Mi historia favorita de los anales del fenecido Earl Weaver:

No podría ni decir en qué año sucedió. En algún momento tarde en la década del 70. Sólo recuerdo que estaba cubriendo una serie entre los Orioles y los Medias Rojas en Fenway Park. Y las cosas no le iban bien a los Orioles en ese momento.

Mi recuerdo es que habían perdido como cinco juegos consecutivos. Pero luego de este juego en particular, Weaver se tiró hacia atrás en su silla detrás del escritorio de su oficina y anunció:

"No estoy preocupado".

Yo estaba entre un grupo de escritores, sentados y parados dispersos en su oficina. Finalmente alguien preguntó: "¿Por qué no está preocupado?".

Earl nos miró y dijo, inexpresivo: "Tengo un arma secreta".

Ahora, déjenme asegurarles. Nada captura la atención de una multitud mediática más rápido que el término "arma secreta".

Así que nuestra respuesta, naturalmente, fue, "¿Un arma secreta? ¿Cuál es?".

Earl nos miró, levantó el dedo y dijo, "Regreso ahora". Entonces se fue de la oficina -- a darse una ducha.

Ahí estábamos, sin saber qué hacer. Normalmente, iríamos a los vestuarios a hablar con los jugadores. Pero dos frases importantes lo habían cambiado todo -- y nos había impregnado una especie de hechizo mágico.

Primero: "Regreso pronto". Segundo: "arma secreta".

Oye, si una leyenda viviente va a "regresar pronto" -- en cualquier momento, supuestamente -- y está a punto de revelar su "arma secreta", ¿te irías del lugar?

Respuesta correcta: por supuesto que no.

Así que nadie se movió... hasta que finalmente regresó... luego de 15 minutos.

Pareció una hora.

Regresó y comenzó a abotonarse la camisa, sin decir una palabra. Entonces repetimos la pregunta que nos había dejado paralizados por los pasados 15 minutos: "Entonces, ¿cuál es tu arma secreta?".

Earl Weaver comenzó a reírse a carcajadas.

"Aw", dijo, "no hay ninguna arma secreta. Yo no quería que ustedes se fueran".

Así era Earl Weaver. Incansablemente entretenido. Un manager brillante. Un personaje del béisbol fuera de serie que dejó su huella en todas las personas que conoció.

En algún lugar allá arriba, hay una fila de gente en el cielo quienes se están riendo sin parar -- al menos los que no son árbitros.