Mexsport

Se nos olvidó muy pronto que somos los "campeones olímpicos del futbol". No entendimos nunca que, si bien no hace falta ser una potencia del futbol para ganar el oro en unos Juegos Olímpicos, la señal era positiva, muy positiva y podría haberse tomado como una plataforma para seguir creciendo y allanando el camino rumbo a la consagración definitiva. El futbol mexicano desperdició cuatro años, desechó la hazaña, la epopeya de una tarde en Wembley y siguió en lo suyo: mantener a flote una industria boyante en lo económico que debe, según ellos, por las buenas o por las malas, alcanzar algún día la excelencia en el futbol internacional. Se nos olvidó, pronto, que éramos, que somos, los campeones defensores del futbol olímpico.

LOS ANGELES -- Nunca nos quedó bien el traje. Si no era la manga, entonces había problema con el cuello, los hombros y la forma en que "caía" sobre nuestro cuerpo y nuestra historia. El traje de "Campeones Olímpicos del Futbol" pareció llegar a nuestro cuerpo como resultado de un simple accidente, como esos que históricamente ha recogido el deporte y el futbol mexicano. Lo tomamos a "la ligera", al valor superficial de una medalla olímpica, ajena a los grandes de los intereses que el futbol de nuestros días reclama. La medalla de oro, la hazaña de Wembley, para guardarla en la "memoria flaca" de nuestro futbol y no en la caja fuerte donde se guardan los "verdaderos" tesoros de la industria futbolística mexicana.

Hoy, la realidad, es que vamos con "una mano por detrás y otra por delante", sin ninguna garantía de que el equipo será competitivo desde el juego de presentación y lejos de la certeza de que el sitio del futbol mexicano, en los Juegos Olímpicos, está, otra vez, en el pódium de los ganadores.

Y es fácil despreciarlo. No solo un desprecio federativo, de dirigentes que terminaron tan lastimados y agobiados tras el papel vergonzoso de México en la Copa América con la llamada "selección mayor", que hicieron poco en el resto del verano por armar, realmente, al equipo olímpico. No solo ellos, también del aficionado, de usted mismo, que responde tajantemente: "es otro nivel", como restándole la importancia de lo que el futbol mexicano fue capaz de lograr, contra todos los pronósticos, hace cuatro años.

Entiendo muy bien que para ganar una medalla en el futbol de los Juegos Olímpicos no hay que ser una potencia futbolística. Comprendo también el papel, que juega el futbol dentro de un certamen olímpico, donde no tiene el nivel de exposición mediática ni competitiva de disciplinas como el atletismo, la natación o la gimnasia, pero lo que me sigue sin cuadrar es por qué el futbol mexicano y por qué los aficionados mexicanos al futbol no somos capaces de atesorar y de cuidar lo que con tanto trabajo y esfuerzo se ha logrado. Ganar una medalla de oro olímpica en el futbol debe ser la señal de algo positivo que estás haciendo en tu trabajo, en el desarrollo de tu futbol y de tus futbolistas. Seguir alimentando esa idea es una buena forma de apostar por el futuro y seguir creciendo.

El futbol y el deporte mexicano están hechos, justamente, de momentos como el que se vivió hace cuatro años en Wembley. De pronto, la gloria se aparece, una tarde de inspiración, de triunfo, de alarido, de epopeya y luego... ¿Luego qué? El luego no existe, porque no hay elementos para planear, para seguir creciendo a partir de lo logrado. Se celebra y se almacena la hazaña en la "memoria flaca" de un futbol que solo recuerda la combinación de su caja fuerte, el sitio donde guarda los tesoros de su industria.

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+ No es una historia común, simple, al contrario, yo creo que es extraordinaria y que al final del día, no le hemos dado el valor que realmente merece. Un futbolista mexicano, en la posición, en el rendimiento con su club --un club de los tamaños del América-- y con la Selección Nacional, nacido y para suerte de los señores De María y Bonilla, también, formado en México. Un jugador cuya carrera tuvo que esperar, que despegó tarde, que salió de un barrio humilde y pobre para finalmente encontrar el sitio que él buscaba. Oribe Peralta existe a pesar de Oribe Peralta y a pesar de todos los obstáculos que tuvo que superar, incluyendo su propia personalidad.

LOS ANGELES -- Oribe Peralta existe a pesar de Oribe Peralta.

Y al mismo tiempo, el delantero del América y de la selección --ahora convertida en olímpica-- es casi un milagro de la naturaleza futbolística mexicana. Imagínese usted si no: primero, nació en una comuna realmente humilde --y le hacemos un favor en decirle humilde cuando podríamos llamarle pobre y realmente "jodida"-- a un sitio a las afueras de Torreón que se llama "La Partida".

Oribe Peralta
MexsportOribe Peralta se despachó con tres valiosos goles para el América en la Jornada 2.

A los 13 años, su primer equipo se denominaba "Los Vagos". Y para efectos del futbol, sería bueno retomar el sitio donde nació: México. ¡México! lo cual es una anormalidad tomando en cuenta el número y la camiseta que porta. Otro tema que también es importante para las "nuevas" y "aromatizadas" reglas del futbol mexicano: Fue creado en el futbol mexicano. Oribe, con muchos esfuerzos, logró, ingresar al CESIFUT (Centro de Integración del Futbolista) y desde ahí recibió su llamado a la primera división, en el Morelia de Romano, donde estuvo dos meses a prueba sin goce de sueldo. Pero los "milagros inesperados" continúan en la carrera de este futbolista. Juega como en una posición "caliente" en la cancha, donde que hay que hacer goles y donde la mayor parte de sus colegas --por no decir el 95 por ciento-- proceden de algún país sudamericano.

Oribe existe a pesar de Oribe.

Los años que se perdió esperando una oportunidad que no llegaba. Los desperdicios de algunos clubes (ahí te hablan, Chivas ), de muchos entrenadores y de dirigentes que jamás se detuvieron a ver si ese chico que corría en el entrenamiento detrás del argentino, del uruguayo, del colombiano o del brasileño tenia las facultades para competir en el mismo nivel.

Oribe existe a pesar de Oribe, a pesar del sitio de donde prácticamente "huyó", a pesar de un futbol que no estaba interesado en sus facultades, a pesar de los intereses, de los promotores, de los negocios, a pesar de "La Partida", aquel campo lleno de polvo, en el verano, de lodo, en el invierno, donde él ya luchaba para ganarse algunos aplausos y quizás un par de pesos para comprarse un refresco y unas galletas en la tienda de la esquina.

Oribe existe a pesar de Oribe mientras el futbol mexicano cierra los ojos y recuerda que un gol suyo, una soberbia actuación en Wembley, hace poco menos de cuatro años, le dio significó el triunfo más importante de su pobre historia internacional. Sí, Oribe existe a pesar de Oribe y a pesar de muchas cosas más.

@Faitelson_ESPN

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+ Con las horas contadas para la inauguración de los Juegos de Río, el deporte olímpico amanece, otra vez, convulsionado. La vieja amenaza del doping jamás se fue. Se quedo ahí, fue, quizá, en su momento controlada y después parecen haber surgido nuevos métodos y más corrupción para allanarle de nuevo el camino. Hoy, el movimiento olímpico esta nuevamente intimidado no sólo por atletas que intentan sacar ventaja engañando y engañándose a sí mismos, también por países, por gobiernos, por sistemas ávidos de los intereses que genera la imagen y el triunfo en el deporte. El doping, el enemigo más poderoso que jamás haya enfrentado el deporte de alta competencia.

LOS ANGELES -- Casi tres décadas atrás, asome mi cabeza entre el bullicio y la emoción de miles de personas que al igual que yo, en ese momento, en el Estadio Olímpico de Jamsil, suponíamos que habíamos visto la gesta más impresionante en la historia del deporte.

Cuarenta y ocho horas después, un escueto boletín informaba que la carrera más rápida en la historia de la humanidad había sido también la más sucia de todas.

Atletas rusos
Getty Images

Cinco de los 8 finalistas de la prueba final de los 100 metros en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 estaban bajo sospecha. Al ganador, el canadiense Ben Johnson, le retiraron la medalla y obviamente el impresionante tiempo --en aquel momento-- de 9.79. Y entonces, los Juegos Olímpicos y el mundo empezaron entender de qué se trataba, para qué se utilizaban las sustancias, los alcances y el desarrollo que habían adquirido los laboratorios deportivos detrás de "la cortina de hierro". El mundo dejaba atrás los "tiempos románticos" --para el movimiento olímpico-- de la "Guerra fría", los boicots, las diferencias políticas para sumergirse en un mar sin fondo: el doping.

Hoy, casi 40 años después, estamos afrontando un panorama similar: el Comité Olímpico Internacional descubre pruebas de dopaje positivas de los últimos dos Juegos Olímpicos y conoce el resultado de investigaciones que señalan que Rusia, una potencia económica, política y deportiva, habría favorecido --como en los antiguos tiempos de la URSS-- una política de dopaje de estado. El gobierno apoyando un sistema para permitir y también para esconder la utilización de sustancias no permitidas en el deporte.

Los Juegos Olímpicos de Rio están a la vuelta de la esquina. Y el mundo no habla de marcas, de atletas, de pruebas, de instalaciones, de organización. De lo que se habla hoy es de lo mismo de lo que se hablaba en el siglo anterior: de la trampa.

Rusia podría quedar fuera de Rio de Janeiro en las próximas horas y el tema podría llevarnos, en un mundo convulsionado, a una crisis de orden política. Después de todo, no se trata de cualquier país y no se trata de un dirigente cualquiera con la imagen de Vladimir Putin asomándose desde el Kremlin. La situación y la resolución es complicada para un Comité Olímpico Internacional que intenta ganar tiempo y que pierde credibilidad.

Los Juegos de Rio no ha comenzando aún. No sabemos que nos espera, en un país política y socialmente enredado, atrasos en instalaciones, escenarios y temeroso de problemas de salud y de la amenaza mundial del terrorismo, pero lo que está claro es que la batalla ha comenzado lejos de las pistas, de las canchas, del campo, de la calle, de los gimnasios, ha comenzado en una plataforma que sigue siendo siniestra, sucia y tramposa: la del doping.

@Faitelson_ESPN.

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"El futbolista mexicano está jodido"

Cada uno de los más de 24 millones de dólares que el Benfica pagará por Raúl Jiménez podrían ser un paliativo para el alicaído panorama que envuelve al futbolista mexicano. Hacia el interior, el sitio donde debe desarrollar sus cualidades primarias, esta "jodido" por una regla y por casi una cultura futbolística que con la bandera de la globalización en un mano y la otra bien puesta en la cartera, favorece la presencia cada día de más y más jugadores extranjeros. Y también esta "jodido" hacia el exterior, donde los dirigentes creen que su producto debe cotizarse mejor y entonces retrasan o de plano traicionan el proceso de exportación que debe conducir a más futbolistas mexicanos a jugar en las ligas más desarrolladas del mundo. .

LOS ANGELES, CA.- "Jodido" por dentro y "jodido" por fuera, el futbolista mexicano lucha por sobrevivir.

¿Por qué si la mayor parte de los equipos dependen en un 95 por ciento del futbolista extranjeros no favorecen y apresuran la exportación de los pocos jugadores que logran salir de su sistema de desarrollo? Para ser más claro: ¿Por qué elementos como Jurguen Damm, Hirving Lozano o Rodolfo Pizarro no están ya en el futbol europeo? ¿Por qué no enviarlos para que terminen de ser buenos futbolistas y que luego entreguen esos resultados directamente a la selección nacional y que ello sea un reflejo global del futbol mexicano?

No, la cultura de vender casi no existe en los clubes mexicanos. Cuentos como lo de Javier "El Chicharito" Hernández y Raúl Jiménez se dan de vez en cuando y abundan "historias de terror", como la que protagonizaron Alan Pulido y Jesús "El Tacatito" Corona, casos dramáticos donde prácticamente los jugadores han salido huyendo, por las malas, bajo amenazas y el cumplimiento de sanciones, vetos y venganzas de sus equipos de origen. Y después, cuando finalmente el futbolista pudo "romper las cadenas" y cruzar "el charco", enseguida, esos mismos equipos que los vendieron, aparecen desesperados, dispuestos a pagar lo que sea para repatriaros.

"Jodido". Así está el futbolista mexicano. Primero, porque a su interior, no se le da la oportunidad y segundo porque aquellos que logran establecerse y tener una carrera que apunta para seguir creciendo, enseguida son "frenados" por la voracidad del dirigente mexicano y en la necesidad propia de consumir a esos futbolistas. Pobre futbolista mexicano.

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El golpeado y muchas veces olvidado futbolista mexicano esta por recibir, al fin, una buena noticia: el Benfica habría pagado 22 millones de euros (más de 24 mdd) por el pase definitivo del delantero Raúl Jiménez. La noticia no sólo sería buena para él, también para todo un gremio futbolístico, visiblemente afectado en las últimas horas tras el fatídico resultado de la Copa América (el 0-7 ante Chile) y la polémica regla 10/8 que ha puesto en efecto la Liga MX.

LOS ANGELES, CA.- Ventidos millones de euros, más de 24 millones de dólares. El futbolista mexicano estaría cerca de conocer, con la transacción de Raul Jiménez, su mejor noticia desde el 0-7 de la Copa América y la regla 10-8 de la Liga MX, dos indicadores de ninguna manera positivos en su imagen y en su reputación.

En lo personal, para él, también, lo de Jiménez ha sido una señal real, mágica, casi divina: el último referente de una gran escuela de futbol como la del América que de una semana a otra apareció para jugar en el campeón de España, en el Atlético de Madrid. Ahí no tuvo oportunidades ni el espacio que necesitaba y enseguida encontró una salida adecuada para un club portugués que hoy no duda en realizar una de las transacciones más caras de su historia y al mismo tiempo la operación más alta que se registra por un jugador mexicano, superando las de Javier “El Chicharito” Hernández, Giovanni Dos Santos y Nery Castillo. 

Raúl Jiménez
Getty ImagesJiménez trazó un oasis para la situación actual del futbolista mexicano.

No estoy, al mismo tiempo, del todo convencido que la del Benfica sea la última escala de Jiménez en el futbol de Europa. El club portugués no suele comprar futbolistas para quedárselos por mucho tiempo. En este receso veraniego, ha vendido al argentino Nico Gaitán (25 millones al Atlético de Madrid) y a Renato Sánchez (al Bayern Munich en 35 millones). Si ha pagado esa cantidad por Jiménez es porque seguramente creen que mañana o pasado puede valer el doble.

Pero volviendo al escenario del futbolista mexicano, la noticia ha llegado en buen momento, quizá como un aliciente para el alicaído y entristecido panorama que la ha envuelto en los últimos tiempos. El futbolista quedó poco valorado tras la actuación en la Copa América y el fatídico resultado ante Chile en los Cuartos de Final. Si a ello agregamos un panorama obscuro en la Liga, donde cada vez parece tener menos oportunidades para mostrarse, el precio que se ha pagado por el ex americanista parece “oxígeno puro” en una cancha que se agotaba en posibilidades.

Otro planteamiento tiene que ver con la poca valorización que existe en el mercado internacional por el futbolista mexicano. Y es algo normal. México no tiene fama de producir muchos futbolistas para abastecer las grandes ligas del futbol mundial. No tiene el reconocimiento que hay por el brasileño, el argentino, el colombiano, el uruguayo. El precio por Jiménez le da ha dado un impulso y ha sido un recordatorio de que puede y debe venderse mejor.

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Hirving Lozano
Imago7

El futbol mexicano siempre duda en el momento en que tiene la posibilidad de exportar a un futbolista a otros niveles del juego. Pierde momentos preciosos, que el jugador podría aprovechar en su proceso de aclimatación y en su desarrollo mismo. Cuentos como el de Javier Hernández y el de Raul Jiménez se repiten con poca frecuencia. El Pachuca y Jesús Martínez, un innovador en muchos sentidos del futbol, tienen esta valiosa ocasión. Hay que impulsar la salida de Lozano para el futbol que lo puede convertir en mejor futbolista de lo que es...

LOS ANGELES -- La última vez que el futbol mexicano exportó a través de un "cuento de hadas" perfecto, maravilloso y exacto, Jorge Vergara apareció con Javier "El Chicharito" Hernández en las oficinas de Sir Alex Ferguson en Old Trafford. El joven jugador de Chivas estaba firmando un contrato en el Manchester United. Que una historia vuelva a ocurrir así, parece imposible...

En Pachuca saben que Hirving Lozano es un futbolista con las características para jugar en un futbol de mayores dimensiones, pero están atorados en el eterno dilema del futbol mexicano: ¿Cuándo hacerlo? ¿Cuál es el momento justo, el indicado, ni un día antes ni uno después?

Lozano cumplirá 21 años la próxima semana. Los tiempos están ahí, no parecen apremiar demasiado, pero también, está claro, que hay quienes opinan que su desarrollo como futbolista podría ser mejor y mayor si empieza a tener minutos, en el campo de entrenamiento y en la cancha competitiva de las ligas europeas. En Pachuca quieren aprovecharlo al máximo y quieren llevarle con una oferta conveniente.

Para sus detractores, que los tiene de sobra, Jesús Martínez puede ser todo lo que ustedes quieran. También para ellos, está claro, es un hombre inteligente. La semana pasada, Martínez se reía cuando una versión periodística sugería que Lozano estaba con un pie en el Manchester United de José Mourinho. "Eso no es verdad", dijo Martínez. "No sé de dónde sacaron esa información". La realidad es que han existido rumores, acercamientos indirectos, preguntas, pero nada más, nada en concreto. La postura del Pachuca de quererlo y no quererlo vender -aunque suene a una contradicción- tampoco ayuda mucho. El futbolista mexicano sigue teniendo un precio bajo en el mercado comparado con otros futbolistas del sur del continente -argentinos, brasileños, chilenos y uruguayos- que enseguida se cotizan con 17, 18, 19 o 20 años y son firmados por cantidades millonarias. Al futbolista mexicano le ha costado mucho esfuerzo, sacrificio y sangre el proceso de exportación. Yo estoy de acuerdo en que hay buscar las mejores condiciones para que Lozano vaya con seguridad a Europa. Un "cuento de hadas" como el de "Chicharito" es poco probable, pero si alguien lo puede lograr ese es Jesús Martínez. Y él tendrá que entender que mientras más joven vaya el futbolista a Europa mucho más rápido y profundo será su proceso de adaptación y por ende sus probabilidades de éxito.

Yo creo que Lozano tiene que irse de Pachuca, de ser posible ya, porque su futbol alcanza para más y porque no hay tiempo que perder.

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La infalible fórmula de un fracaso. No hay otra manera de verlo. A tan sólo horas de que el balón ruede en el Apertura 2016 del futbol mexicano, hay dos señales muy claras de que el futuro no pinta tan bien como quisiéramos. La primera se refiere a que los clubes, en el receso, han contratado más jugadores extranjeros y la segunda es que en lo que va del avanzando verano, no hay ninguna confirmación de una exportación de algún futbolista mexicano hacia a las ligas más desarrolladas del mundo. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué queremos? Preguntas del mañana para las que hoy no existe una respuesta.

LOS ANGELES, CA.- Puede ser tan sencillo como una fórmula matemática: la Liga del 10/8 da como resultado a un futbol del 0/7...

Durante mis afortunadas vacaciones por algún recóndito lugar del planeta que no vale la pena identificar, encontré la "nueva y renovada" imagen que este mundo, cada vez más globalizado, tiene como imagen del México futbolístico. Y las noticias, tal y como las esperaba, no son buenas.

Hirving Lozano
Imago7La exportación de jugadores ha servido de poco o nada, y talentos mexicanos --como Hirving Lozano-- no ven salida pronta.

La aplastante derrota, la humillación sufrida por México en la ronda de los cuartos de final de la Copa América se ha transformado en el referente inmediato para reconocer al futbol mexicano. Y sé muy bien que los resultados en el futbol van y vienen y que dentro de poco, la selección mexicana volverá a la cancha y encontrará un triunfo que tranquilice un poco las pulsaciones negativas hacia a su interior. Lo que realmente preocupa y debe preocuparnos a todos es el mañana, el futuro de este futbol.

A sólo horas del inicio de un nuevo campeonato doméstico, hay dos indicativos o señales que podrían ser poco positivas. La primera, se refiere a que el cambio de reglamentación que decidieron establecer los equipos del futbol mexicano --la famosa regla 10/8-- ha fomentado, antes de que ruede el balón, que el número de futbolistas extranjeros aumente. Los clubes, en lugar de entender la necesidad de apostar más por el talento mexicano, han sacado nuevamente la chequera para buscar futbolistas en otras latitudes.

La otra “señal” se refiere a que pasaremos un verano más sin exportaciones. Ya ha quedado claro la necesidad que tiene el futbol mexicano de exportar el mayor talento posible de jugadores a las ligas más desarrolladas del mundo. ¿Y qué ha sucedido? Poco o nada, o mejor dicho nada. Los jóvenes valores del Pachuca siguen ahí, en medio de rumores, pero lo más seguro es que Hirving Lozano, Erick Gutiérrez y Rodolfo Pizarro permanezcan en el club. Lo mismo ha ocurrido con Jürgen Damm, la joven figura de los Tigres.

Entiendo que se trata de una liga de consumo interno y que, a diferencia de otros sistemas futbolísticos en Latinoamérica, a México le cuesta trabajo deprenderse del talento. También, está claro, que hay poco de ese talento, porque a mayor cantidad, habría maneras de conservar futbolistas y madurarlos en el equipo mexicano y enviar a otros a que continúen con su crecimiento y madurez en un futbol de mayor categoría.

La Liga del 10/8 en un futbol del 0/7. La infalible fórmula de un fracaso.

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Mexican Liga MX

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¿Reclamarle por los goles que falló, por los campeonatos que no ganó, por la camisetas que no debió haber vestido? Creo que hay que honrar a Omar Bravo por lo que es: el máximo anotador en la historia del Club Deportivo Guadalajara y eso no es algo sencillo de lograr, mucho menos en una época donde el goleador mexicano empezaba a escasear y donde el equipo se internaba en una de sus épocas más complicadas en temas deportivos. Se va Omar Bravo, el hombre de los 160 goles, el jugador que supero a Salvador “Chava” Reyes y el personaje que, aún dentro de sus muchas veces desconcertante personalidad, tenderemos tiempo de recordar como un ganador en la camiseta rojiblanca...

LOS ANGELES, CA.- Nunca ha sido fácil anotar goles en Chivas, mucho menos lograr 160 y superar a algunos de los personajes más sagrados en la historia del club. Omar Bravo no puede ser un jugador cualquiera y tampoco es válido recordar sólo los malos momentos de uno de los mejores goleadores y delanteros mexicanos de la última época.

Omar Bravo
MexsportCon todo y sus cuestionamientos y críticas, el carácter de Bravo en Chivas siempre será histórico.

Bravo se va de Chivas y con él se cierra un capítulo, una época. ¿Buena o regular? Tal vez pudo ser siempre mejor, pudo tener más títulos, una mayor conexión con los aficionados o no haber coincidido, en la parte final de su carrera, con lo que muchos llaman el peor momento deportivo en la historia del Club Deportivo Guadalajara. Pero, como sea, Bravo hizo goles, en tiempos donde los goleadores mexicanos empezaban a escasear, en donde las reglas de competencia facilitaban siempre la presencia de jugadores extranjeros en su puesto, ahí, Bravo se la jugó, sacó la casta, el temperamento y las habilidades para hacer más goles que nadie en un equipo que no encontraba soluciones en fuerzas básicas y que exportó temprano hacía el futbol europeo a un futbolista como Javier “El Chicharito” Hernández que estaba llamado a convertirse en su sucesor natural.

A Bravo le podemos reprochar muchas cosas: los goles que falló, la oportunidad que no aprovechó para jugar en un nivel más desarrollado --el futbol de Europa con el Deportivo La Coruña-- y hasta el hecho de que tras ser repatriado por Tigres; pasó también por Cruz Azul y por un equipo como el Atlas que es un rival tradicional y enconado del Guadalajara. Pero también podemos recordar los buenos momentos: el título en aquel equipo del 2006, último de Liga que ha conseguido el Guadalajara y goles que en una época delicada en la historia del club ayudaron para lograr los puntos en camino a la estabilización en temas de porcentaje.

En lo personal, recordaré a Bravo en Chivas como un hombre callado, extrovertido, buena persona y excelente profesional. Un jugador que supo sacarle el mayor provecho posible a una carrera que no parecía encaminada para tanto. Damas y caballeros, el más grande anotador en la historia de las Chivas. Así de fácil y de sencillo, así de complejo, histórico y hasta legendario.

@Faitelson_ESPN

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Copa América
AP

No soy un aficionado argentino al futbol y quizá para ellos lo que digo o lo que intento plasmar aquí puede resultar hasta ofensivo. Pero lo que trato expresar es que para mi, como un observador, un apasionado de lo que puedo ver y describir a través del deporte y en este caso del futbol, me alcanza con la satisfacción de tenerlo en la cancha y de disfrutar lo que él hace y a veces hasta lo que sólo intenta hacer. El deporte y el futbol están inmiscuidos y mezclados directamente con el orgullo del ser humano, de ganar, de sentirse más fuerte y poderoso que el rival. El triunfo es una satisfacción plena de la naturaleza humana, pero cuando se trata de Lionel Messi, se trata de un artista y cuando uno aprecia una pintura de Van Gogh, una obra de Da Vinci o la música de Beethoven, el triunfo viene incluido como recompensa en nuestros sentidos. Para no seguir con más cuentos y rebusques, creo que a Messi hay que catalogarlo y hasta juzgarlo como un artista y no sólo como futbolista.

LOS ANGELES -- Como en la vida misma, no todas las cosas en el deporte son importantes y preciadas a partir de ganar o perder. Mucho menos cuando se trata de un personaje que conduce "su obra", su talento, su imaginación, su arte, hasta algunos de los niveles más extraordinarios que el juego reconozca en todos sus días de existencia.

Ganar o perder... ¿Qué es ganar y qué es perder?

Para mi es un artista. Como lo era Van Gogh, Da Vinci, Picasso, Miguel Ángel, Mozart, Beethoven, o Bach. Ganar o perder es un asunto trivial, insubstancial. Verlo, en este caso en la cancha, confeccionar su juego, mostrarnos sus destrezas físicas, técnicas y mentales, es ya un triunfo. A mi, sin ser argentino, me basta con eso... 

Lo siento por Lionel Messi. Su carrera no merece los amargos momentos que ha vivido vestido en los tonos albicelestes y tratando de evocar los días de gloria de la selección argentina.

Su expresión de dolor y sus lagrimas en la noche de domingo de Nueva Jersey evidenciaban la gran frustración que ha tenido otra vez. La esperanza volvía a pender desde sus botines y la presión volvía a centrarse sobre sus hombros. Argentina ha vuelto a fallar en una final y el peligro radica en que el gran futbolista del Barcelona sea recordado más por la ausencia de buenos momentos y de campeonatos en la selección que por sus fenomenales jornadas sobre el campo de futbol.

El futbol es y sigue siendo un deporte de conjunto, de asociación. Jugadores como Messi, sin embargo, se han encargado de hacernos pensar otra cosa, de entender el futbol de manera distinta, a partir de lo que ellos hagan, o dejen de hacer, de una inspiración, de una especie de magia, de supremacía, de poder hacerlo y resolverlo todo sobre la cancha de juego. La final de la Copa América nos dio una buena lección: Argentina jugó para Messi y pensando que Messi tenía que resolverlo todo --se nos olvidó la falla de Higuain al comienzo del partido o el remate del "Kun" Agüero que Claudio Bravo sacó de manera majestuosa--. Todo estaba listo, incluyendo nuestra mente, para reservar la Copa de Messi y sólo de Messi. Mientras eso sucedía o mejor dicho, no sucedía, Chile jugó como equipo. Se juntó, se fortaleció e incluso se engrandeció a partir de una expulsión antes de la media hora de juego y esperó su momento para volver a ganar la Copa América desde el punto de los penaltis. Chile ha tenido un gran éxito. Es un ejemplo para otros, porque finalmente, después de muchos años de lucha y de trabajo, ha aprovechado una generación bendita, la mejor de todas, para ponerse al nivel de sus históricos "vecinos" futbolísticos: Argentina, Uruguay y Brasil.

Para mi, nada ha cambiado a la mañana siguiente: Messi sigue siendo el mejor futbolista del mundo. Que haya muchos empeñados en comparar épocas, en ponerlo frente a frente con otros en la historia, en declararlo un futbolista carente de carácter y de personalidad --como lo hizo Maradona hace poco en una charla privada con Pelé-- me parece intrascendente. Su marca, sus números y sus actuaciones fehacientes sobre la cancha de juego sólo dejan evidencia de su grandeza. Valdría la pena analizar si algunos de estos futbolistas argentinos que han rodeado a Messi --Higuaín, Agüero, Di María, Lavezzi-- no están realmente sobrevalorados.

Sería injusto catalogar la carrera de Messi a partir de lo que no ha podido ganar con la selección argentina. Estoy seguro de que él se ha esforzado siempre en brindarnos lo mejor que tiene. Su renuncia o insinuación de renuncia a la selección argentina es una muestra de dolor y también del carácter y la personalidad que tanto se le reclama. Y sería, también, una mala noticia para el futbol y sus aficionados, porque después de todo, cuando se trata "un artista" al nivel de Messi, ganar o perder, puede remitirse tan sólo a un hecho anecdótico.

@Faitelson_ESPN

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+ Se cumplen justamente 30 años de aquella maravillosa gesta en México. El mundial de 1986, la consagración de Maradona y la confirmación de un futbol como potencia mundial. Pero algo sucedió después. Argentina no dejo de protagonizar, de estar en los primeros sitios, de llegar a finales, pero no levantó más trofeos. Hoy, la necesidad existe, porque hay toda una generación de nuevos aficionados argentinos que jamás lo han visto campeón. Es tiempo de Argentina, de Messi y de acabar de una vez y para siempre con "los fantasmas" que aparecieron luego de que Maradona recibió la estatuilla de campeón de manos del presidente mexicano Miguel de la Madrid Hurtado.

LOS ANGELES -- Para una nación siempre orgullosa de su futbol, la sequía, el ayuno no sólo ha sido prolongado, también ha dejado una dolorosa y pesada huella en toda una generación. Hay muchos argentinos que recuerdan vagamente el gol sobre Inglaterra, "La Mano de Dios" y la consagración en el Estadio Azteca. Hay muchos argentinos que no lo vieron, que se los contaron y que a partir de ahí, han vivido un "infierno desolado" entre el futbol que cuentan sus padres y sus abuelos y aquel que no consigue el triunfo otra vez.

Copa América
Getty ImagesLionel Messi tiene la oportunidad de darle su primer título a Argentina en más de dos décadas.

El culpable perfecto para cargar con toda la época de carencias sigue siendo el hombre que porta la camiseta número "10", aun con aromas sagrados de Maradona, aun, con los vestigios de un futbol al que no le alcanza mantenerse en un estado competitivo, que no está completo solo acariciando la gloria, que necesita ganar, siempre y levantar trofeos, siempre.

Argentina vuelve a tener esa oportunidad el domingo y Argentina sabe que no puede írsele de las manos.

Lionel Messi vuelve a tener la ocasión y Messi sabe que no hay otro plazo, otro pretexto, otro acercamiento infructuoso. Es ahora o nunca.

La jornada en Nueva York promete, sin embrago, no ser un "dia de campo" para Argentina. Hay suficiente materia prima, inteligencia, creatividad y personalidad para pensar que tendremos un partido de poder a poder, con los dos mejores equipos del continente, dos de los mejores del mundo, con dos nominas impresionantes en la cancha y una sola diferencia: Messi.

Lo que resulte del Argentina-Chile para definir este domingo, en Nueva York, al histórico primer campeón de la Copa América Centenario parece depender del mejor futbolista del mundo y para muchos --yo levanto la mano-- del mejor jugador de la historia.

Argentina y Messi han "paseado" hasta ahora por la Copa América. No han tenido demasiado presión ni en la ronda de grupos --donde el entrenador Gerardo Martino supo administrar la presencia de Messi y llevarlo de menos a más ante la presión del torneo y de los aficionados por verlo en la cancha-- y tampoco en las rondas definitivas, donde el equipo mostró un amplio control de la situaciones. Venezuela no fue rival en los cuartos de final y Estados Unidos tampoco lo fue en las semifinales. Los números de Argentina son pulcros e impresionantes. Al domingo llegará como el inobjetable favorito.

El problema de este equipo y de Messi e incluso antes de Messi ha radicado en ganar partidos definitivos. Por increíble que parezca, Argentina no gana un torneo de relevancia desde la distante Copa América de 1993 y está por cumplir, justo en estos días, 30, 30 lejanos años desde que levantó la Copa de la FIFA en el Mundial de 1986. Acercamientos ha tenido y de sobra. Finales de torneos continentales y finales de Copas del Mundo (1990 y 2014). Parece que ha llegado el momento de tomar lo que les corresponde.

La mayor presión para Argentina será la propia Argentina, su incapacidad para ganar finales, para levantar trofeos, su memoria de un equipo poderoso, de un Maradona genial y de los añoradles días de la gloria. Ha llegado el momento y puede que enfrente estén Chile, Arturo Vidal, Alexis Sánchez y Claudio Bravo, pero la realidad es que el rival más difícil de superar será la propia Argentina y sus "fantasmas" de las últimas tres décadas.

@Faitelson_ESPN

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La Conmebol ha terminado exhibiendo al futbol de la Concacaf en esta Copa América del Centenario. Argentina, Chile y la propia Colombia han dejado en claro la distancia que existe con el futbol de Estados Unidos, de México o de Costa Rica. Es un tema de calidad, de jugadores, de Messi, de Vidal, de James. Cuando suponíamos que las distancias se habían recortado, el torneo ha puesto a cada quien en su lugar.

LOS ANGELES -- "Si el norte fuera el sur", dice la canción de Arjona y la Copa América ha dejado una constancia definitiva del nivel y del papel que tiene cada hemisferio en el futbol.

La Conmebol está en su sitio, con una Argentina imparable, que parece abusar de los demás, incluyendo de Estados Unidos, al que con "el acelerador" a media intensidad, le ha pasado por encima en la ronda de las semifinales. Pero si se trata de "pasarle por encima", Chile se encargó de lo propio, ante México, en la histórica y humillante vapuleada de los cuartos de final. La Conmebol, aún sin tener en plenitud a dos de sus más destacados integrantes --Brasil y Uruguay que se fueron temprano del evento-- ha establecido condiciones imponentes.

Jugador por jugador, equipo por equipo, el futbol que se juega en el sur del continente es mucho más competitivo. Y eso es algo que sabíamos y parecíamos entender desde un inicio. Lo que no sabíamos o no queríamos saber del todo, es la verdadera distancia que había entre uno y otro. De eso, no quedan dudas. Futbolistas como Messi, Higuaín, Vidal, Alexis, James, Cuadrado marcan una diferencia considerable. Juegan y desarrollan su talento en algunos de los clubes más importantes del mundo, en la elite de este deporte. Sobre una cancha, hay que tener otro tipo de elementos para poder competir con ellos.

Habíamos creído, en un momento dado, que la Concacaf a través de Estados Unidos, de México, de Costa Rica y de lo que habían logrado en algunas competencias internacionales en los últimos tiempos --Mundiales, Olímpicos, Copas Confederaciones, Mundiales con límite de edad y hasta Copas América-- que tenían otro tipo de argumentos. Puede que los tengan, pero todavía no para hablarse de tú a tú ante las grandes potencias sudamericanas.

La Copa América del Centenario ha puesto a cada quien en su lugar. Tendremos una final sudamericana., tendremos en ella al mejor futbolista del mundo y quizá de la historia, tendremos talento natural, directamente provisto de los clubes de elite de las ligas europeas, tendremos a equipos que saben competir entre las potencias, que tienen personalidad, experiencia y que difícilmente pierden el orden, el control, y los estribos.

Si el norte fuera el sur, pero no es así. Cada hemisferio tiene su nivel, su historia, su protagonismo, sus alcances, sus virtudes y sus carencias. Conmebol está en su sitio, la Concacaf en el suyo...

@Faitelson_ESPN

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Copa América

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