No fue Chicharito, Giovani, tampoco el carácter de una selección y mucho menos la euforia pasional que el equipo provocó en todo Estados Unidos. El más grande descubrimiento de México en esta Copa Oro se llama José Manuel El Chepo de la Torre, el técnico adecuado, que no pierde la ecuanimidad y que demuestra que sabe trabajar y generar armonía a su alrededor.

LOS ANGELES -- "Cuando ganas, demeritan, cuando pierdes, te critican".

La reflexión del lunes es del entrenador de la selección mexicana de futbol, José Manuel Chepo de la Torre y parece la invitación adecuada para tratar de encontrar el "justo equilibrio" que tanto necesita nuestro futbol en estos momentos.

Por un lado, queda claro que esto no puede ni debe tomarse como el despertar o el renacimiento del "Gigante" del área. Que este no supone ser el pretexto adecuado para subirse al carro del triunfo y olvidar los muchos pecados que rodean a nuestro futbol. Que esto no debe utilizarse para soltar las riendas de nuestra imaginación sobre un futbol que tenemos y que no tenemos. No, por favor, que el Oro de la Copa Oro no termine provocando los espejismos históricos que siempre han empeñado al futbol mexicano.

Y por el otro lado, es bueno festejar, es bueno también emocionarse y soñar luego de lo que fue en efecto un regreso valiente y hasta espectacular en la cancha. Es bueno reconocer que México supo recuperarse no una, sino varias veces en el mismo torneo y que al final obtuvo el trofeo de manera brillante y pulcra.

Hay que darle el reconocimiento a José Manuel El Chepo de la Torre y a sus jugadores. Hasta ahí todo bien: México ganó un torneo que tenía por obligación ganar. De paso, lo hizo ante un rival que le ha atormentado en la última época, pero nada más. Hay que guardarse lo bueno y desechar lo que sobra, lo que hace daño y lo que entorpece el futuro mismo de esta selección.

Por fortuna del destino, México cuenta con el hombre adecuado para darnos ese justo equilibrio, con el entrenador que puede ganar o perder en la cancha, pero no que no pierde nunca la ecuanimidad y el sitio que le corresponde. El Chepo le ha dado el orden que tanto buscaba la selección mexicana. En tan solo algunos meses, le devolvió la disciplina y el respeto al entorno de la selección. Se ganó a los sus jugadores, a sus jugadores, que hoy le aclaman como el líder que ejerce la autoridad y que les permite ser futbolistas en todo el contexto de la palabra. Se ganó también a los aficionados, que finalmente reconocen en él a un personaje que sabe hacer su trabajo desde la banca y se ganó el respeto de los dirigentes, esos que en su momento querían a Vucetich y que lo tomaron con una "segunda opción" por los resultados que había cosechado.

El descubrimiento no fue la Copa Oro, una copa que México ya había ganado en el pasado. Tampoco fue Giovani, Chicharito, Barrera o Guardado, una camada de jugadores en la que se sigue teniendo confianza. No, el máximo hallazgo del futbol mexicano se llama José Manuel El Chepo de la Torre.