LOS ÁNGELES -- Para Cruz Azul el reto sigue ahí. No ha escalado aún su Himalaya pendiente por 16 años.

No ha conquistado aún Cruz azul el Everest monumental de su impotencia, ser Campeón de Liga, tras 16 años de frustración.

Las demás son paliativos, consuelos, pero ojo, son también señales, síntomas y símbolos inequívocos de esperanza.

Cruz Azul es campeón de la Concachampions. Y lo enaltecen, más allá de la inmediatez festiva de la conquista, el pasaporte al Mundial de Clubes en Marruecos, y la bestial rebeldía del adversario, un Toluca que en el minuto final todavía pudo, hubiera podido, hacer recular al destino. Pero Velázquez no pudo o no supo o no quiso.

Lágrimas, sí. Pucheros también. Rostros contraídos por ese ensamblaje dramático en rostros que se llenan del rictus de llorar festejando y de festejar gimoteando.

Y rostros maduros. Rostros impresos en credenciales ya preparadas para el asilo de los jugadores importantes en México, como Gerardo Torrado y Chaco Giménez.

Pero ellos lo saben. Ellos y sus cómplices. Ellos y sus secuaces en éxtasis. Lo confesaron esta misma noche de miércoles: no basta, no alcanza. El título del Clausura 2014 es imprescindible.

El confuso espectro de ese Molino de Viento en esa vigilia, de esa abstinencia de gloria de campeonato liguero, sigue desafiando su insatisfecha alma de Quijotes. Lo saben, lo aceptan.

La suma acumulada de la Copa MX y de la Concachampions disfrazan tímidamente la cara larga de una persecución de 16 años.

Y aquí el drama se acentúa, porque Cruz Azul sabe que quiere, sabe que puede, porque sabe que debe.

Si bien su demostración de poderío en este Clausura 2014, ocurre en uno de los torneos más mediocres de los últimos años, la superioridad lo lleva de la mano anímicamente con la aureola de favorito.

Con el estigma de coronarse con empate, por el gol de visitante, y con el soponcio y las taquicardias contenidas hasta el último graznido de un inapetente de sangre Chiquidrácula Rodríguez, con esa huella a cuestas pues, de no ser mejor que Toluca, al final Cruz Azul embarcará a Marruecos.

Especificábamos el síndrome de la ilusión en La Máquina, tras este segundo abono para poner fin a la maldición de 16 años sin ganar una Liga. Y es una sintomatología inconfundible.

La Copa MuyEquis fue el combustible que lo llevó a la Final. Una Final que malogra el América en penales. Una Final que no supo ganar Cruz Azul. Una Final que sí quiso ganar el América.

La Concachampions es hoy otro detonante. Y más poderoso que la copa doméstica mexicana, principalmente por el momentum.

Especialmente, Cruz Azul da la Vuelta Olímpica en el Nemesio Díez, atragantado aún de la angustia final, del colapso del drama, y lo hace a una semana de la Liguilla, un escenario al que se inscribió con una incómoda anticipación, porque a veces los equipos se relajan.

Para bendición de La Máquina no ha tenido tiempo para hamacas. La Concachampions lo mantuvo en el carril de alta velocidad de la adrenalina.

No ha tenido reposo emocional, lo que en este caso, con la victoria final, no significa un agotamiento emocional, sino, por el contrario, un remanso, una pausa, un oasis.

Se viene la Jornada 17. Trámite. Aunque el adversario sea un acérrimo rival como Pumas. Cierto: puede perder ante Toluca la condición de Líder General, que con mejor goleo y dos puntos detrás se mantiene amenazador y amenazante. Pero igual, merece un respiro.

Y de esa manera, como confabulación astral de sentimientos, Cruz Azul goza de la satisfacción brevísima de dos consuelos, dos Copas, pero acepta, reconoce, diría Joaquín Sabina, que "dos no siempre es igual a uno más uno".

El título de Liga es el Himalaya pendiente durante 16 años. Y es hoy. Debe ser hoy. En este mayo. O será nunca.

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LOS ÁNGELES -- Contrastes de 90 minutos. Durante 80 por ciento de ese lapso, la pelota fue posesión alemana. Durante 80 por ciento de ese lapso, la angustia fue posesión madridista.

Mientras más envolvía y sobaba el balón el Bayern Munich, más la histeria envolvía y sobaba las entrañas biliosas y trémulas del Real Madrid.

Pero, la emboscada, la trampa magnífica montada por los visitantes quedó desmantelada en segundos.

Porque el trampero quedó entrampado cuando CR7, Coentrao y Benzemá lanzaron el latigazo de ofidio venenoso y de oficio envenenado. Contragolpe de la desesperación de los desesperados, y Benzemá no perdona, aunque después si lo harían en condiciones similares el mismo CR7 y Di María.

Bayern Munich edificó un majestuoso, paciente, minucioso, laborioso muro en la misma posesión de la Casa Blanca del Bernabeu. Sólo dejó un boquete. La serpiente alba escapó por él, atacó y mordió. Benzemá le quitaría a Pep Guardiola el invicto en el Santiago Bernabéu.

Sí: 80 por ciento Bayern Múnich tuvo el cogote del madridismo en el puño. Pero sólo lo dejó sin aliento.

El Real Madrid, cierto, sin los aranceles de belleza, espectacularidad y protagonismo que se le exigen, que deben ser indispensables de acuerdo a su alcurnia, al linaje de sus Nueve Orejonas Cautivas en la sala de trofeos, pero, con el rostro pálido de soponcios, sacó la victoria.

En el lenguaje callejero, se describe sin complicaciones: gandalla mata carita.

Fue, este enmarañado juego del miércoles en la Ida de Semifinales de la Champions, un reencuentro. Fue reeditar una vieja historia entre dos protagonistas.

1.- Pep Guardiola, con nuevas huestes, acosa, somete, arrincona, amontona, desespera, amenaza, con el bordado de la pelota tendiendo perímetros invisibles en la cancha, preciosistas a veces, pero inútiles si la jugada suprema del gol no llega. Y esta vez no llegó.

El Bayern Múnich usó y abusó del rococó. En ese fino y delicado entretejido del futbol pretencioso llegó a bordar chambritas, pero nunca llegó a dar a luz al bebé en la portería madridista para que las vistiera.

2.- Y el Real Madrid resiste ante ese mismo caudillo que cuando dirigió la orquesta del Barcelona, los ponía al borde de la histeria, la cólera y las ganas de perpetrar un asesinato. Esta vez los merengues no recurrieron a artilugios y tretas que rayaran o tachonaran el reglamento.

Hubo fuerza, porque es futbol entre colosos físicos de ambos lados. Y hubo testosterona, pero nunca llegó el amaño extremo de otros tiempos, cuando José Mourinho inoculaba a su grupo de los pecados capitales para dejar de jugar al futbol, como punto de partido para tratar de ganar un partido de futbol.

Y en una noche consagratoria de los celadores, de los centinelas heroicos, Pepe, Sergio Ramos, Alonso, Coentrao, Carvajal y demás, se sublimaron en el último foso, en el parapeto merengue, para frenar los amagos de Tsunami que en verdad nunca llegaron a devastar la playa madridista.

Y los balones llegaban divididos, comprometidos, indecisos, huérfanos, accidentados, sin que en realidad la poderosa armada alemana pudiera en las áreas siquiera lastimar la fortificación madridista.

Ninguno de los francotiradores alemanes, tan temidos, tan odiados, tan enervantes, pudieron tener tiempo, perfil y espacio para ejercitar sus famosísimos dotes de aniquilamiento.

Cierto, insisto, no es la manera más galante para la historia del Real Madrid sacar una victoria con ese código del espanto acumulado, pero, en tiempos de urgencia, para esta Casa Blanca, el fin justifica todos los medios y todos los miedos.

Guardiola, el Atila ajedrecista, y sus hunos teutones fracasaron en el que se pronosticaba como un asalto desalmado al Bernabeu.

Pero, aunque el 1-0 adverso no es un epitafio, no es una condena de muerte, menos aún para un equipo que organizaba orgías con la sangre de sus eventuales visitantes, lo cierto es que Real Madrid se ha convencido a sí mismo, con el acto de resistencia del Juego de Ida, de que hay aún una ruta abierta y esperanzadora para llevar ese Décimo Cáliz a la Capilla del Bernabéu.

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León vs. BolívarEFELeón quedó eliminado de los octavos de final de la Copa Libertadores al empatar con Bolivar 1-1
LOS ÁNGELES -- En el Estadio Hernando Siles de La Paz, entre el paroxismo festivo del Bolívar y su muchedumbre regocijada, hubo un funeral múltiple.

1.- El León es eliminado de la Copa Libertadores. Lo peor: se murió de nada. Debe ser el peor partido de esta nueva era. Sume usted: 67 balones equivocados en jugadas de segunda intención, es decir con balón controlado.

El León fascinante, letal, que jugaba como gigoló en alcobas ajenas, y sudaba y peleaba y mordía como mastín cebado defendiendo al dueño, se extravió en alguna parte.

Acaso en los laberintos de los viajes, los juegos y el cansancio, o acaso en los recovecos de la campeonitis, y hasta en la confusión neuronal de los discursos cruzados de su propio entrenador.

2.- Y quien termina por hundir el barco que ya zozobraba, pero para entonces aún no naufragaba, es su propio capitán.

Como tantas otras veces, con tantas otras camisetas, en tantos momentos clave, en los clímax de tantas otras competencias, y cuando su equipo más lo requería, Rafa Márquez se hace expulsar por una agresión que reúne todos los agravantes, pero no los de un delito (premeditación, alevosía y ventaja), sino los de un acto de traición.

Había sido el mejor jugador del León. Ponía calma, sabiduría, experiencia, anticipación, orden, claridad. Y por tanto, Márquez, era el último bastión de una proeza, hasta que eligió ser el Judas del Calvario de sus propios apóstoles.

Una agresión artera, innecesaria, torpe, descabellada. Y se gana la expulsión. Es el capitán del León. Fue clave en el campeonato conseguido. Pero hay más. Es el capitán del Tri. En pronunciamiento de Miguel Herrera, son él y 22 más los que irán al Mundial de Brasil.

Y la pregunta es imprescindible: si José de Jesús Corona fue condenado públicamente, y casi por unanimidad, a la hoguera en leña verde por su comportamiento ante Xolos, al grado de cuestionarse su derecho al Mundial, lo de Márquez debe quedar impune e inmune.

3.- ¿Y el tercer féretro es para Gustavo Matosas? El entrenador ha hablado de fecha de caducidad de sus procesos. Ha condicionado su continuidad a la llegada de refuerzos. León tiene un contrato firmado para retenerlo, pero sobre todo debe tener una negociación cordial para encontrar una mutua devoción para seguir juntos.

El legado de Matosas no debe terminar ahí para el León. Voy más allá: el futbol mexicano no debe permitir la salida de este entrenador.

Su trabajo para rescatar y respaldar jugadores, para sacarlos de los botaderos de desechos tóxicos y convertirlos, hasta antes de este juego, en artistas y ganadores, merece el respeto y el reconocimiento.

Dijo ya en Raza Deportiva de ESPNDeportes Radio el mismo Jesús Martínez Jr. que no permitirá la salida de Matosas, y advirtió que no permitiría actos de piratería de equipos que presuntamente quieren seducir al entrenador, como lloviznan versiones de los acechos por casos desesperados de Monterrey y América.

4.- ¿Dónde está el Gullit Peña? Cierto, este martes le tundieron, y la cancha era una emboscada para su futbol, pero igual, dio tan poco a la ofensiva, y sacrificó tan poco a la defensiva, que a la distancia, y hasta por el parecido físico y las torpezas que perpetraba, uno podía confundirlo con un habitual enemigo del balón como Joel Huiqui.

Y alguien debe rescatar a este jugador. No es sólo una mala noche, había ya un asomo de declive en su rendimiento. Y el jugador que se robó Liga y elogios, que marcó diferencias e ilusiones en la selección, no puede morir, como murió su mismo León, de absolutamente nada, en el Hernando Siles.

Porque además, los jugadores que lograron rescatar al equipo, en una lucha titánica, fueron Montes, Aris y Vázquez, especialmente ante el estado catatónico de Gullit y el acto de traición de Márquez.

Sí, con Bolívar como Ministro de Santos Óleos, y una merecida clasificación a Cuartos de Final de la Libertadores se oficiaron cuatro funerales. Uno de ellos irrevocable e irrefutable: el del León, pero los otros tres, tienen aún la esperanza de pasar primero a terapia intensiva, antes de cerrar los sarcófagos.

Y no sólo por el bien del León, sino del propio futbol mexicano.

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LOS ÁNGELES.- Difícil bajar del patíbulo a quien no es inocente. A quien sólo ganó un título en México, y en acto de alta traición despojó de crédito y mérito a su amigo y paisano Alberto Jorge, quien técnicamente corona a Toluca. "Ese título es mío, no de él", dijo Ricardo La Volpe.

Difícil escurrir del cadalso a alguien que defraudó a Boca Juniors, que embaucó a Costa Rica, y que ha extorsionado con la moneda del ilusionismo a una decena de clubes, incluyendo a su amado Banfield, del que se fue entre apestoso azufre a sospechas.

Difícil exculparlo cuando insiste en vivir de un 2005 maravilloso con el Tri, equiparable al 2011-2012 del Chepo, sin la filigrana de los elogios colgándole como latas escandalosas en auto de recién casados.

Difícil convertirse en Abogado del Diablo, cuando en este espacio se fiscaliza y se le encausa por sus 11 años encauzados al fracaso, pues su único título fue una Copa de Oro en 2003, jugando la Final al mediodía en el Estadio Azteca ante Brasil.

La Volpe hizo una proclama que endulzó, que empalagó, que hizo fantasear a la afición rojiblanca: "cuando (Chivas) sea sólido, jugaremos como el Barcelona".

Y los contrastes. Los seguidores del Rebaño se bebieron la promesa y quedaron en estado de embriaguez extrasensorial, hasta que de un severo sopapo Pumas los sacó del espejismo y los colocó en la cruda realidad.

Los opositores del Rebaño, rieron y recibieron, de los mismos Pumas, la indulgencia para carcajearse de la promulgación lavolpista de hacer un clon rojiblanco del Barcelona de Pep. La Volpe ha entregado equipos espectaculares, así como también, para no alterar la tónica, fracasos espectaculares.

Pero, en un afán indefendible por defender lo indefendible, remitámonos a sus lapsos fascinantes, e incluso olvidémonos de esa aparente bipolaridad en sus acciones y reacciones.

1.- Hizo campeón al Atlante en 1993. Un equipo espectacular, pero ojo, la perfección en ese equipo, la alcanzó un año antes. El Atlante de la temporada 1991-1992 era cautivante en la cancha.

¿Era el Barcelona de Pep Guardiola? Ni remotamente, pero indiscutiblemente ha sido el más agradable en las canchas mexicanas en los últimos años. Pero no fue campeón. Lo eliminó Cruz Azul en Cuartos de Final a pesar de un global de 5-5.

El de 92-93 fue igualmente generoso, pero no fue tan preciosista, menos aún en Liguilla, aunque mucho más efectivo, eficiente, práctico e implacable: marcó 79 goles, y en la Final termina sentenciando 0-3 a Monterrey en el Tecnológico.

En esa forma de jugar. La Volpe consagró una tripleta goleadora. En 91-92 con Rubén Omar Romano (11), Daniel Guzmán (22) y Luis Miguel Salvador (11). Al año siguiente, sin Romano en la cancha, y con Pedro Massacessi al mando, en un enroque al frente, Salvador anota 25 y Guzmán 19.

2.- La afición del Atlas no olvida la primera época de La Volpe, al convertirlo en la versión más apegada a su historia y raíces, con las distinciones que le han acompañado como "La Academia" o "Los amigos del balón".

No, ese Atlas no era el Barcelona, pero era una invitación, también, para verlo jugar cada semana.

3.- ¿Y el Toluca que le hereda a Alberto Jorge y que estuvo a punto de arruinar Wilson Graniolatti en su breve impasse?

La Volpe dejó su sello especialmente en un jugador: José Saturnino Cardozo. Sin sacarlo del área totalmente, lo reubicó en todo ese perímetro.

El paraguayo tuvo su mejor año y en ese Apertura 2002 marcó 36 goles en un total de 25 partidos. Los Diablos Rojos marcaron tres goles o más en 13 de esos 25 juegos.

Y el mismo sello: ver al Toluca cada semana era una obligación, especialmente porque el grupo se reforzaba con el floreciente Sinha y Vicente Sánchez, quien, irónicamente, fue el único expulsado del equipo en 25 juegos.

En ese momento no había duda: La Volpe era el técnico que debía llegar al Tri, como al final ocurrió, en medio de la histeria de Hugo Sánchez.

En medio pues de estos 11 años de no ganar absolutamente nada, de desfalcos deportivos, de fracasos de proporciones históricas como el de Boca, de defraudar y huir como en Costa Rica, en medio de todo eso La Volpe tiene como abono esas temporadas con Atlante, Atlas y Toluca, equipos de regocijo.

¿Puede entonces resucitar a Chivas?

A veces ocurre que el protagonista se traga al individuo. Es un acto natural de la antinatural egolatría.

Pero, en La Volpe pasa al revés: el individuo se traga al protagonista, al entrenador. Sus desviaciones hormonales hacia la deliciosa seducción de la vanidad, terminan desvirtuando al propio técnico. Y su fanfarrón y petulante Mr. Hyde asesina al brillante Dr. Jekyll.

Seguramente confundido entre la ambición y el engreimiento y la altivez, La Volpe deberá entender algún día la reflexión del francés Honorato de Balzac: "Hay que dejar la vanidad a los que no tienen otra cosa que exhibir".

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LOS ÁNGELES -- "Si Jesucristo no pudo renunciar a ser Dios que se puede esperar de los hombres". Una frase, una verdad absoluta, pero sin autor que la reclame.

Y pasa. Hasta en un cosmos lúdico y poco lúcido como el futbol. Y si el altar pagano se quedó vacío, el atrio pagano, también.

Messi se derrumbó del pedestal. Los semidioses también tienen rodillas de barro.

Y nadie está preparado para la imperfección de los perfectos. Y menos, claro, ellos mismos.

Pero Lionel no se desplomó porque el universo se cimbró. Más bien, el universo se cimbró por su caída.

¿Qué dolerá más a Messi? ¿Qué le dolerá más en la metamorfosis pública de ir de hijo prodigio a hijo pródigo?

1.- ¿El estrepitoso impacto ante el espejo sincero que le relata su propia endeblez y fragilidad? A los dioses los construye el fanatismo y los destruye el fanatismo. Son artesanías de sus mejores momentos y ruinas de sus malos momentos.

2.- ¿O le flagelará más a Lionel el abandono masivo de su corte? Los advenedizos huyeron. Las legiones de iconoclastas que compraron el hábito azulgrana hoy guardan silencio. Un silencio bruno, colapsado.

Messi, el malabarista prodigioso de pies vertiginosos, tahúres, ventajistas, letales, prestidigitadores y ladinos, ha dejado de tirar magia.

Y como pasa con los dioses y los semidioses, cuando se desvanecen los milagros, se desvanece la fe. Los fervorosos de los humanos deificados, de los seres sacralizados, chantajean: exigen un prodigio cada día, para entregar su lealtad cada día.

Pero Messi se ha ido de la cancha. Y los eventuales, los oportunistas adoradores no se conforman con la iconografía de sus grandes hazañas. Quieren más, y si no ocurre, ellos se hacen menos.

¿Qué pasa con Messi? ¿Dónde se escondió la conflagración azulgrana que en segundos hacía estallar la trinchera del adversario con pincelazos prodigiosos? Porque eso solía ser Messi: sembraba muerte y terror deportiva, pero con matices del arco iris. No dejaba luto, dejaba fiesta.

Los mitos desatan su propia mitología. En torno a Messi, cada quien desmenuza las penurias del jugador portentoso.

Colguemos las lenguas viperinas, las nuestras, las suyas, las de todos, para que destilen verdades que no son absolutas, e incluso algunas que tal vez no sean ni verdades, pero en la fantasía de la especulación, la aberración cotiza mejor que la sensatez. ¿O no?

1.- Que Messi abandona al Barcelona porque se cuida para la Copa del Mundo. Que renuncia a la gloria inmediata del equipo que le paga, para buscar la gloria suprema con la nación a la que él se debe.

Hay versiones argentinas que aseguran que hay un preparador físico y un enviado del cuerpo técnico, que trabajan por separado con Messi, en la misma complacencia del Barcelona, con la única meta de optimizar todo ese armamento para aniquilar a los adversarios mundialistas como caudillo albiceleste.

2.- Que el trabalenguas de la renovación de su contrato, que arrastra ya tres meses de demora y pláticas, le pone la cabeza en un mundo que nunca le ha preocupado en lo absoluto: el dinero, que, sin embargo sí regentea la avidez de su familia.

La ambición de su clan, erosiona las ambiciones primarias, sencillas, frívolas de Messi: jugar al futbol, o, perdón, seguir inventando el mundo con un balón de futbol.

3.- Y hasta se le conceden atributos que no embonan con ese rostro taciturno, distraído, y menos aún con esa proclividad más al silencio que a la verbosidad o la elocuencia.

Difícil concebir un personaje paralelo al Messi que uno cree ver, pero, insinúan, que es un tipo autócrata, dictador, intolerante, conspirador, manipulador, y que taimadamente urde los destinos de sus entrenadores y jugadores.

4.- Hay incluso versiones que hablan de nefastos vicios gastronómicos, tras haber traicionado la pureza dietética a la que lo obligaba un comando nutricionista de tiempo completo en la época épica de Pep Guardiola.

5.- Y otras versiones, más recatadas, más íntimas, más confidenciales, cuchichean sobre algunos recovecos mentales del genial futbolista, que le juegan una mala pasada, y entre la ansiedad, las presiones, las tensiones y el descarnado ambiente de expectativas, Messi se recluye.

Lo cierto es que el prodigio ya no se prodiga en la cancha. Se aisló total y absolutamente en uno de esos escenarios que él más disfrutaba.

Como cazador consumado, Messi siempre había reaccionado de manera implacable ante una presa suprema para el barcelonismo como lo es el Real Madrid. El miércoles, Messi fue tragado por la que presuntamente sería su víctima propiciatoria. Cazador cazado.

Ni un amague. Ningún disparo peligroso. Ni un servicio venenoso medido. Ni un arrebato de furia. Ni un desplante desparpajado del artesano del futbol.

Ni siquiera una falta de esas de cárcel, condenables y censurables, de esas que siempre recibe, ninguna de ellas mereció esta vez del Real Madrid.

Como lo dijo burlonamente el mismo Pepe: "¿Messi? ¡No lo vi!".

Aunque el hombre ha crecido creyendo en dioses que no ve, en el futbol la teología se vuelve más exigente: exige que se le maraville con un milagro con el balón, para refrendar, para confirmar sus votos de fe.

Y el Messi-as hoy descubre su ordinariez, y con él, un equipo completo.

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LOS ÁNGELES -- La frase se cae de genuina y de podrida. Apesta a obviedad. Y tantos años después: 16, para ser exactos.

"El futbol mexicano debe aprender a jugar la Copa Libertadores de América".

Cuando México comenzó en 1998 a participar en Copa Libertadores, vía los enfrentamientos eliminatorios de PreLibertadores con Venezuela, Eduardo Aguirre, brazo visible de Alejandro Burillo Azcárraga, hizo esa advertencia.

Y 16 años después de que Burillo encontró ese atajo para que México entrara a la Libertadores, la sentencia sigue vigente. Y parece ya casi un conjuro.

León y Santos están heridos. No de muerte, pero quedaron emplazados y en desventaja para los juegos de vuelta.

Los dos están obligados a ganar o a esperar estrambóticas combinaciones de empates en el global. Es decir, deberán jugar a la ruleta rusa.

Ojo: el aprendizaje ha sido doloroso. Pero, al final, la frase de Aguirre tal vez deba ser modificada ligeramente: es el futbolista mexicano quien debe aprender a jugar la Copa Libertadores.

Hubo tiempos en que el arbitraje era señalado como el verdugo recurrente de los equipos mexicanos. Y por momentos fue cierto. Irrefutablemente cierto. Pero eso ha cambiado.

Recordemos el caso de Xolos en la edición anterior. Le marcaron de visitante el penalti consagratorio. Ni cómo culpar al juez. ¿A quién se le ocurrió que lo tirara Duvier, tras sus sabidos Fiascos en los cobros?

Y esta vez, Mauro Boselli usa la garra prohibida del León para conseguir de manera angustiosa un 2-2 ante Bolívar que los envía al techo del mundo a jugarse la vida con esa obligación de ganar. Si Amarilla decidió equivocarse lo hizo a favor del equipo mexicano.

¿Y en Santos ante Lanús? ¿La decisión arbitral de compensar cinco minutos debe interpretarse como una garantía de emboscada o de celada contra los laguneros? Absolutamente no.

Al final, queda claro, a los clubes mexicanos les faltó experiencia, les faltó oficio, les faltó cancha.

Tal vez marque la gran diferencia entre el paso de Xolos en aquella Libertadores, y el de Santos y León en esta, el tener a jugadores de piel curtida, mañosa, astuta, con sangre fría, como dos caudillos en esos momentos: Pellerano y Gandolfi, futbolistas de peso en esos instantes clave, y futbolistas con los que no cuentan los dos actuales emisarios.

Las anotaciones del Bolívar son atribuibles a coberturas y marcaciones totalmente bobaliconas. Sin Rafa Márquez, con ese diplomado europeo con que cuenta, fue fácil chamaquear a la zaga leonesa, además de una voz de mando en momentos de apremio.

Con Santos no fue distinto. ¿Es concebible que en una jugada tan anunciada, con segundos de limosna agregados por el árbitro, el equipo se desconcentre e incluso no sea capaz de elegir meter a todos sus jugadores en el área? ¿Esperaban un contragolpe? ¿Pecado inconfundible de bobaliconería por parte de Santos y de sus banca?

¿Están condenados? Llegan a los juegos de vuelta en condiciones totalmente distintas.

León practicará el alpinismo hasta llegar al rascacielos natural para el Juego de Vuelta, pero deberá encarar además la paciencia astuta y ladina de su adversario. El 0-0 clasifica a Bolívar. León debe ir por el triunfo. Su visita en la fase de grupos fue bastante grata. Tuvo posibilidades de gol, con momentos de dominio, pero, como ocurrió este miércoles, desperdició.

No está muerto, pero deberá jugar un partido que raye en lo perfecto. Y ese privilegio parece que lo ha perdido el León.

¿Santos? También tiene condicionado su futuro a una victoria, pero no debe por ventaja mínima y sin permitir dos goles o más del visitante.

Los Guerreros han dejado constancia de poder ser implacables en su cancha, pero ahora deberán ser además eficientes.

Al final el destino particular alcanzó a León y Santos y deberán jugar a la Ruleta Rusa, es decir, en esa anémica línea en la que un error es sentencia de muerte.

Y al final, les alcanza el destino con 16 años de vigencia como condena: "el futbol mexicano debe aprender a jugar la Copa Libertadores de América".

Sin duda, esas palabras de Eduardo Aguirre, más que una sentencia, parecen una maldición.

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LOS ÁNGELES -- La victoria se viste de gala con la sangre del rival.

No hay gloria suprema sin la glorificación de la víctima.

La exaltación sublime del vencedor se inmortaliza con la bravura del vencido.

Sólo algo entristece la felicidad climática del triunfador: la indignidad del caído.

Nada puede objetársele a la coronación del Real Madrid. Nada puede percudir la efervescencia de su conquista.

La Corte Blanca fue superior al Barcelona. Por muchos momentums, fue una batalla desigual.

La respuesta de los catalanes era en automático. Era un rezongo o un acto impulsivo más que una reacción consciente del equipo que había acostumbrado a ganar todas las discusiones con el bellísimo lenguaje del futbol preciosista.

La respuesta de los azulgranas era un espasmo muscular del estertor de una derrota inminente. Era apenas el pálido derecho a la última exhalación antes de la muerte. Así respondía el Barcelona.

Real Madrid perdonó en varias ocasiones con imprecisiones en el disparo, o en la elección equivocada de la jugada final por parte de Bale, de Benzema, de Modric, de todos.

El Paladín de la Casa Blanca sufría en la tribuna, exiliado por una lesión, mientras que el Cid de La Masía vegetaba, rumiaba, merodeaba, se aislaba del compromiso, del desafío, del reclamo, de la obligación, de las exigencias, en una actitud incomprensible que pasaba de lo taciturno a lo indiferente, como su todo él estuviera laxo tras una crisis de epilepsia.

Mientras Cristiano Ronaldo oscilaba entre la ansiedad y el gozo, Messi estaba ensimismado en los espejismos de Brasil 2014, y empeñaba, de paso, su derecho a tutearse con los que nunca trasgredieron el honor de la competencia, ni el pacto gremial y gregario con club, compañeros y afición, como Pelé, Maradona o Garrincha.

El Messi de hoy no puede codearse con los mesías legendarios del futbol.

Y en medio del arrebato, de la explosividad, del fervor y la fruición del Madrid por pelear a muerte una guerra, se encontró con un equipo diezmado, porque su Diez retozaba en los pastizales de su imaginación mundialista traicionando sus deberes inmediatos.

Argentina puede y debe esperar a junio, pero hoy Argentina debe estar tanto o más preocupada que el Barcelona.

Cierto: el Madrid jugó con el marcador, desesperó al adversario; incluso se enconchó, aguardó, resistió, y hasta se divirtió en la torpe obsesión de los culés por tratar de matar por arriba a la muralla blanca que sólo fue horadada cuando se vio muy merengue, muy blandengue, en la marca sobre Bartra.

Pero las condiciones, el guión, la trama del partido, desde el arranque del juego, fue escrito en la banca blanca.

Ancelotti ya había llegado al punto final de la obra, cuando Martino aún estaba patéticamente confundido en los puntos suspensivos del misterio...

En una semana, el saco lleno de sueños del Barcelona se llenó de pesadillas. El Triángulo de las Bermudas se devoró Cataluña. Adiós prácticamente a la Liga, ha sido echado de la Champions y terminó siendo el podio, sobre el cual pisó y se enderezó la figura de Iker Casillas, para levantar la Copa del Rey.

Y así es: nada que objetarle al Real Madrid. Si su preclara consumación de superioridad con el trofeo en ofrenda tiene una mancha de indignidad, esta se la dejaron ahí Barcelona y Messi, quienes fueron víctimas que no estuvieron a la altura de sus verdugos.

Coincidirá pues que sí, que es indigna la coronación del Real Madrid, pero no por la honra y el pundonor inmaculados de la Casa Blanca, sino porque el supuesto Messi-as y La Masía nunca pudieron mirarle a los ojos.

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LOS ÁNGELES.- Corona puede quedarse sin corona. El portero de Cruz Azul se lleva tres juegos de suspensión. No jugará los dos encuentros de la Final de la Concachampions, ni el primer juego del Mundial de Clubes, en la eventualidad de que La Máquina pueda vencer al Toluca.

El veredicto de Concacaf explica que "la suspensión adicional (dos juegos) se impuso como castigo por conducta antideportiva, específicamente en el uso de un lenguaje provocador y de gesticulaciones empleados con el motivo de incitar a un oponente".

Es decir: la roja se la lleva Jesús Corona por rijoso, la suspensión agregada por bravucón.

Si Cruz Azul gana, técnicamente, Jesús Corona será campeón de Concachampions, pero disciplinariamente no podrá dar la vuelta olímpica, ni recibir la medalla ni besar el trofeo.

Ahora, la responsabilidad total es para Guillermo Allison. Si el suplente tiene una jornada memorable, y respalda la eventual coronación de Cruz Azul, podrá ostentar el mérito pleno.

Ojo: en las perversidades del futbol, si Allison es rebasado por el reto y la presión, las consecuencias eventuales de un nuevo desastre celeste, inevitablemente terminará salpicando a Corona.

Ya de hecho cometió equivocaciones por nerviosismo, desatención y desubicación en el 2-2 frente a Pachuca el fin de semana pasado.

Lamentablemente, para el mejor portero en México, la polaridad de circunstancias lo castiga.

Será actor pasivo y responsable del desenlace de una Final que no podrá jugar: si Allison está a la altura del reto, la conclusión es que Corona no es indispensable, pero si Allison se equivoca, Corona corre riesgo de ser crucificado por sus exabruptos en el Juego de Vuelta ante Xolos.

Aquí hay materias pendientes todavía, y en espera de las sanciones finales que pueda imponer Concacaf a los Xolos de Tijuana, porque a varios de ellos los videos los consignan como pandilleros, en especial al entrenador César Farías, quien se evidenció como camorrero y lamentablemente en actitud señoritera se quejó de arañazos en la conferencia de prensa posterior.

Partamos de un principio irrefutable, José de Jesús Corona se equivocó. Se volvió a equivocar, pero...

1.- Evidentemente el reporte del árbitro es lapidario. Paul Delgadillo hace una recopilación de interpretaciones y las plasma en la cédula. La pregunta prevalece: ¿el silbante se dejó llevar por los antecedentes de Corona en el futbol mexicano o se limitó estrictamente a lo ocurrido en el juego?

2.- Porque si Delgadillo reporta a Corona por "conducta antideportiva, específicamente en el uso de un lenguaje provocador y de gesticulaciones empleados con el motivo de incitar a un oponente", esas actitudes, sin duda, al menos una decena de participantes más en la bronca, de ambos equipos, hicieron lo mismo.

3.- Ojo, y esto lo ha dejado en claro la Comisión Disciplinaria de FIFA en varias ocasiones (Balotelli, Suárez, Drogba, Pepe, Ramos, Mourinho, Henry, etc.): los castigos o conductas de jugadores o técnicos no se deben mezclar en torneos diferentes para castigar.

Es decir, conforme a FIFA, los pecados de Corona en la Liga MuyEquis o en su comportamiento personal en bares de segunda, no deberían influir en el criterio y juicio para un torneo de la Concacaf. ¿Supo desintoxicarse, supo desinfectarse de esos prejuicios Delgadillo o por el contrario se perfumó de esa malignidad?

Pero, recuperemos circunstancias: Jesús Corona ya sabía, y esta vez le queda claro, no tiene derecho a equivocarse, y rescato y retraigo aquel criterio injusto y popular de "mata un perro y te dirán mataperros".

Decía el activista estadounidense Ralph Nader, que "tu mejor maestro es tu último error", y Corona sabe que vive en una casa de cristal.

Pero que, además, será castigado conforme a reglamento, y si se puede, y debe cargar con ello, será usado como chivo expiatorio.

Se pregunta el portugués José Saramargo "para qué sirve el arrepentimiento, si eso no borra nada de lo que ha pasado. El arrepentimiento mejor, es sencillamente cambiar", y en ese sentido, aparentemente, para la mayoría, José de Jesús Corona sigue dejando dudas. Vaya, no sólo dudas, sino hasta sospechas.

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LOS ÁNGELES.- Atlante vivió la primera de sus tres muertes. El descenso por veredicto del sentido común: necesita hacer más goles en dos partidos que los hechos en sus dos últimos años de vida.

Aún faltan sus exequias por su descenso aritmético, el oficial. El acta de defunción notariada, la llave macabra del descenso. El exilio del Atlante.

Y el último deceso, el aniquilamiento final, el más desolador: el olvido, ese limbo donde el epígrafe y el epitafio se confunden.

Con el obituario pendiente, porque en su obsesión de morirse se olvidó de escribirlo, este tercer descenso del Atlante se consuma y se consume en un solemne misterio: ¿es un suicido o una eutanasia? ¿O ambos?

Al final, ambos, suicidio y eutanasia, son un acto de liberación.

Uno, el primero, es inducido por la cobardía que jala el gatillo. La otra, la segunda, como un hipócrita eufemismo de piedad.

Los dos son, también, un desenlace de fracaso, de impotencia, de quienes tuvieron en su mano la vacuna, la medicina, y con su desdén, eligieron o ayudarlo a matarse o a bien morir.

Vivieron como rémoras y terminaron como chacales. Mientras necesitaron del Atlante, mientras mamaron esas ubres hasta dejarlas tan secas como de una nonagenaria infértil, mientras tanto y hasta entonces, los parásitos con atuendo de benefactores le chuparon la médula.

Y hay tres nombres, con distintos pero igualmente aviesos intereses.

1.- Alejandro Burillo Azcárraga, que usó y abusó del Atlante para todos sus fines, menos el económico, pues la cuna le entregó la tajada heredada del imperio televisivo.

2.- José Antonio García, quien tras su bancarrota financiera diversa por sus excesos inmorales, encontró la bendición entre las alforjas de Burillo y los negocios del Atlante. Sabiendo de futbol, encontró los caminos para vivir de él, con él, por él, pero no para él.

3.- Miguel Ángel Couchonnal. Los pecados de los dos anteriores, y otros más, es tal vez, en esa mezcla de voracidad e impiedad el más responsable por su irresponsabilidad afectiva al equipo.

En la bellísima pieza Paso del Norte, Juan Rulfo sentencia: "Apréndete esto, hijo: en el nidal nuevo hay que dejar un huevo. Cuando te aletié la vejez aprenderás a vivir, sabrás que los hijos se te van, que no te agradecen nada; que se comen hasta tu recuerdo".

Los hijos del Atlante lo confirman: Burillo, Couchonnal y García. Entraña negra con sangre negra. Se han comido hasta el recuerdo del Atlante.

Por eso el misterio: ¿suicidio o eutanasia? ¿o ambos?

El Atlante no muere a manos de los que pusieron sus pies en la cancha ante Santos. Ni en los 14 juegos anteriores.

Atlante empezó a morir el día de su advenimiento como Ave Fénix. Empezó a morir el 9 de diciembre de 2007. El día que fue campeón.

Voraces, insaciables, los azulgranas Jinetes del Apocalipsis, de cuello blanco y muñequeras negras, empezaron a tragarse a la accidental e inesperada gallina de los huevos de oro. Tardaron siete años.

No lo hicieron solos: hastiados, hartos de hacer negocio en compra y venta de jugadores, y prenderse como parásitos del cordón umbilical de Quintana Roo, encima eligen, de entre su propia prole, a los engendros más incapacitados y discapacitados para que dirijan al Atlante.

Lo dice bien Juan Rulfo: tras atragantarse hasta de su recuerdo, lo arrojaron al abandono.

¿Resucitará el Atlante? Tal vez esté más cerca de la muerte eterna.

Porque, al final, ¿cuántos dolientes hay desde la noche del domingo ante la autopsia azulgrana? ¿Cientos? ¿Miles? Al final sus ilusiones terminan más contritas ante la tumba que eufóricas ante el altar.

Tal vez lo mejor para los atlantistas es entender en qué han convertido Burillo, Couchonnal y García al Atlante.

Y tal vez en Pedro Páramo, Juan Rulfo lo testimonia de manera implacable e impecable: "Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de su aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo".

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LOS ÁNGELES -- Son unas semifinales que estremecen las más bajas pasiones. Porque en las semifinales de la Champions hay cicatrices. Y hay heridas abiertas. Hay rencores.

Guardiola y Mourinho
EFEGuardiola y Mourinho serán 'aliados' contra la capital española
Y lo más importante: esas guerras abiertas y pendientes se libran con futbol y entre futbolistas.

Es decir, las más insanas de las pasiones, en la cancha, se higienizan... o casi.

Pero lo cierto es que Madrid, la ciudad, la Meca futbolística de Europa en estos momentos por mayoría en semifinales, será sitiada por dos tipos y sus huestes, que tienen una acendrada repulsa a todo madridismo y a todo madridista.

1.- Bayern Munich ante Real Madrid. Es decir, Pep Guardiola contra la glamorosa bestia vestida de etiqueta blanca, y a la que tuvo comiendo de su mano prácticamente durante toda su gestión barcelonista. Y el madridismo no olvida. Y Guardiola nunca se saciará, como catalán civil y futbolista, de colgar en su sala de trofeos la zalea merengue.

2.- Chelsea y Atlético de Madrid. Mismos dogmas, distintos senderos. Un técnico se calza botas militares, ejerce la dictadura y los dota de bayonetas. El otro se calza sandalias y busca apóstoles solidarios, pero al final, también con bayoneta. Mourinho los trata de inútiles para sublevarlos y convertirlos en los mejores del mundo; el Cholo Simeone los sublima y los convence de ser los mejores de Europa.

Pero en cada uno de los cuatro equipos hay artistas, aunque en la primera de las citas, parece que el mejor dotado de todos estará ausente: Cristiano Ronaldo, a quien los médicos merengues, y el propio instinto de conservación mundialista del jugador, le reservan rehabilitación y reposo mesurados.

Por un lado, Guardiola presenta a un Bayern Munich mejorado, en una expresión superior incluso a la de su mejor Barcelona. No tiene la exquisitez de los mejores años de los azulgranas tal vez, pero le quitó el rococó y le puso vértigo.

La mejor noticia es que ni Ancelotti ni Guardiola promulgan principios de rudeza y aniquilación para anular al adversario.

De hecho, sería hasta un acto de candidez suicida el que Ancelotti se atreviera a confrontar tête-à-tête, cara a cara, y más aún si en la primera entrevista no cuenta con el jugador perfecto (no el futbolista perfecto), como lo es CR7. Pero, para bendición del espectáculo, el italiano sabe que puede orillar a sus hombres a marcar, pero no a destruir.

Y si bien es evidente que la diferencia en esta Semifinal la marca el volumen de equipo, las desventajas a nivel individual serán determinantes.

Y empecemos por los pasadizos que le gusta explotar a Guardiola y que puede hacerlo mejor con este colectivo alemán que con el Barcelona, por principios de velocidad y verticalidad: ¿Ribery y Robben pueden ser contenidos por Carvajal y Marcelo? Parece imposible.

Incluso, revisando al Real Madrid sin CR7, y con Benzemá (y su inconsistencia) como único poderoso argumento ofensivo, Guardiola sabe que mantiene a Lahm en la versatilidad que le ofrece, al proyectarlo como el mejor jugador de su especie, sin necesidad de refundirlo en un costado de la cancha.

Y el Real Madrid tiene dos antecedentes en contra, que poco pesan, cierto, porque los técnicos y los jugadores han cambiado: le duele el futbol alemán y le duele la capacidad para localizar sus puntos frágiles, cuando está enfrente el acupunturista Pep Guardiola.

¿En la otra Semifinal de la Champions? Olvídese de botanas y bebidas si quiere disfrutar la conflagración entre Atlético de Madrid y Chelsea, bajo la erudición de dos nazarenos beligerantes y con un sello de hostilidad en cada pelota y en cada segundo.

Es una cita para observarla más que para verla; para escudriñarla, más que para contemplarla. Es un duelo perturbadoramente marcado por el principio de la cero tolerancia, y en la que la disciplina fervorosa de cada jugador irá determinando el desenlace.

Ojo: tal vez no haya un desfile de alaridos, pero seguramente sí habrá una intensidad física, muscular, en la que adrenalina, testosterona y rigor marcarán cada pelota, pasando por la bendición de que además hay buenos futbolistas, que en el mano a mano romperán los códigos estrictos.

Lo cierto es que Madrid, como Meca del futbol, será asediada implacablemente por dos consagrados y confesos antimadridistas: Mourinho y Guardiola.

Ironías o maquiavelismos del destino, pero dos enemigos a muerte, Mou y Pep, son hoy secuaces para hundir a una ciudad y a sus ilusiones futbolísticas.

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LOS ÁNGELES.- Jesús se niega a bajarse de su Cruz y acepta una nueva Corona de espinas. Y de nuevo, en el umbral de una Copa del Mundo.

¿Es el portero de Cruz Azul el auténtico villano de la zacapela del miércoles por la noche?

¿Alguien puede exonerar los pasajes previos de Gandolfi y Pellerano? ¿Y la estulticia arbitral al perdonarle la vida a Cirilo Saucedo desde el primer tiempo?

¿Merece Jesús Corona ser procesado, enjuiciado, sentenciado como un psicópata por sus recurrentes actos de violencia dentro y fuera de la cancha?

Jesús Corona se equivoca en su reacción, especialmente con el historial que le acompaña.

En México, el principio popular, incorrecto, indebido, de justicia, se desprende del refranero: "Mata un perro y te dirán mataperros".

Y bajo ese precepto se prejuzga y se juzga, lo cual no garantiza justicia.

El drama se vive en dos actos: primero Gandolfi lo provoca ya en la agonía del juego, y el portero, instintiva, pero indebidamente, levanta el brazo derecho, como acto reflejo de protección.

Evidente e inevitablemente, colocar el codo cerca del pescuezo del envalentonado Gandolfi, se interpreta como un acto agresivo de Corona más que represivo o defensivo. Y en la caldera efervescente y en ebullición en que se había convertido el desenlace del juego, sólo se necesitaba una chispa para desatar la conflagración.

Tras una aparente tregua, más que calma, al final del partido, la reyerta renace. Tras el armisticio involuntario, la batalla regresa.

Pellerano diría después que Corona se burlaba de los Xolos, tras eliminarlos de la Concachampions, y que por eso encaró al portero de Cruz Azul, y que por eso perpetró uno de los actos de mayor bajeza entre seres humanos: escupió al portero. Nada justifica ni indulta ni al provocador ni al provocado.

Cruz Azul apela una sanción que aún no conoce. Ha enviado un video para demostrar que no hay agresión de Corona, lo cual es, conforme a este testimonio, totalmente cierto.

El portero no reaccionó bestialmente como lo hizo en un antro contra otro parroquiano, ni como lo hizo de manera brutal contra el preparador físico del Morelia, al cual le reventó la nariz de artero cabezazo, un acto censurado hasta en el salvajismo extremo de las luchas de callejón.

Pero, esta vez, Corona, al menos físicamente, no agredió a nadie. Aunque la mirada colérica aparece en su rostro, el portero de Cruz Azul no embistió a nadie de la manera brutal que lo consignan sus antecedentes.

Esta vez resistió, aguantó, y en la versión de las burlas --lanzas que esgrimen los jugadores de Xolos--, Gerardo Torrado asegura que no hubo tales.

Claro, Torrado no puede decir otra cosa y queda su palabra contra la de Pellerano. Y si hablamos de antecedentes, la proclividad de ambos jugadores a ser amonestados por carniceros, les reduce la credibilidad para hablar de moral.

¿Merece Corona la tarjeta roja que le muestran terminado el juego? Si le fue expedida la expulsión por burlarse del adversario, como lo considera el fatal y deplorable árbitro Paul Delgadillo, la historia cambia radicalmente. Pasa de víctima a villano. De provocado a provocador, aunque, insisto, al final, ninguno puede ser indultado, ni él ni Pellerano.

Y la pregunta que Usted, si llegó hasta estas líneas, debe carcomerle de ansiedad, es ¿debe Jesús Corona ser marginado de la Copa del Mundo de Brasil por este altercado, por alebrestarse en esta pelotera y por ser el gatillo, o al menos uno de los detonantes de la misma?

La suma de hechos no lo absuelve de responsabilidades. Pero la suma de circunstancias, no lo condena como culpable extremo.

Y además, con que catadura moral van a castigar a Corona, si ya el cuerpo técnico del Tri exoneró al Maza Rodríguez por reiterados comportamientos igual de obscenos y ruines, tanto a nivel de selección como a nivel de clubes.

Y no olvidemos cómo el mismo entrenador del seleccionado mexicano, Miguel Herrera es exiliado y marginado del Mundial EEUU '94 por Miguel Mejía Barón, cuando se lleva una expulsión innecesaria por una agresión desleal por la espalda sobre Dolmo Flores en el Estadio Azteca.

Esta decisión de Mejía Barón generó un divorcio total con El Piojo, al grado que el técnico del Tri lo cuestionó públicamente al citarlo como "desviado sexual", y además especificó que piensa hablar con todos los ex entrenadores de México, menos con él.

"Me queda claro que de seguro le gusto (a Miguel Mejía Barón) por sus desviaciones sexuales. De seguro le gusto, porque no para de darme (atacarlo), sólo habla de mí en sus columnas", puntualizó El Piojo cuando aún era técnico del América.

Entonces, es evidente que Corona no va a ser marginado del Mundial por esta serie de zacapelas ante Xolos.

1.- Por puntualizaciones tales como que en ningún momento es un agresor físico, acaso, sí, un deleznable y detestable provocador.

2.- Y si él es marginado por esas circunstancias, entonces tendría que medirse con la misma vara al Maza Rodríguez, sin olvidar entre muchos de sus deslices y dislates, cuando le muestra el dedo del corazón a la afición mexicana que abucheó al Tri en el Azteca.

3.- Y menos aún, cuando seguramente Miguel Herrera verá proyectado su propio purgatorio antes del Mundial de Estados Unidos, por esa agresión artera a Dolmo Flores. Si él arguyó entonces que había sido tratado injustamente, ¿cómo proceder ahora?

Ciertamente, Jesús debió evitar una nueva Corona de espinas.

En ambos conatos, debió escurrirse, debió fingir demencia, alejarse, en lugar de mantener la imagen de duro, de macho, de bravucón, porque al final de cuentas él ya tenía todas las cartas ganadoras en la mano en ese momento: la Final de la Concachampions, la victoria misma y, principalmente, hubiera enviado el mensaje que estaba ya curado de sus arrebatos de ira.

Y a nivel cancha, debe quedar claro: la lucha por la portería titular debe ser entre él, Guillermo Ochoa y Alfredo Talavera.

Aunque siempre quedará la pregunta: ¿por qué ser tolerantes, generosos y compasivos con el portero de Cruz Azul, cuando los otros dos han demostrado siempre nobleza en la cancha?

¿Hay que exonerar al pecador, para imponer penitencia a los inocentes? No se puede salvar a uno del Infierno, para enviar al purgatorio a los otros.

La Parábola del Hijo Pródigo es un buen discurso bíblico pero con un fondo de injusticia detrás.

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Futbol, Mexican Soccer

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