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El Tuca y Ambriz... ese rayo que 'ni cesa ni se agota'

LOS ÁNGELES -- Ricardo Ferretti y Nacho Ambriz. Caminos dispersos. Los une sólo, y sólo tal vez, el lamento regocijado de Goethe: “Ten cuidado con lo que aprendes (y amas) que no podrás olvidarlo”.

Uno, podía haberse ido para siempre y vivir en el hedonismo puro de las memorias y la riqueza. La brisa certera de los halagos. ¿Qué le falta aún al Tuca Ferretti que le pueda dar aún el futbol?

Otro, podía haberse quedado y empezar a cosechar esos frutos heridos, tras penosas siembras, en busca de nuevas vendimias para los impredecibles inviernos, con memorias y riquezas. ¿Cuánto le falta a Nacho Ambriz por dar y reclamarle al futbol?

Ricardo Ferretti incursiona con Bravos de Juárez. Se fuga de la aromática victoria de la sala de trofeos de Tigres. Cobrará menos y deberá trabajar más. A los 67 años, con una pelvis nuevecita, de colegiala reggaetonera, el futbol es pasión y es musa de una lujuria competitiva.

Nacho Ambriz retacó en el sótano laureles, adulaciones, ruegos, flirteos de cantidades insólitas de dólares. El Pedro Navajas de la Liga Mx desairando las lentejuelas seductoras de varios clubes. Elige a la Sociedad Deportiva Huesca, allá en Aragón, España. En la Segunda División. Él (56 años) y un club casi contemporáneo (61 años). Thelma y Louise.

Sí, uno podía haberse apoltronado con bronceador, caipiriñas, y el incienso de épicas jornadas en Copacabana. Y el otro, ordeñar alguna de las vacas opulentas, ansiosas y desesperadas de la Liga Mx, o hacer un guiño a Catar 2022, desde la banca de Costa Rica.

Pero no. Ricardo Ferretti y su Ferrari rojo regresaron a transpirar el surco ardiente del jornalero de las canchas. No le bastan las páginas escritas, cuando descubre que le exasperan esas malditas páginas deslumbrantemente blancas y ansiosas de narrativas.

Y Nacho Ambriz abandona el imperio esmeralda en León, para, con uñas y dientes, tratar de construir lo que en el Huesca mismo, ni siquiera imaginan que se pueda construir. Por años, su mejor tarjeta de presentación tenía una molesta leyenda: “Auxiliar de Javier Aguirre”. Hoy, se lee, “campeón con un León esplendoroso”. No necesita más de ese bule marca “El Vasco”.

¿Por qué uno se refugia entre incomodidades y por qué otro huye de las comodidades? Tal vez ambos saben que el confort es la víspera de la muerte.

Tal vez Miguel Hernández lo describa mejor que nadie: “Este rayo ni cesa ni se agota: de mí mismo tomó su procedencia, y ejercita en mí mismo sus furores”.

El futbol inocula. Y cuando se aparea con la victoria, con el eufemismo excitante de la gloria, generalmente, estos tipos, estos personajes, se convierten en reliquias vivientes de sus propias ambiciones.

¿Qué buscan el Tuca y Ambriz? Sin duda, es el misterio desafiante sobre sus propias capacidades. Demostrar, ambos, que son mejores técnicos que sus versiones inmediatas en Tigres y León. Tal vez sí, tal vez no. Pero, lo verdaderamente importante, es que mantengan el estruendo ansioso y siempre vigente de “este rayo (que) ni cesa ni se agota”.

¿Cuántos más como ellos? Acaso Javier Aguirre citaría al parejo a Homero: “Permítanme no morir sin gloria y sin lucha, pero permítanme primero hacer algo grande que se contará entre los hombres en el más allá”. Sí, aunque el más allá, ese más allá, sea algo tan estéril en osadías y aventureros, como la Liga Mx.