Actualizado: 30 de octubre de 2008, 15:25 EDT

Las riquezas están mal repartidas

Los conversadores descubren el secreto develatorio de la inequidad mundial

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Guillermo Piro Por Guillermo Piro
ESPNdeportes.com
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David Beckham
APDavid Beckham es la llave para comprender desigualdades
BUENOS AIRES -- -Las riquezas están mal repartidas.
-¡Qué novedad! ¿Qué pasó, descubrió que el mundo es injusto? Pensé que ya lo sabía.
-Lo sabía, pero me faltaba el dato crucial, determinante. Y ya lo tengo.
-¡Extraordinario! Es casi como haber encontrado la prueba de la existencia de Dios...
-¿Le parece? Si tuviera alguna prueba de la existencia de Dios me sentiría feliz, en cambio, con la prueba de que las riquezas están mal repartidas me siento triste.
-¿Me puede contar cómo lo descubrió?
-Claro, tengo un amigo, periodista, que fue a Nueva York a cubrir el US Open...
-¿Y fue él quien le trajo la prueba? ¿Desde Nueva York?
-Sí.
-Qué interesante, cuente, cuente...
-Mi amigo periodista fue a cubrir el US Open a Nueva York.
-Eso ya me lo dijo.
-Bien, el tema es que hay cosas muy simples que resultan difíciles de entender.
-¿A qué se refiere?
-A que, por ejemplo, no solemos pensar que en los lugares públicos, las celebrities, cuando llega la hora de ir al baño, no van a un baño especial, sino que van al mismo baño que los poligrillos.
-Sí, nunca lo había pensado, pero indudablemente es así.
-De acuerdo, mi amigo estaba cubriendo el US Open para un medio gráfico argentino. Él es fanático de Federer, y durante el match con Andreev...
-Tuvo que transpirar mucho para ganarle...
-Sí, en realidad no sé ni me importa, quiero contarle otra cosa.
-Adelante, siga.
-Mi amigo, decía, en un momento del match de Federer con Andreev tuvo ganas de ir al baño.
-¿Y entonces?
-Bueno, se dirigió al baño. El tema es que en pleno desagüe apareció alguien más...
-Suele ocurrir en los baños...
-Es cierto, suele ocurrir que entre al baño un desconocido, pero no David Beckham.
-Es cierto, eso no suele ocurrir. ¿Entonces?
-Entonces mi amigo hizo lo que cualquiera hubiera hecho.
-...
-¿Qué hubiera hecho usted?
-Mmm... déjeme pensar... ¡pedirle un autógrafo!
-No.
-Eso es lo que cualquiera hubiera hecho...
-Es probable, pero no me refiero a eso.
-¿Qué fue lo que hizo su amigo?
-Le miró el miembro.
-¿El derecho o el izquierdo?
-¡No! ¡El miembro! ¡El único! ¡El irremplazable!
-¡Ah! ¿Y entonces?
-Digamos que vio lo que Beckam tiene entre las piernas. Y no era justamente algo que pasara desapercibido. En suma, que está bien dotado.
-Entonces usted tiene razón: las riquezas están mal repartidas.
-¿No le parece? Dinero, una bella esposa...
-Patea bien los tiros libres...
-Sí, decir que juega bien al fútbol sería exagerado, estoy de acuerdo.
-Otra prueba de que Dios no existe.
-¿Usted no cree en Dios? Yo sí.
-¿Sí?
-Sí, pero lo odio.


Guillermo Piro es escritor, periodista y traductor. Publicó los siguientes libros: La Golosina Caníbal, Las Nubes, Estudio de Manos, Correspondencia, Saint Jean-David (poesía) y Versiones del Niágara (novela, obtuvo el Segundo Premio Nacional de literatura). Integra la antología Monstruos realizada por el poeta Arturo Carrera. Sus artículos, críticas, entrevistas y crónicas de viaje han aparecido en Clarín, La Nación, Perfil, Página/12, First, 3 Puntos, La Stampa y Los Inrockuptibles. Integra el consejo de redacción del Diario de Poesía y el consejo de dirección de la revista Confines. Además, mantiene su blog, denominado Wimbledon. Consulta su archivo de columnas.