primer tiempo, con ese 0-2 a favor de Costa Rica, la histeria era general. Jugaba el Tri sin un eje sustancial que fuera dique y puente. Les exigió esa labor a Carlos Vela y a Gio dos Santos. O no supieron o no pudieron o no quisieron. Y Andrés Guardado y Héctor Herrera, sin poder ser soluciones, fueron cómplices.

Y convencido, apabullado, por la mentecatez de sus experimentos cuando la Copa Oro está a diez días de ponerle cita y exigencias, puso después a cada quien en su sitio, dejó de inventar, de investigar, de improvisar, de ensayar, y el Tri igualó 2-2, y pudo romper el equilibrio cómodamente, pero se rehusó, aunque al final, lo pudieron hacer también los ticos.

Si la osada insensatez de Herrera tiene fundamentos reales en el trabajo de la semana, entonces seguramente está amparado y convencido de que sabe cómo y sabe con quiénes irá al frente en esta Copa Oro.

Atreverse a romper el orden y el equilibrio, fundamentales en sus estrategias, podría significar un ensayo para lo que debe enfrentar ante tres seleccionados nacionales que, en este momento, están muy por debajo de Costa Rica.

Ante Guatemala, Trinidad y Tobago, y Cuba puede entenderse esa desmesura, esa arrogancia de poner a sus tres mejores atacantes, sin equilibrio, aunque el despropósito evidenciado ante los ticos debe hacerlo cavilar.

Hábil, sabedor de las virtudes, los ajustes para el segundo tiempo, con Esquivel y Vázquez, dieron frutos de inmediato. Retomó pelota, control, posición y posesión, y sólo volvió a perderlos, cuando la cascada de cambios rayó, como es lamentablemente natural y obvio, en los juegos amistosos, en una burda pachanga, mientras Costa Rica se lo seguía tomando muy en serio.

¿Volverá a experimentar ante Honduras en Houston o ya le dará sentido final a su verdadero once inicial?

Cierto, ambos partidos, que por reglamento debería haberlos prohibido la Concacaf -sí, la acéfala, desprestigiada, humillada Concacaf-, son estrictamente de preparación. Al final, es la base mundialista, aunque a los aficionados y a algunos analistas los ponga histéricos el no entender las razones claramente de estos experimentos contrarreloj.

Es obvio, sin embargo, que en ese estado de inconsciencia o de imprudencia o de osadía calculada, Miguel Herrera agita un avispero que ya cascabeleó desde su tuit ecológico, pasando por la eliminación en Copa América, hasta irse al otro extremo y lanzar tuits casi terroristas a través de su cuenta.

Es decir, el horno no está para bollos, pero Miguel Herrera se atreve a la irracional ligereza de meter las manos sin guantes al fuego por sus propias creencias.

Las turbulencias que levantó contra él ese 0-2, se disiparon en brisas cuando Giovani y Javier Hernández pusieron el 2-2, en una tregua que le permitió al 'Piojo' volver a experimentar en lugar de mantener la plantilla y marcar la ventaja.

Así, queda claro que ese 0-2 ni es para apretar botones de histeria y alarma, como tampoco el 2-2 es un certificado de que puede darse esos lujos arrancando la Copa Oro.

Y por otro lado, ese 0-2 es reflejo de la tozudez de un entrenador que peca, tal vez, de una excesiva confianza de que el mejor grupo de jugadores mexicanos de que dispone le alcanza para beberse, a tragos largos, la gloria en el cáliz de la Concacaf.

Pero, también por otro lado, el 2-2 tras el sufrido trámite y voltereta, no parece ser lo más acorde al clima de inestabilidad y de escepticismo que merodea al 'Piojo' en este momento, más por sus deslices extra cancha, en redes sociales para ser exactos, que por el mismísimo fracaso -bautizado así por él-en la Copa América.

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VIÑA DEL MAR -- El 'Apache' tuvo cuatro años para afinar su puntería. Y templar su temperamento. Y aplazar con paciencia su revancha. Los momentos los elige la cancha. Hace cuatro años cobró. Este viernes, en El Sausalito, pagó.

Argentina en semifinales. De manera atropellada. Sin poder clavar una espina en la noche mágica de Ospina durante los 90 minutos. El arquero colombiano enamoró a la diosa Fortuna. Hasta que la flecha del 'Apache', hecho cupido, le enamoró de la victoria.

Desde el manchón de fusilamiento, donde las tragedias y las epopeyas se consuman, al final, como en el trámite de los 90 minutos, Argentina fue menos malo que Colombia. Tévez consumó su oportunidad, luego de que Murillo había consumido su momento de gloria.

Ocurre en el futbol. Veintidós jugadores con currículos notables. Con títulos y blasones, con talento y gracia, con clase y adrenalina, defraudaron.

Al final renunciaron a su exquisitez y eligieron ser gladiadores. Olvidaron la esencia de su goce y se entregaron a la urgencia de su misión.

Y en esa epidemia de transpirar en lugar de inspirar, arrastraron a sus propios genios. James Rodríguez demostró que no ha sobrevivido a su clímax en el Mundial de Brasil, mientras que Lionel Messi tardó en comprometerse y pasó por la intermitencia, no sólo errando un gol con un cabezazo casi en la línea de la sentencia, sino por momentos jugando con simplismo y hasta con un recurso que parece rehuir en el Barcelona: el fingimiento obsesivo, pueril, vulgar de faltas.

Enfrascados en la lucha física, como si sólo el músculo y el aliento, les permitiera desarrollar hazañas, poco se acordaron, los virtuosos y los obreros, de jugar al futbol con los principios naturales de sus virtudes.

En ese tesón por la pelota, en esa obsesión por estorbar más que por fomentar, Argentina le daba curso más lógico a sus ataques y fue convirtiendo a Ospina, sus patas de conejo, sus brazaletes, sus collarines y sus supersticiones, en los protagonistas de una renuncia desesperada de Colombia a su propio holocausto.

Con un arbitraje que desquició a los atletas fervorosos y desesperados de la cancha y de la tribuna, que enajenó a las bancas y a las fanaticadas, al final logró ponerle grilletes a una violencia que parecía explotar de manera caótica.

El mexicano Roberto García Orozco tuvo el ojo de halcón de su lado, con un José Luis Camargo casi impecable, más allá de que desaforadas e irritadas, ambas facciones, colombiana y argentina, terminaron por ejecutar públicamente a las progenitoras del cuerpo arbitral.

García Orozco administró las amarillas y hasta le recetó una, ante la mirada atónita de todos, a Lionel Messi, quien quiso jugar al vivo y puso cara de muerto, al castigársele una entrada alevosa sobre Murillo, y el reclamo posterior.

Al final, el tribunal de los penaltis condena a una Colombia que se mantuvo guerrera, pero para sobrevivir, más que para vencer, mientras que premia a una Argentina que mantuvo al menos el hálito consistente por una victoria.

Los cobros comenzaron llenos de violencia, certeza, puntería e impiedad. Los dos números 10, que habían quedado en deuda conforme a las expectativas y la expectación en el fragor de los 90 minutos, abrieron la sesión de manera impecable e implacable. Tévez, el 'Apache' de la puntería menesterosa hace cuatro años, rescata su credibilidad ante el furor de un hinchada argentina que nunca tuvo la mayoría ni en voz ni en voto en el circo de El Sausalito.

Ahora, Argentina, con un Messi aún somnoliento, y un grupo albiceleste que trabaja más sobre una convicción ancestral que por un plan claro de trabajo por parte del Tata Martino, se enfrentará al vencedor este sábado de Brasil y Paraguay.

¿Messi? Este viernes se comprometió. Menos de lo debido, menos de lo deseado, menos de lo querido.

¿James? Aún no sobrevive al empalago a que fue sometido de elogios en el Mundial de Brasil.

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VALPARAÍSO -- Gonzalo Jara hizo indigna la dignísima victoria de Chile. El futbol bastaba para firmar el pase a semifinales. Pero Jara tenía que percudirlo. Jara tenía que enlutar con oprobio el derecho festivo a un traje de gala.

Más allá del gesto procaz, obsceno, la provocación alevosa, premeditada, del andino sobre Edinson Cavani, transformó lo que había sido una lucha masculina, en una victoria emasculada.

Con once hombres en la cancha, Uruguay discutía la supervivencia a su estilo. Poco estético, poco exquisito, poco encantador, pero legítimo como parte de la historia misma de la selección celeste.

Siempre fue mejor Chile. Dejó constancia de ello. Salió nervioso, precipitado, atropellado, inquieto, titubeante. El primer tiempo se le escurrió en querer, sin saber cómo y sin poder entenderse a sí mismo. Los esfuerzos de claridad de jugadores como Isla y Valdivia abortaban en balones rebotados, mal controlados, mal entregados, mal protegidos, mal perfilados, por futbolistas del corte de Alexis, Aranguiz, Vargas y Vidal. Y hasta Medel parecía un mastín enloquecido, que iba al choque hasta con los propios.

El segundo tiempo trajo la metamorfosis deseada en La Roja. Y Uruguay siguió siendo Uruguay. La transformación le indicó la ruta de la victoria a Chile. Y Uruguay entendió que seguiría sufriendo, pero seguiría anhelando.

Isla, el mejor jugador de Chile, encontró en el gol el premio a la persistencia propia y a la rehabilitación de su equipo.

Las respuestas de Uruguay fueron insuficientes, pero la más peligrosa fue el disparo de Sánchez, y una precipitación en la salida de Bravo, pero, mientras estuvieran once en la cancha, Cavani obligaba a dos chilenos a perseguirlo y a encender luces en otros caminos para sus compañeros.

Hasta que llegó Jara. Musitó algo al oído de Cavani, en un acto impropio de un espectáculo público, de un futbolista profesional, de un encuentro que había sido éticamente intenso, e incluso irrespetuoso hacia su propia selección que ha hecho del juego limpio parte de los valores competitivos de su gesta.

Cavani reaccionó. Ni siquiera con violencia. Ni siquiera en proporción directa a la forma en que Jara hurgó en su humanidad de manera ramplona. Pero el quisquilloso y sospechoso silbante brasileño Sandro Ricci le recetó otra amarilla y el pasaporte ignominioso de La Roja.

Uruguay quedó dañado. Desconcertado. Asumiendo que la culpa era absolutamente de Cavani, víctima éste de la tensión azuzadora originada por el trance de su padre, quien se vio envuelto en trance automovilístico con saldo de una persona muerta.

Las imágenes recompondrían el escenario de manera dramática. Ni Jara era la víctima ni Cavani el verdugo. La teatralización de Jara, la torpeza arbitral y la respuesta apenas agresiva de Cavani quedaron expuestas.

El video trastocó la percepción y condiciona a los organizadores y a su Comité Disciplinario. Con la evidencia de que la agresión y la provocación se originan en Jara, la forma de revisar puntualmente el video, los hechos, la cédula arbitral, tendrá que darse bajo otro perfil.

Ante los hechos, más allá de lo que el silbante Ricci creyó ver y decidió consignar, la suspensión debería darse sobre Jara y Cavani debería ser indultado, porque de otra manera, sus tres partidos de eventual suspensión coincidirían con los de Luis Suárez, todos punibles dentro de la mismísima eliminatoria mundialista que arranca en octubre.

Ni Uruguay merece dos castigos: la derrota y una suspensión a Cavani. Ni Chile merece dos premios: la victoria y, encima, el indulto impune a Jara.

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SANTIAGO -- Chile almacena todo el arsenal que incomoda a Uruguay. Uruguay dispone de todo el pertrecho que incomoda a Chile. La pareja más dispareja de los Cuartos de Final de la Copa América.

Y todo eso nutre de fascinación esta confrontación. Un especialista en demolición y un especialista en aislamiento. Pero, en el otro extremo, ni Uruguay es inofensivo ni Chile tiene firmes los cerrojos en su defensa.

Es evidente que ante el poderío integral de Vidal, Medel, Alexis, Valdivia, Vargas, y con una rutina indeclinable de ataque con Jorge Sampaoli, la selección de Chile, con una dominante fase de grupos, aparece como el equipo más poderoso de la competencia, con un respaldo inagotable por parte de su afición que se relame las esperanzas de poder finalmente alzar una Copa América.

Con una generación de alto calibre, Chile puede salir como favorito ante Uruguay, porque además agrega dinámica y vértigo, y es capaz, en una ofensiva bien armada de colocar hasta cinco jugadores en condiciones de remate en el área, en un ataque con hasta siete elementos.

Y sin conocer tregua ni pausa, Chile suele ser envolvente asfixiante, lo que complica incluso la capacidad de respuesta del adversario, a menos que sostenga la capacidad de ese mismo ritmo, especialmente por el desafío de que no ha podido someter a los charrúas desde 1983 (2-0).

Uruguay, mientras tanto, no tiene ni a un caudillo como Forlán, y su mejor jugador sigue en los calabozos de la FIFA, y Luis Suárez muerde el sillón con desesperación, mientras contempla a lo lejos, y arrepentido, perderse la Copa América por hincarle el diente a Chiellini.

Este Uruguay, como la mayoría de sus predecesores, está más apegado a la comodidad propia de peleas en terrenos cortos, directos, frontales, físicos y de choque corporal. Si insiste en ello ante Chile, sufrirá para detenerlo, especialmente porque en el ataque masivo, habrá opciones de distracción y de relevos.

Los charrúas no ocultan sus intenciones. Con la bandera rancia ya de la garra, y con limitaciones de talento, en un equipo que urge al recambio, podrían apostar hoy por irse directamente a penales, con la esperanza, más aventurado que venturosa de resolver la historia en el manchón de los cobros para poder finalmente vencer a Chile de nuevo en el Estadio Nacional, algo que no consiguen desde 1941.

Hay quien compadece a Cavani. El drama personal de su padre, suponen algunos, lo mantendrá aislado, difuso, perdido, confundido. Todo lo contrario. Este miércoles será "el" partido de y para Cavani.

Esa será el arma en la mesa de noche de Óscar Washington Tabárez, consiente del potencial espiritual de su grupo, que sólo ha perdido un encuentro de los últimos nueve en ediciones de Copa América.

En un país, en un balompié, en el que más que una afición, una pasión, es una doctrina, una religión y un proyecto de vida, para Cavani el mejor acto de veneración, el mejor bálsamo para su padre, es precisamente honrarlo en la cancha, y a su lenguaje, en la red.

Afortunadamente, Chile tiene un psicólogo magnífico en Jorge Sampaoli. Un maestro en el arte de exaltar espíritus y que ha llenado a La Roja y a sus seguidores de esa tenaz voluntad y devoción por ganar esta competencia.

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Futbol, Copa Oro, México

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VALPARAÍSO -- Con la Copa América rebosante de fracaso, Miguel Herrera pretende curarse la resaca llenando la Copa Oro de promesas: "Es una obligación ganarla", dijo en rueda de prensa en Orlando, Florida.

Contenido, agazapado, meticuloso, paciente, 'El Piojo' volvió a la tribuna pública. Al arrancarse la piel herida de la Copa América --"nada que hablar, fue otro grupo (de jugadores)--, eligió la metamorfosis y se concentra en el torneo estelar de la Concacaf.

Sus respuestas, su mímica, ese lenguaje silencioso pero inconfundible de su rostro, rebelan la bronca que acuna dentro. Quisiera desgañitarse. Como jugador siempre fue en busca de la revancha, del desquite. Pero se aplaca, se contiene.

'El Piojo' ha entendido al coronel Pierre Choderlos de Lacios: "La venganza es un plato que se come frío", escribió en su obra Amistades Peligrosas.

La actitud tiene los claroscuros de las pasiones humanas. Con esa arma de dos filos, puede cortar cabezas, o rebanarse la suya. La decapitación dependerá de su habilidad.

    1.- Para la selección mexicana es valioso tener ese motor encendido en su técnico. Miguel Herrera ahora trabajar montando la palestra desde la cual pueda lanzar el discurso vindicativo. Las únicas herramientas para merecer ese foro, se las dan las victorias. Y mientras más sume zaleas de los adversarios, más monumental será el estrado del discurso vindicatorio.

    2.- Y puede ocurrir todo lo contrario. En el afán de convertir en una revolución personal, arrastrar voluntades que deben permanecer permeadas, como las de los jugadores, puede significar un mensaje equivocado. La sangre negra de la revancha puede contaminar el mensaje, y el tono y el entorno del mensaje. Si 'El Piojo', inconscientemente o no, inconsecuentemente o no, provoca una epidemia de objetivos personales, creará confusiones.

De entrada, parece que 'El Piojo' ha demostrado ser un hábil y audaz motivador de grupos. Aísla y se aísla de factores mezquinos.

Al convertir en un desafío personal secundario, oculto, enclaustrado, marginado, en sus sesiones de trabajo y en los días del mismo juego, Miguel Herrera encontrará su escenario perfecto para confrontar las cunetas que le queden pendientes.

Incluso, tal vez, si conseguido el objetivo, le endulza el sabor de esa gloria efímera, entenderá lo inútil y estéril que es el anhelo de revancha. Comprenderá, si gana la Copa Oro, que la misión cumplida rebasa el eventualmente deleznable deseo de vendetta, y de resarcirse puerilmente de cualquier ofensa que sienta recibió.

Con este grupo de jugadores, Miguel Herrera tiene el ejército para levantar el devaluado Cáliz de la Concacaf. Sufrirá, porque enfrente le esperan hordas o legiones bien templadas, es decir adversarios de todo tipo, pero dispuestos a la vida heroica o la heroica muerte.

Peor aún: 'El Piojo' hereda una selección desprestigiada y ya casi desdeñada en su zona. En los recuentos recientes, a México le tundieron en la Copa Oro anterior con aborto en semifinales, y después en las mismas eliminatorias de la zona para Brasil 2014, le perdieron el respeto hasta en el mismísimo Estadio Azteca.

Del Tri sólo queda en el ocio de la memoria aquella semblanza mitómana a veces y mítica otras veces, del petulante Gigante de Concacaf, que queda claro, descubrió que tiene rodillas de barro.

Para Miguel Herrera la tarea no es tan compleja. Enfrenta selecciones de futbol que están en transición. Nuevos técnicos, nuevos procesos, nuevas generaciones, nuevos directivos, y algunas hasta sin dirigentes, pero los futbolistas rivales se toman con extrema seriedad enfrentar al Tri.

"Incluso, Aquiles era tan fuerte como su talón", dice Kevin Spacey protagonizando a Frank Underwood en House of Cards.

Este Tri de la Copa Oro, al final, será tan fuerte como el Talón de Aquiles de 'El Piojo': su vanidad.

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Futbol, Copa Oro, México

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SANTIAGO -- Los estrellas siguen apagadas en Chile. Han sido candil de su calle, oscuridad en su casa.

Han sido penumbra en su cuna, con su camiseta de sangre, bajo su bandera, luego de ser, casi todos, luminosidad absoluta con sus clubes, con sus patrones, bajo sus contratos.

A Chile no llega aún Messi. Ni llega James. Neymar llegó y se fue apestando a azufre, para seguir en deuda con su selección. Luceros mortecinos, especialmente el brasileño, con saldo de cuatro juegos de suspensión.

Messi recorrió menos metros que su arquero ante Jamaica. Mientras, James mete más codazos que Zúñiga y Cuadrado, y lo más ofensivo de Neymar lo hizo cuando el partido había terminado, y lo hizo con alevosía contra rival, árbitro... y contra Brasil.

La fase de grupos, se la roban dos cometas, dos delanteros fugaces. Irrumpieron y desaparecieron en este páramo donde las individualidades nacen, crecen, se reproducen y mueren en la efímera etapa de 90 minutos.

Arturo Vidal es letal ante México, con dos goles y una asistencia. Después arruina su Ferrari en un accidente, y con los artificios magníficos de la impunidad y la corrupción, lo perdonan.

El otro es Matías Vuoso, quien marca dos ante Chile en un partido espectacular, y en el juego clave, ante una defensiva más frágil como la de Ecuador, y vuelve a su estado natural de sequía.

Pero no era de ellos de quien se esperaba la pirotecnia. No era de ellos de quien se esperaba la grandilocuencia futbolística. Eran accesorios. El universo esperaba más que estrellas fugaces.

La expectación giraba alrededor de tres jugadores que en sus clubes han mostrado una brillantez que deja atónitamente maravillado al universo del futbol. En cambio, decepción, al menos en la fase de grupos.

    1.- Neymar estalla en la adversidad. Colombia le tunde en la madrugada del juego. Y pudo hacerle más. Y en el desenlace, Neymar estalla, agrede a colegas, insulta a un compañero, y luego amenaza e insulta a los árbitros. Los cuatro juegos de castigo fueron casi compasivos.

    2.- James Rodríguez sigue arrullado por la fama. La creó, la crió y se echó a dormir. Jugador revelación para algunos y jugador confirmación para otros en el Mundial de Brasil, tras un paso inconsistente con Real Madrid, no llega a hacerse cargo de Colombia en Chile. Ni siquiera en uno de sus tesoros innegables: los cobros.

    3.- Lionel Messi encumbró al Barcelona. Hibernó un año. Regresó en 2015 a adueñarse de todo, incluyendo el próximo Balón de Oro. Pero Argentina lo sigue buscando. Parece un fantasma entre sus compañeros, pese a que sus adversarios no lo pierden de vista con el temor palpitante, latente, como esperando que esa cobra enroscada salte y aniquila. Pero la cobra sigue hipnotizada.

Y las ausencias futbolísticas, no físicas, de los tres notables, se acentúan con las deficiencias de sus seleccionados nacionales.

El Brasil de Neymar no carbura. Ni con él ni sin él. La victoria sobre Venezuela se originó más en el reverencial temor de los llaneros que en las facultades extraordinarias de los amazónicos, más allá del gol espectacular de Thiago.

Pero si Brasil no funciona, esperaba al menos el impulso mágico de Neymar. La explosión devastadora de su talento.

Y si Argentina no fascina, porque Higuaín no anota las fáciles, y Di María no encuentra socio para las difíciles, Messi no germina, no genera, no arriesga, a pesar de que si lo hace Agüero, y que en su momento lo respaldará Tévez. Ante Jamaica, Messi entregaba la pelota y se escondía entre dos o tres contrarios.

James ha ofrecido un par de jugadas notables ante Brasil. Ante Venezuela desapareció. Y ante Perú hizo más daño con golpes prohibidos que con buen uso de la pelota. El niño mimado de Colombia que ha desbancado a un Radamel Falcao en declive, no tendrá más comodidades ante Argentina, donde el trato será áspero, rudo, como pocas veces los ha sentido en su vida.

¿Se están reservando Messi y James para los mejores momentos, para enfrentarse entre sí? El viernes tendremos la respuesta.

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VALPARAÍSO -- Con el tropezón a cuestas en la Copa América, Miguel Herrera se tropieza de nuevo al llegar a México.

Tras el fracaso -él mismo bautizó así su periplo sudamericano- en la Copa, fracasa al confrontar a los medios, al confrontar a reporteros y al confrontar su propio ego sobreexpuesto.

Se equivoca El Piojo. Al hombre se lo devora la mezquindad de su propio personaje.

Se equivoca dos veces. La primera porque siendo ladino, astuto e inteligente, en lugar de controlar el momento, permite que el momento lo controle a él. Los conflictos requieren de dos. Y callar no es huir, sino contender paciente en la sabiduría del silencio.

El segundo desliz es cuando permite que le roben la pelota y la saquen de la cancha. Y sin balón de por medio, él juega de visitante... y solo, a solas, abandonado. Y olvidó hablar de futbol.

Tras la charla para ESPNDeportes, en la que habló en exclusiva 26 minutos, y hubieran podido ser más, habló de Twitter y de esa dependencia de estar cerca del aficionado. De hecho reconoce su adicción a este balcón interactivo. Evidentemente, quiere estar más cerca de quienes lo halagan que de quienes lo vituperan.

Repito la frase implacable de Fernando Vallejo, escritor colombiano: "La fama es una estatua en la que cagan las palomas".

Y la estatua de Miguel Herrera está más sucia que nunca, por el cochambre delictivo de su tuit sobre el Partido Verde, sus promesas incumplidas en la Copa América (Final, Semifinal), y la eliminación misma, más su comportamiento beligerante tras su llegada a México.

Más allá de confrontar las preguntas, los cuestionamientos, encima Herrera manda mensajes con lenguaje prohibido, pero muy de uso mexicano, para además solidarizarse con su hija por las opiniones particulares de un comunicador de TV Azteca.

Tres personajes, dos de ellos con credibilidad y autoridad, el tercero es Jorge Vergara, ponen en relieve la fascinación de Twitter y la personalidad de Miguel Herrera.

Juan Villoro, futbólatra en desahucio necaxista, cita en su columna en Reforma: "Twitter es un maravilloso detector de ideas en bruto, no procesadas, reveladoras: primitivas. En segundos puedes ser Voltaire o un primate". Miguel desperdició una oportunidad magnífica de ser Voltaire y no un primate.

Un amigo, muy cercano a Ricardo La Volpe y Miguel Herrera, un muy amigo personal de ambos, me comenta en uno de estos corredores de la Copa América. "¿Notaste en El Piojo ese síndrome lavolpiano sin autocrítica, pero contraataque con algo que nada tiene que ver sobre la pregunta original?", según él viendo más vestigios de El Bigotón que de El Piojo.

Y Jorge Vergara, salta de los ruinas de su credibilidad y autoridad moral para juzgar: "Ahí está la muestra, está muy dedicado al Twitter, a la política y a promover todo lo que puede, en lugar de dedicarse a entrenar y diseñar un conjunto".

Lamentable es que Miguel Herrera pudiera quedar aprisionado más por sus defectos extra cancha.

Los resultados pueden ser tolerantes. Con Chepo de la Torre lo fueron. Ridículos en Copa Confederaciones y en Copa América, y se le mantuvo hasta que dejó postrado al Tri en estado catatónico.

Sus exabruptos colocan a El Piojo en el otro extremo. El péndulo que oscila entre la fama y la infamia, ya juguetea con él.

Era el Moisés ante Nueva Zelanda, el redentor en el Mundial, y la victoria sobre Holanda en el amistoso por 3-2. Hoy vestirse de verde en plena veda electoral, y sus confrontaciones callejeras, lo colocan en la cúspide de la impopularidad. Especialmente, en la impunidad política que se vive en México, inclinarse sabe a traición.

No tiene opción: debe ganar la Copa Oro. Y sin cicatrices. Está visto que los triunfos higienizan los prestigios más dañados, o los desprestigios más consumados.

Fracasar ahí, insisto, lo dejará sensiblemente dañado. No se trata de su capacidad como entrenador, sino de su incapacidad para ejercer fuera de escena como técnico, de cuya habilidad ha reiterado su calidad.

Y saludable será alejarse de los trinos veleidosos, peligrosos y volubles del Twitter.

Aprenderá El Piojo que no tiene tiempo ni riesgo para vivir ante ese precipicio, porque como dice Villoro, "en segundos puedes ser Voltaire o un primate".

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RANCAGUA -- Los responsables no pueden esconderse. Están expuestos. El fracaso se consumó. México ha sido echado de la Copa América. Empató el que suponía ganar (Bolivia). Igualó el que suponía perder (Chile). Y perdió el que suponía empatar (Ecuador).

La realidad traicionó la ficción aritmética: dos puntos de cuatro estimados y de nueve posibles.

Y los responsables desfilan por la pasarela ominosa. Y peor aún cuando las promesas no se cumplen: protagonismo, “Copa América histórica”, Semifinales, Final.

1.- Miguel Herrera eligió a sus hombres de confianza y olvidó a jugadores en mejor momento: Aris Hernández, Jesús Molina, Omar Bravo, Dueñas, Torres Nilo, etc.

2.- Hugo Ayala, Topo Valenzuela, Catita Domínguez, Efraín Velarde, terminaron por protagonizar errores que terminan siendo funestos, suicidas. No es culpa suya. Su andamio no alcanza pisos superiores.

3.- Y jugadores de bajo compromiso y elevados miedos por vestirse con la camiseta nacional:, como Eduardo Herrera, Paleta Esqueda, Mario Osuna y hasta los momentos de duda de Javier Güemez.

Responsables, al final, todos de que esta gesta sudamericana, terminara con el veredicto de fracaso por el mismo entrenador, y que no se consumó con el 1-2 ante Ecuador, sino con las precipitadas y petulantes cuentas, al asumir que Bolivia era tan simple como pasar a despojar de la chuleta a un perro chimuelo.

Responsables ellos, todos. Pero los culpables son otros. Y quedarán impunes. A salvo. Contempladores de su obra, de sus ruinas.

Los culpables no visten de corto. Ni transpiran en la cancha. Ni dan la cara. Ni asumen riesgos. Ni son enjuiciados. Ni acumulan amarguras. Ni gastan. Ni se desgastan.

Culpables los que tienen como rehén de sus contubernios y sus intereses a una selección mexicana que es prostituida de manera abominablemente pública.

Aún en la peor de sus versiones, sus patrocinadores pagan ollas de oro por ella. Pese a que este verano parece presentarse como el debacle de todas, esperando el desenlace de los Juegos Panamericanos y la Copa Oro.

1.- La selección mexicana vive esclavizada. El contubernio entre la Concacaf y las televisoras para que México priorice la Copa Oro, como vía única de acceso a la Copa Confederaciones, cuando es evidente que la pretensión por ambas partes es que el Tri juegue la mayor cantidad de encuentros en ambos torneos.

2.- El Tri provoca llenos en los estadios de EEUU. Un promedio de 2.5 millones de dólares por taquilla. Agregue la lluvia de los patrocinadores, y añada que es la única selección en el mundo que tiene la misma cantidad de padrinos y mecenas, doce, en México y en EEUU, un lujo que ni Brasil, Alemania, Argentina o España pueden darse.

3.- Los patrocinadores demandan que México triunfe en el mercado que más le interesa: el de Estados Unidos y el de México, y no el de Sudamérica. Los más de 500 millones de dólares de ingresos por el ciclo mundialista exigen una selección triunfadora entre la grey que consuma camisetas, refrescos de cola, tarjetas de crédito y hasta galletas de animalitos.

4.- ¿Expulsará la Conmebol a México de la Copa América por un segundo fracaso consecutivo? Por supuesto que no. México no está en la Copa América por su gran nivel de juego, ni por sus estrellas, ni por su carisma llenando estadios, sino porque arrastra rating televisivo que repercute en las arcas de Conmebol y sus patrocinadores.

No olvidemos que México llega a la Copa América tras flagrante soborno como prueba mutua de corrupción correspondida: relojes Rólex de oro entregados a los Corleones de Conmebol por parte de Guillermo Lara por indicaciones de Emilio Maurer.

5.- ¿Qué es más importante en beneficios para el futbol mexicano, la Copa América y la Copa Confederaciones? Simplifiquémoslo así: en Copa América, el Tri podría enfrentar a tres candidatos a Balón de Oro: Lionel Messi, Neymar, y Luis Suárez --quien para esta edición está suspendido--, y con sus respectivas escoltas de alto nivel. ¿Y en la Confederaciones? Tal vez sólo a uno o ninguno de ellos.

Entonces, sin duda Miguel Herrera y sus 23 que son carne de cañón son responsables del fracaso y los malos resultados, pero los culpables, esos, los del oscurantismo, los que perfeccionan la perversión por dólares y no por el futbol, seguirán operando con guantes de inmaculada corrupción.

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SANTIAGO -- Jorge Sampaoli empezó a ganar hoy la Copa América. Pero, empezó a perder el control de la selección chilena después de la Copa.

Con el Ferrari, su credibilidad, su ánimo, su licencia de manejo, su seguro de auto, los nervios de su esposa, y su suerte hechos añicos, destrozados, Arturo Vidal salió librado de su correría nocturna.

El fuero magnífico de la impunidad, le salvó de la prisión y le permite una falsa, apócrifa, cínica oportunidad de reivindicación ante Bolivia.

Violó cinco leyes. Cualquier otro chileno estaría con grilletes y buscando abogados. Él está libre y con un par de goles a los bolivianos, la memoria volátil, voluble, frágil de muchos chilenos le indultará, hasta la próxima vez. Porque esta colisión no ha sido la primera ni será la última en la vida que poco ama, aparentemente, Vidal.

Hay muchas víctimas tras el inconsciente acto del jugador chileno. Muchas. Pero hay una víctima, inocente antes, responsable hoy, que cargará con todos los pecados de los que se ha exonerado a Vidal, quien ve suspendida su licencia, una multa, una investigación y un trámite burocrático de visitación ante un juzgado en Turín, donde él vive, y donde él sabe que con una foto, un autógrafo y una camiseta, habría salido bien librado de un percance similar.

Es claro, los carabineros de Chile son más honestos que los carabiniere de Italia, especialmente en Turín. El policía chileno no vio al ídolo futbolista, sólo vio a un sujeto ebrio, irresponsable, que había arruinado 160 millones de pesos chilenos, unos 26 millones de dólares en ese montón de chatarra escarlata, y que debía ser procesado.

Falla la justicia chilena, lo libera y deja todo en manos del más inocente de los castigados y el más castigado de los inocentes: Jorge Sampaoli. Pero de inocente pasa a convicto.

El técnico de Chile decide también perdonar a Vidal. A pesar de los antecedentes en Chile y en Europa. La responsabilidad acumulada no hizo más culpable a Vidal. Por el contrario, todo indicaría que su pasado lo perdona, en lugar de condenarlo.

No puedo, ni debo, decir que conozco a Sampaoli, pero, como muchos, puedo argumentar que es perceptible, por su carrera, en general, su honestidad.

Un hombre que ha regido sus clubes con estrictas disciplinas tácticas, grupales y personales, es inconcebible que decida perdonar sin restricciones a Vidal.

Lo considera necesario para la selección, priorizando el futbol sobre las leyes que rigen a 18 millones de chilenos.

Sugiere entonces que es más importante que la selección gane a Bolivia y después la Copa América, aunque pierdan sentido, legitimidad, respeto los conceptos de justicia y legalidad a Chile.

Hoy Sampaoli y la justicia chilena han enviado un mensaje equivocado a una nación con estrictas reglas, leyes, multas, para conservar el orden vial, al menos en lo normativo.

Después de esto, cualquier jugador chileno puede hacer lo mismo que Vidal, y Sampaoli y la justicia deberán indultarlo.

Después de esto, cualquier ciudadano chileno puede perpetrar un crimen similar al de Vidal y podrá exigir, demandar, reclamar, que se le dé el mismo trato que a Vidal.

Estoy convencido que Sampaoli fue obligado a perdonar a Vidal. Fue presionado para exonerar al jugador. Sampaoli fue contra sus principios, contra sus creencias, contra su propia moral y su propia ética.

Lo hemos dicho anteriormente: la Copa América se ha convertido en un asunto de interés nacional, y ganarla se convertiría en una herramienta de estabilización social, donde la inflación, el desempleo y la corrupción gubernamental agobian a una sociedad civil que acepta vivir bajo normas leales, a pesar de estas deslealtades.

¿Por qué no renuncia Sampaoli antes que traicionar sus principios? ¿Por qué permite que se le obligue a fomentar y ejemplarizar la impunidad? ¿Por qué tolera que se le convierta en cómplice de la fechoría de Vidal?

¿La gloria de la Copa? ¿El salario? ¿Alguna otra amenaza más intensa? Sampaoli es la víctima más castigada, pero porque ha elegido permitirlo.

¿Qué pasará al interior de La Roja? ¿Qué efecto tendrá la amnistía a Vidal? ¿Cómo impactará esta absolución al goleador de la Copa?

    1.-Seguramente fortalecerá tanto a la selección chilena y a Sampoli que en esa solidaridad colectiva, podrán hasta ganar la Copa América, en un acto reflejo, efímero, breve, pero inmediato, de arroparse todos, contra los ataques externos.

    2.- Seguramente, cuando el tiempo borre las huellas, y cuando Vidal reincida, y cuando Sampaoli vea fracturada la integridad de su discurso, entonces, se dará cuanta el técnico que este 17 de junio empezó a perder el control de La Roja, con una calidad de jugadores, capaces de consumar jornadas históricas en el futbol mundial y en el Mundial de Futbol de Rusia.

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SANTIAGO -- Chile debió ser el enterrador del Tri. Debía ser el verdugo de México. Debía ser el sepulturero de los vestigios del once aventurero de Miguel Herrera.

Ocurrió lo contrario. Chile fue cómplice de México. Lo resucitó al tercer día del esperpento que fue ante Bolivia. En lugar de montar la lápida, le dio respiración de boca a boca.

Obvio: el mérito absoluto es del Tri. Se enderezó de su propia catacumba. Ante Bolivia estuvo más cerca de la derrota que del triunfo. El 0-0 fue un acto de clemencia de la fortuna. Miguel Herrera quiso maquillar el lamento de su equipo aduciendo que le dejaron de marcar cuatro goles.

Chile consagra su futbol al exquisito deber de atacar. En esa devoción, comete descuidos. En esa obsesión, sus temerarios bajan los escudos y enristran la lanza. Más que matar o morir, para Chiles es, de ser necesario, matar muriendo o morir matando.

Y ahí, Jorge Sampaoli decidió despedazarse a bofetadas con Miguel Herrera. Concedió que su Chile A fuera al asalto sobre México B.

Lo aceptaría después Sampaoli en conferencia de prensa: el trabalenguas que le tiró 'El Piojo' "le resultó demasiado complejo".

Era evidente que Sampaoli no tenía una maldita referencia de lo que era México. Su único video válido sobre este nuevo Tri, estaba en blanco y negro, y era el 0-0 con Bolivia. Para Sampaoli, México jugaba con peones, pero le saltaron alfiles.

Y ahí, Chile resucitó a México. Miguel Herrera lo sabía. Encontraría espacios. Habría poca oposición física, sin lucha corporal. Sabía que para Chile, defender, significa que el rival se equivoque.

Y sabía 'El Piojo' que Chile sabe eludir el dos a uno en la marca, pero que sucumbe ante el dos a uno en el ataque. Y los dúos fueron demasiado dinámicos. El mejor equipo del Tri fueron los comandos en parejas: 'Tecatito'-Aldrete, Vuoso-Jiménez, y Jerry Flores alternando citas.

Y tras minutos de acoso, pero con el nervio de no mostrar nervios, México es quien marca primero. Sabe que la defensa chilena no tiene filtros en media cancha y queda desprotegida.

Y a jugadores redimidos, rebeldes, renegados del destino de fracaso con que se les enquista su futuro, La arenga de Herrera los estremece. Ya sólo necesitaba dos héroes accidentales, esos que buscan, desesperados, agobiados, atormentados, y por lo tanto encolerizados consigo mismos y con su entorno. Vuoso y Jiménez levantan la mano.

Miguel Herrera leyó las memorias de Sampaoli con Brasil. Sampaoli encontró vacío el archivo de 'El Piojo' con este México B. Y a ambos, al final, se agradece la insensatez, la intrepidez y la locura, de no gestionar candados y cerrojos, cuando tuvieron ventaja. Ni México se encerró con el 1-0 y el 2-1, ni Chile lo hizo con el 3-2.

Al final, México no ha cumplido su misión. Ha transitado de manera fascinante en ese péndulo de 180 grados, del oscurantismo ante Bolivia a la esplendidez ante Chile, pero, igual, no está clasificado a Cuartos de Final.

El viernes le aguarda Ecuador en Rancagua. Tiene la ventaja el Tri de que su rival no puede ser indolente y condescendiente como ante Bolivia, ni esconderse en la gruta de su especulación como ante Chile. Ganar o ser eliminado, es la disyuntiva. Exactamente igual que para México. Y esa ansiedad, fragiliza a Ecuador, y lo obligará, tarde o temprano, a ir al asalto sobre el Tri, que ha demostrado ser paciente.

Puede, entonces, al final, Ecuador ser el cómplice propiciatorio, como lo fue Chile para la resurrección de México.

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