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Guardiola explicó su decisión de dejar Barcelona

BARCELONA -- Cuentan que cuando desde el club informaron a la familia de Leo Messi de que iban a cesar a Frank Rijkaard (2008) y que Pep Guardiola sería el nuevo entrenador del Barcelona, los Messi fruncieron el ceño. Saber que Tito Vilanova sería la mano derecha del técnico tranquilizó a la familia del argentino. No conocían a Pep, pero sí les constaba que La Pulga guardaba un recuerdo estupendo de Vilanova, su preparador en etapa cadete.

Francesc Vilanova (Bellcaire de l'Empordà, Girona, 1969), conocido como Tito, es un tipo tranquilo, educado y extremadamente discreto. Según sus allegados y exentrenadores, también un hombre de carácter. Tras destacar como futbolista en el Figueres, el Barça lo fichó para las inferiores del club. Como Guardiola, Tito jugaba de centrocampista. Y con apenas 15 años se instaló en La Masia.

En la residencia de las jóvenes promesas azulgrana, hace ya tres décadas, fraguó Vilanova su amistad con Guardiola. Ambos, junto con Jordi Roura y Aureli Altimira, también en el cuerpo técnico azulgrana, formaron el grupo de 'Els golafres', Los glotones, conocidos en La Masia por su apetito voraz.

Guardiola y Vilanova
EFETito conoce la filosofía de Guardiola

Apenas jugó un par de bolos con el primer equipo y antes de retirarse por culpa de una lesión en el menisco, Vilanova formó en clubes de media España (Celta, Badajoz, Murcia, Lleida...).

Tito tenía claro que, colgadas las botas, su lugar estaba en un banquillo y se sacó el título de entrenador mientras todavía corría tras el balón.

Su amistad con Charly Rexach le abrió las puertas de la cantera azulgrana. Aunque nunca imaginó el regalo que le esperaba en los campos anexos al Miniestadi. Rexach puso a Vilanova al frente del cadete, un equipo bárbaro en el que coincidieron jugadores fabulosos como Piqué, Cesc, Víctor Vázquez o el propio Messi.

Curiosamente, con la llegada al club de Joan Laporta, en 2003, Sandro Rosell, entonces vicepresidente deportivo de la entidad, despidió a Vilanova, que dirigiría a varios equipos catalanes hasta regresar cuatro años después.

Pep no dudó en recurrir a su amigo cuando le encargaron entrenar al Barça B. Desde entonces, son pareja de hecho profesional.

Vilanova es tan futbolero como su jefe. Su paso por distintos banquillos de Tercera División acentuaron su obsesión por analizar al detalle todos los partidos y rivales. Por eso, entre otras muchas cosas, Tito ha asumido la preparación del juego de estrategia del Barcelona en los últimos años, tanto en defensa como en ataque.

Vilanova convenció por ejemplo a Pep de que el equipo debía de marcar en zona las jugadas a balón parado, aunque el de Santpedor se mostró en principio reacio a aceptar dicha propuesta. También resultó determinante su insistencia en incorporar a la plantilla a Cesc, del que siempre destacó su espíritu competitivo.

Respetado y querido en el vestuario, su enfermedad (fue operado de un tumor en la boca a finales de 2011) resultó un mazazo para el equipo, también para Guardiola. Huérfano de su mano derecha, en algunos partidos se vio incluso al entrenador hablar con él por el celular durante el duelo.

El ascendente de Tito sobre Pep ha sido siempre evidente, seguramente, porque el propio Guardiola quiso que así fuera. Ahora, Pep ha decidido pasarle el relevo. Quizá llegó la hora de que Mourinho se aprenda su nombre.