Perdió una gran chance

lunes, 20 de mayo de 2013
20 may
12:12
PM ET
por Javier Gil Navarro
Unión v RiverFotobaires.com

BUENOS AIRES -- Si bien los vaivenes que está teniendo el campeonato se han convertido en un inmediato inhibidor de sentencias categóricas, no se puede soslayar que River el domingo dejó pasar una gran posibilidad de prenderse definitivamente en la lucha por el título.

No fue su última chance, porque aún queda mucho trecho por recorrer, pero sí una oportunidad demasiado ventajosa. Pero claro, este equipo viene transitando el torneo sin grandes rendimientos, sin lograr encontrar un equilibrio, con irregularidades, y lo que pasó en Santa Fe no fue una excepción. Al contrario, refrenda ese estado de inseguridad que aún atrapa al conjunto de Ramón Díaz. Exacerbado en este caso por la ausencia de jugadores clave. Este concepto, obviamente, no pretende mitigar el efecto de una tarde desafortunada, en absoluto, sólo intenta marcar que entre uno de los tantos motivos del empate contra Unión figura el que algunos pilares no estuvieron en cancha. Y en un plantel muy corto en determinados sectores del campo, esas falencias repercuten notoriamente en un funcionamiento que de por sí es inestable.

Ahora bien, ¿por qué no logró vencer a uno de los equipos que tiene prácticamente firmada su sentencia de perder la categoría? En parte por los ya recurrentes errores del pasado, como la falta de definición. Es que pese a ser sorprendido por un rival que le quitó la pelota y lo presionó en la mitad de cancha, volvió a fallar en la definición. Con el cotejo aún empatado, pudo haber abierto el marcador, pero no metió ninguna de tres ocasiones claritas que le podrían haber acercado algo de tranquilidad.

Esto no tiene que ver con el azar, sino con la propia impericia que se está convirtiendo en un problema más que serio, porque le impide usufructuar pasajes favorables, manejar los partidos desde la tranquilidad del resultado. Pero lo más alarmante fue, quizás, la falta de reacción que exhibió en el primer tiempo. Fue maniatado, superado y no generó los mecanismos necesarios como para revertir esa situación.

Lo narrado anteriormente sobre un equipo corto tiene que ver con lo que pasó en el mediocampo. Allí sintieron la ausencia de Cristian Ledesma y de Leonardo Ponzio. Existe una notable diferencia entre ellos y los que vienen atrás. Lo mismo que pasa con el juvenil Eder Álvarez Balanta, que con un puñado de partidos en primera es pilar de la defensa, y con Jonathan Bottinelli.

La conclusión, entonces, sería que River volvió a dejar pasar ante sus narices una clara oportunidad de prenderse en la lucha directa. Justo en la semana donde ya se lo había empezado a nombrar como uno de los candidatos.

¿Presión? Es posible, pero además hay errores que no se subsanan, flaquezas que no se fortalecen. Fue expresado por el propio director técnico que son tiempos que no admiten desconcentraciones. Y en los cuales las soluciones a los problemas no deben quedar sólo en una autocrítica pública, sino más bien en hechos que se plasmen en el campo. Tiene que reaccionar. Parece que la mediocridad general está empecinada en renovarle el crédito, ahora está en River sacarle provecho a ese beneficio.

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El título casi es una utopía

lunes, 6 de mayo de 2013
06 may
14:19
PM ET
por Javier Gil Navarro
Torneo Final 2013 - Boca vs. RiverAPGuillermo Burdisso, de Boca, va en busca del balón ante Rogelio Funes Mori, de River

BUENOS AIRES -- Pobre, muy pobre. Un equipo que tiene pretensiones de pelear por el campeonato no puede seguir dilapidando oportunidades.

Más allá de las excusas o de los merecimientos, lo cierto y concreto es que River no sumó de a tres en la Bombonera ante un oponente que está pasando por un muy mal momento.

El Millo tuvo todo para ganar, pero los recurrentes errores propios lo privaron de mantener y ampliar una diferencia que consiguió en un pasaje casi ideal, cuando el partido recién amanecía.

Pero esa anémica capacidad goleadora ya conocida, terminó siendo su peor rival. Porque le fue erosionando su autoestima al punto de que cada gol desperdiciado se transformó en un inmenso signo de interrogación que agigantó, con el correr de los minutos, sus dudas.

Y River necesitaba ganar. Tenía que hacerlo para poder llegar a las últimas fechas con esa aspiración seria y concreta de pelear por el título. Así lo había manifestado el propio Ramón Díaz en la previa.

La diferencia respecto de otras presentaciones es que en el Superclásico no sólo el equipo falló adentro, sino que también los errores llegaron desde afuera, de la conducción.

Primero, el técnico optó por colocar en cancha a un Leonardo Ponzio que, claramente, no estaba en condiciones de jugar. Después, a la hora de poner a Rodrigo Mora sacó al hombre más peligroso de ataque: Juan Iturbe, desmantelando así la ofensiva.

En un contexto de mediocridad general, el delantero, cuyo pase pertenece al Porto de Portugal, había sido protagonista en casi todas las acciones generadas por el Millo.

Pero claro, cuando se dilapida lo que se construye empiezan los temores, y en un partido tan importante todo eso va mutando a la forma de debilidad extrema. Es por eso que cedió el protagonismo y terminó cerrando el juego sin coraje no jerarquía.

A la hora de declarar, Ramón Díaz trató de escudarse en las limitaciones de Boca. Le apuntó a su oponente y giró el eje de observación. Pero acá el único culpable de no haber sumado de a tres fue River. Que no corrige lo que hace mal. Que sigue repitiendo fallas. Que continúa dejando puntos en el camino justamente por no instrumentar mecanismos adecuados para solucionar su mayor karma, que es la definición.

La tarde negra para el entrenador se cerró con los gestos que hizo cuando fue expulsado. Ante un coro que acompañaba su pasa diciendo "vos sos de la B", él se trató de despegar de ese doloroso acontecimiento que vivió el mundo Millonario respondiendo con un gesto que indicaba: "yo no me fui".

Más allá de la certeza que puede tener tal afirmación, porque realmente Ramón no estaba en River cuando descendió, alguien que se jacta de tener el corazón embanderado con los colores rojo y blanco, no debería torcer ese sentimiento sólo para los momentos felices. Entre otras cosas, porque además deja al descubierto lo hecho por otros colegas, futbolistas y se aparta de los que fue un tortuoso camino que debió recorrer el hincha.

Está claro que la tarde de River no fue positiva en ningún aspecto y no hay dudas de que, aunque ya sea tardío por los puntos que viene dejando cediendo, el cambio deberá ser instantáneo. Si no el sueño de lograr el título pasará a ser una mera utopía.

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La subjetividad del fútbol

lunes, 29 de abril de 2013
29 abr
11:03
AM ET
por Javier Gil Navarro
River v QuilmesFotobaires.com

BUENOS AIRES -- Las apreciaciones en el fútbol siempre están cargadas de subjetividad. Más allá de que lo parámetros de la estética poseen ciertas convencionalidades, los análisis que se hacen de los partidos pueden encontrar distintas visiones.

Lo que para algunos es una actuación destacada, para otro apenas alcanza la calificación de aprobado. Es ahí donde se abre el debate.

Para ponerlo en nombres propios, Ramón Díaz dijo -después del empate con Quilmes- sentirse muy contento por el desempeño de su equipo y hasta les agradeció a sus dirigidos por la entrega que tuvieron.

Como una forma de motivar en la previa del Superclásico, esas palabras fueron una buena estrategia. Ahora, si se trata de una evaluación sincera de lo producido, ahí comienza a tallar el tema de las diferentes aristas que puede tener un análisis y de lo disímiles que son los gustos en el fútbol.

River jugó mejor que su rival y mereció ganar, eso es cierto, pero no tuvo un rendimiento tan elevado como para que un técnico se sienta pleno por lo realizado.

Por ejemplo, entre otras cosas, queda claro que River no supo cerrar el partido, porque -de lo contrario- no se hubiera ido del Monumental paladeando el sabor amargo de un empate recibido sobre la hora.

Por eso la reflexión es que sí las opiniones en el fútbol nunca son terminantes y dependen mucho desde donde se las mire, pero una igualdad a minutos del epílogo y en la casa propi, no habla de excelencia.

Fue señalado líneas arriba que, casi con seguridad, la declaración de Ramón se trató de una maniobra motivacional. Con Boca en el horizonte el entrenador prefirió evitar el tirón de orejas y transitó el camino de fortalecer la autoestima.

Es de suponer que puertas adentro la lectura de lo sucedido será mucho más severa y realista. Inclusive el Pelado hasta optó por volver a inmolarse públicamente como lo viene haciendo (con una poco recomendable asiduidad).

Esta vez reconoció errores propios y una demora al no rearmar la defensa con la rapidez que el juego demandaba. En un punto esto habla bien del entrenador porque no reparte culpas, las asume él, pero en la lectura fina esto de reconocer equivocaciones propias en tantos partidos deja al aire libre una contracara: los errores se vienen produciendo con excesiva recurrencia. Pero claro, también se sabe que Ramón posee espaldas bien anchas como para soportar todo y a veces opta por cargar con mochilas que no son solo las propias.

Una vez más la semana previa a enfrentarse con Boca encuentra a un River sin ganar. Desde hace años que esto se ha vuelto una triste realidad para la gente del Millo. Ahora ya comenzó a desandar el camino que tiene una gran cargar de estrés, quizás la mayor del semestre.

Es ese sendero que lo colocará cara a cara con su archi rival, al que el hincha quiere derrotar como sea, el que transforma humores para bien o para mal. Ese partido que no admite errores, porque ahí las equivocaciones se pagan muy caras.

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La responsabilidad es de Ramón

jueves, 25 de abril de 2013
25 abr
12:45
PM ET
por Javier Gil Navarro
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Ramón Díaz: "Es pura responsabilidad mía"

BUENOS AIRES -- "La responsabilidad es sólo mía, yo me equivoqué", dijo un Ramón Díaz, entre autocrítico y enigmático (este término luego lo vamos a explicar), después de que su equipo quedara eliminado tras perder con Estudiantes de Buenos Aires, en el marco de la Copa Argentina. Y en rigor de verdad las palabras del riojano son bien ciertas.

Quizás por desconocimiento o por exceso de confianza, pero lo cierto es que el Pelado se equivocó en todo: en la táctica, en la elección de los jugadores que paró en cancha y en no haber tenido la previsión de llevar a más titulares al banco por si sucedía lo que finalmente pasó. Tener algunos de los pilares del equipo para echar mano ante la eventualidad de ir perdiendo hubiese sido lo más aconsejable. Claro, usted dirá que es sencillo hablar con el diario del lunes, con los hechos consumados, pero después de un traspié tan traumático hay que opinar y fijar posición, así como se tiene una mirada indulgente cuando las determinaciones son acertadas.

River no está para regalar nada. En rigor de verdad, nunca lo está. Pero ahora mucho menos. No es momento de bonanza y el hincha está esperando vivir cosas como las que gozaba en sus tiempos de gloria. Y lo curioso es que Ramón eso lo tiene claro, lo predica. En cada declaración no se cansa de decir que les inculca a sus jugadores lo que representa la camiseta del Millo. Por eso se observa como una decisión imprudente la de no viajar a Catamarca más reforzado.

Pero líneas arriba decíamos que el técnico se mostró enigmático a la hora de declarar, dijo algo así como que se iba "dolido por otras cuestiones". Seguramente haciendo referencia a los insultos de la gente hacia los futbolistas, y apuntando, sin decirlo, a que existe una manipulación detrás de aquellas voces cargadas de ira que se alzaron para reprobar tan duramente la floja actuación de River. ¿Es probable que sea así? Seguro, se sabe que es un club muy politizado y que en un año de elecciones todo puede pasar. Pero hacer foco en este punto es torcer el eje de la discusión. Acá lo real es que el Millo se quedó afuera de la Copa Argentina, porque fue eliminado por una formación que milita dos categorías más abajo. Después lo otro puede ser real o no, pero en todo caso se detonó por equivocaciones propias.

Lo que sí tendrá que sacar en limpio el riojano de toda esta historia es que hay jugadores que no pueden vestir más la camiseta de River, que agotaron su crédito. Ya es tiempo de que ponga las cosas en su lugar. Semejante cachetazo quizás lo haga reaccionar. Sería una demostración de madurez no modificar la visión de lo sucedido y meter mano a fondo antes de que la marea llegue a tapar lo que viene haciendo en el torneo local, donde todavía está en la pelea.

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En River preocupa la irregularidad

lunes, 15 de abril de 2013
15 abr
09:14
AM ET
por Javier Gil Navarro

BUENOS AIRES -- Las fluctuaciones en el rendimiento, los vaivenes, el no poder mantener un rendimiento uniforme, han sido problemas contra los cuales viene luchando Ramón Díaz desde su llegada a River.

Después de un gran partido (como ante Racing, por ejemplo) viene otro atrás que sólo desnuda falencias y dudas (tal el caso de Arsenal). Y viceversa. Cuando aún está en la pelea, o que la brecha que lo separa de Lanús, el puntero, y de Newell's, su escolta, es perfectamente descontable, acá lo que desvela a Ramón es el funcionamiento. Principalmente del ataque.

El entrenador observa que al equipo le cuesta encontrar ese salto de calidad, la generación de juego que le posibilite transformarse en confiable. El propio director técnico volvió a señalar en conferencia de prensa que las grietas están en la ofensiva. Genera poco y tampoco le saca provecho a eso que crea. Un análisis realista. Porque independientemente de los cambios de nombres de mitad de campo hacia adelante, de contar con muchas alternativas, ninguna le está rindiendo. Algo similar ocurre con el enganche. A Manuel Lanzini le cuesta ser el conductor de River, la pieza clave, el encargado estratégico de abastecer a los delanteros, de ser salida, de gestar juego. Por el momento sus destellos son demasiado aislados y difusos como para contribuir al mejoramiento de las necesidades del Millo.

Más allá de los contratiempos que le pueda generar a River no haber ganado de local, existen indicadores que son positivos. Uno ya fue expresado, que la diferencia en puntos no es inalcanzable. Otro viene directamente ligado esto, y es que todavía le falta jugar contra Lanús y que Newell's está participando de la Copa Libertadores, con lo cual no podrá prestar una atención tan directa en el certamen local. Pero claro, cualquier pretensión pelear por la punta deberá venir de la mano de una levantada en el juego.

Y siguiendo con las cosas positivas no se puede soslayar algo destacado: que Ramón Díaz tiene en claro el diagnóstico. Reconoce donde están las falencias. No las niega, y no tener los ojos vendados es muy bueno para establecer una estrategia de trabajo que apunte a resolver el problema. Eso sí, para recorrer ese camino que pueda llevarlo a la excelencia deberá demostrar mucho ingenio, porque, entre otras cosas, día a día se le van presentando escollos tales como las lesiones y las suspensiones que van diezmando al plantel. De cara al compromiso contra Godoy Cruz, en Mendoza, no contará con el máximo referente que hoy tiene el equipo, Leonardo Ponzio, quien sufrió un desgarro en el aductor izquierdo. Además deberán purgar una fecha de suspensión por haber acumulado cinco tarjetas amarillas Rogelio Gabriel Funes Mori y Leonel Vangioni. En total, River tiene casi un equipo completo afuera, diez futbolistas que no podrán ser utilizados por Ramón este fin de semana. Una defensa completa (Maidana, González Pirez, Pezzella y Ramiro Funes Mori), una medio campo íntegro (Aguirre, Ponzio y Vangioni), más la delantera (Rogelio Funes Mori y Trezeguet). Muchas adversidades para el corto y largo plazo.

Con sus inconvenientes y limitaciones a cuestas, River quiere seguir dando pelea. Ahora mirando la punta más a la distancia, pero confiando en que resolverá el tema de las fluctuaciones en el funcionamiento y, con esto, conseguirá dar el tan ansiado salto de calidad, determinante para luchar con posibilidades por el título...

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River ganó un partido jugando con autoridad

martes, 9 de abril de 2013
09 abr
10:45
AM ET
por Javier Gil Navarro

BUENOS AIRES -- Por primera vez en lo que va de la temporada River ganó un partido jugando con autoridad, manejando en la pelota con precisión, con velocidad, triangulando, fue sólido en defensa, teniendo un funcionamiento muy cercano a lo que pretende todo entrenador. Pero....siempre hay un pero, y en este caso es un interrogante conocido.

Ese maldito ataque, los delanteros que, pese a ser rotados casi en forma permanente, siguen sin darle peso al Millo de mitad de cancha hacia adelante. Esta vez ni Luna ni Funes Mori consiguieron la contundencia que Ramón tanto desea y públicamente pregona. Tal como sucedía con Mora  Trezeguet, o con el uruguayo jugando junto al Chino, el inconveniente de la definición continúa estando.

Pero contra Racing sí funcionó el resto. Y, nobleza obliga, hay que decir que muy bien. Las permanentes rotaciones de nombres y las variantes en los esquemas que el entrenador venía introduciendo, finalmente rindieron sus frutos. Aunque esa metodología, para muchos, no sea la indicada en un fútbol que se asocia más a los equipos sin tantas variantes. Una de las preguntas que en estos casos siempre hay que formularse, es: ¿habrá sido una tarde en la cual a River se le alinearon los planetas o realmente habrá encontrado el funcionamiento esperado? Eso se responderá el tiempo, el devenir de los partidos.

Principalmente porque si los delanteros no le aportan goles al buen fútbol, todo se le va a hacer más cuesta arriba. Pero en ese racimo de interrogantes hay uno que depende exclusivamente del entrenador. ¿Mantendrá el Pelado Díaz a los once, postergando, por ejemplo, a Ponzio y a Bottinelli? Esto suena más complicado. Porque se trata de dos futbolistas referenciales para el técnico y no da la sensación de que vaya a dejarlos afuera. ¿Debería hacerlo? Es una determinación difícil, pero en la balanza, a la hora del análisis, tendría que poner ese detalle que no es menor, que el Millo disputó uno de los mejores partidos de la temporada.

Quizás el aporte de Ariel Rojas no fue tan distinto al de Ponzio, pero sí lo fue la seguridad que le dio Eder Álvarez Balanta a lo que regularmente ofrece Jonathan Bottinelli. Usted dirá que se trata de un chico que lleva sólo un partido en la primera división, y es cierto, pero River en su historia se ha caracterizado por sustentar a sus jóvenes y así crecieron grandes figuras.

Otra cosa, ¿qué hará con Leonel Vangioni, a quien puso de 3, según palabras de Díaz, por única vez para apuntalar al juvenil colombiano en su primera experiencia en la primera división. Lo mantendrá en el puesto o volverá a la vacilante e inestable línea de tres en el fondo? Superados los flashes del triunfo que lo posicionó nuevamente en la pelea del título, Ramón tendrá que definir cosas importantes en la semana previa al choque con Arsenal. Pero claro, deberá hacerlo con el tranquilizador antecedente de haber ganado un clásico jugando bien.

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La pelea por el título se le plantea cada vez más lejana a River

lunes, 1 de abril de 2013
01 abr
08:34
AM ET
por Javier Gil Navarro

BUENOS AIRES -- Si Ramón Díaz no pega el volantazo ahora le va a costar mucho enderezar el auto. La pelea por el título se le plantea cada vez más lejana a River y, fecha tras fecha, se le cuelan en el medio más protagonistas que lo van relegando. Pero, por sobre todas las cosas, lo que más inquieta es lo que el entrenador percibe. El técnico observa que la historia se le está volviendo lejana desde lo futbolístico. Porque el Millo no encuentra los caminos que lo asocien al buen fútbol.

En rigor de verdad, en las primeras fechas tampoco los transitaba, pero la racha de resultados positivos ocultaba falencias que, ahora, sin esa seguidilla de victorias, se vuelven más notorias. River necesita fútbol. Generación de juego asociado, profundidad, pausa cuando tiene la pelota, abastecer a sus hombres de punta. Ni más ni menos que fútbol.

La prueba fehaciente, irrefutable y que preocupa a los hinchas del Millo de que ese síntoma va in crescendo, está en las permanentes variantes que su conductor está ensayando semana tras semana. Pasar de un sistema táctico a otro, modificar intérpretes y no encontrar el rumbo, significa que las alarmas están encendidas. Esto no es el Apocalipsis ni mucho menos. Usted dirá que estamos hablando de un equipo que está metido en el lote de los cinco punteros, y es cierto, pero lo que siempre tratamos de medir desde esta sección, no es hacer una lectura de lo que sucede según los puntos en la tabla o por un resultado de coyuntura, lo que no marginamos es la idea de un análisis del funcionamiento, y es ahí donde River viene flaqueando.

Empatar con Vélez en el Monumental está dentro de lo previsible si se quiere, pero la merma de rendimiento es lo que abre una grieta a la incertidumbre. Reciclar jugadores no le ha dado al riojano una solución continua. En algunos casos se trató apenas de un parche momentáneo. Todos los futbolistas que poseen condiciones para generar fútbol ya tuvieron su oportunidad, y no rindieron. Es por esto que Ramón debe buscar una alternativa desde lo táctico, hacer que sea el esquema el que tape la carencia de individualidades que no estén funcionando a la medida de lo que su equipo les demanda.

Los arranques de un inspirado (pero aún inestable desde la constancia) Leonel Vangioni, no le alcanzan. Tampoco la entrega de Leo Ponzio ni algunos toques de distinción del Lobo Ledesma. Todo es poco para ocultar -y mucho menos subsanar- una falla que viene desde la concepción. Los hombres de arriba tampoco están en su nivel, pero cuando se hace una revisión de los por qué no rinden quizás encuentren parte de su culpa mitigada por el escaso juego limpio que les llega. Además no se trata de buscar culpables, sino soluciones.

Por eso el Pelado tiene que desempolvar su notable chapa y experiencia para generar mecanismos que le den a River el toque de distinción y seguridad que necesita. Y tiene que hacerlo ya, porque el vértigo de nuestro fútbol no da respiro. Las necesidades del Millo son las de volver a sus tiempos de protagonismo, eso Ramón lo sabe mejor que nadie, de ahí que, por el momento, la mochila no se le haga tan pesada, aunque está demostrado que cualquier pergamino termina siendo escaso ante la voracidad del hincha...

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Ramón vuelve a apostar por el cambio

viernes, 29 de marzo de 2013
29 mar
11:33
AM ET
por Javier Gil Navarro

BUENOS AIRES -- Cambia nombres, modifica sistema, Ramón Díaz está comenzando a sufrir el mismo síndrome que sus antecesores, esos síntomas por los cuales recibieron tantas críticas de la prensa y del hincha en general. Recordemos la experiencia más cercana en el tiempo, la de Matías Almeyda, a quien se le reprochó, entre otras cosas, que no contaba con una formación estable. Pues bien, aquellos once de memoria que parecían ser una marca registrada de Ramón, algo que, daba la sensación, había apuntalado el funcionamiento del equipo, finalmente se transformó en una idea efímera e inconsistente.

Ramón Díaz
Fotobaires.comLa idea de los "once de memoria", por ahora, quedó archivada
Porque el Pelado Díaz no estaba conforme con el funcionamiento de River y todas las alabanzas y ponderaciones públicas para sus muchachos no eran más que una estrategia motivacional. La cuestión es sencilla, ante Newell's, después de ganarle a Colón en el Monumental, el técnico decidió ensayar estrategia y dejar afuera a algunos de los que habían sido protagonistas, siete días antes, de la victoria Millonaria. Incluido David Trezeguet, quien además había anotado uno de los goles en el triunfo y no fue tenido en cuenta ni siquiera para ingresar desde el banco con el equipo perdiendo.

En Rosario, tras la derrota, Díaz volvió a hablar muy bien de la actitud y del juego de sus dirigidos, pero en la semana previa al choque con Vélez ensayó nuevamente varias modificaciones de sistema y de apellidos, entre las cuales hay que contabilizar el regreso de Trezeguet a la titularidad, la implementación de una línea de cuatro en el fondo y la abolición del enganche, jugador imprescindible para la idea de Ramón (al menos así lo expresó él mismo cuando llegó a River).

¿Está mal que cambie tanto? En absoluto. Más allá de algunas contradicciones con sus dichos, suena hasta lógico que lo haga. Porque pese a las victorias y que el efecto que generó la llegada del riojano haya arrastrado a todos a un camino plagado de optimismo, lo cierto es que su equipo mostraba cosas que no convencían. Fisuras, grietas en el funcionamiento.

Así como desde esta página se elogió esa intención de salir jugando siempre por abajo, de buscar ser protagonista sin tirar pelotazos para el área esperando que Trezeguet, con su talento para el juego aéreo, pueda pescar alguna, también se marcó que River siempre venía regalando un tiempo. Ante rivales que no son eran la elite, que atravesaban un mal momento o que llegaban cansados por la competencia Sudamericana (tal el caso de Tigre), eso pudo superarlo sumando de a tres, pero contra los más grandes, falló.

Quizás haciendo esta lectura de la realidad, el riojano encaró el partido con Vélez metiendo mano nuevamente. Cambiando mucho. Nombres y sistema. Haciendo algo similar a lo que estuvieron en el cargo antes que él. Dejando a la luz que es tan terrenal como el resto y que cuando las cosas no salen no hay recetas mágicas: todos acuden a rotar jugadores y modificar esquemas. Contra Newell's la apuesta le falló, habrá que ver si este nuevo "tute" que se tira el técnico le reporta beneficios ante el actual campeón del fútbol argentino.

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BUENOS AIRES -- Ramón apostó y perdió. Esta vez lo planificado no terminó siendo redituable ni productivo.

River cayó ante Newell's en Rosario y volvió a dejar una pálida imagen. Quizás no tan pobre como la que quedó luego del traspié con San Lorenzo, pero sí distorsionada con relación a lo que venía cosechando como local. Con un dato que no es menor, y es todo ese menjunje táctico que ensayó para ir a jugar al Coloso. Con cambio de sistema y de nombres. ¿Por qué tocar tanto a un equipo que venía ganando?

El Pelado Díaz no estaba conforme con lo que producían sus muchachos más allá de las victorias, está claro. Y no es una lectura equivocada, porque el Millo no exhibe un funcionamiento que refrende lo que la tabla de posiciones indica. Pero tantas variantes hablan de un malestar muy profundo, por un lado, y subliminalmente, refiriéndonos a Newell's, baja una idea de respeto desmesurado hacia el rival. Inclusive no deja de sorprender que futbolistas que juegan en la reserva pasen a ser titulares y viceversa.

Algunos que desaparecen de un plumazo, otros que ingresan pese a no figurar dentro del rubro de factibles, más un David Trezeguet que venía de marcar un gol ante Colón y que es relegado de los once. Hasta ahí una decisión entendible, pero que luego, con el equipo en desventaja, también fue dejado en el banco para darle una posibilidad a Rogelio Gabriel Funes Mori... Raro, muy raro, un tema que no debe dilucidarse por rumores sino por la palabra del propio entrenador.

La lectura del partido podrá orientarse para el lado que más le convenga a quien la realice. Por ejemplo, Ramón dijo estar muy contento por lo que hicieron sus jugadores. Quizás él allí esté ponderando que al equipo no lo pasaron por arriba y que mereció empatar. Además de intentar sostener sus decisiones tácticas. El técnico, ya desde la semana, no observaba con malos ojos traerse algo de Rosario. Por eso, quizás, la cercanía de conseguirlo haya sesgado en parte su análisis. La otra visión podría ser algo más pragmática. Se modificó un esquema, se cambiaron nombres y River volvió a fallar en la gestación del juego. Inclusive, con un sistema más defensivo perdió el encuentro con un pelotazo de cuarenta metros, entre los centrales y con un gol de alguien que, por palabras del propio Ramón Díaz, debían tener mucha atención para contenerlo. Es decir que, independientemente de algunas cosas positivas, el Millo repitió errores y flaqueó nuevamente como visitante.

Ahora quedó más lejos de la punta y a medida que pasan las fechas y las equivocaciones se tornan recurrentes, los interrogantes se vuelven más importantes. Todavía tiene chances de pelear arriba, es indudable, pero deberá revisar algunas cuestiones. Una de ellas es que, ante dos compromisos complicados, no pudo sumar. Se vienen Vélez y Racing en el horizonte, es momento de dar un efectivo golpe de timón.

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River está para ganarle a cualquiera

lunes, 11 de marzo de 2013
11 mar
10:33
AM ET
por Javier Gil Navarro
River vs. ColónFotobaires.com

BUENOS AIRES -- Prueba superada. Después de la derrota ante San Lorenzo, donde el equipo de Ramón Díaz había perdido dejando abierto un interrogante, el desafío que planteaba el director técnico pasaba por una pronta recuperación.

Para eso les dio confianza a los mismos once jugadores, evitando de esa forma las modificaciones en masa que por lo general generan convulsiones internas. En este contexto llegó el partido ante Colón.

Y allí es donde dio las respuestas esperadas, donde los protagonistas que debían sacar el pecho lo hicieron. Con las mismas virtudes y defectos que venía teniendo, con las luces y las sombras que lo acompañan a lo largo de este campeonato, con esa inestabilidad que tanto lo hace sufrir.

Un gran primer tiempo y un muy pobre segundo período resumen una actuación que le posibilitó cosechar tres necesarios puntos, pero que, a la vez, lo obligan a Ramón a trabajar para encontrar la solución a su bipolaridad. ¿De qué se trata? La imagen de un River avasallante que con un puñado de minutos de diferencia se transforma en la de un equipo previsible, fácil de maniatar, inseguro, impreciso.

Vayamos por partes. El costado más virtuoso del Millo, ese del primer tiempo, es plausible de ganarle a cualquiera, de pelear por el título. Porque más allá de algunos puntos débiles, como lo es el de la posición de enganche, cuenta con otros caminos alternativos para generar fútbol que son más que eficaces.

La vertiginosa y desequilibrante salida de Leonel Vangioni por la banda izquierda; el despliegue de Leo Ponzio, con buen manejo de balón incluido; el oportunismo de David Trezeguet dentro del área, lugar del cual no debería salir nunca; los destellos de un Rodrigo Mora y de un Carlos Sánchez que aún no recuperan su mejor nivel; pero, principalmente, hay que subrayar la actitud, la mentalidad ganadora, la presión para recuperar el balón, la convicción para atacar cuando lo tiene, todo ese combo que deriva en un equipo con porte ganador.

El cual, insólitamente, se transforma en lo antagónico en una abrir y cerrar de ojos. La línea de tres pasa a ser vulnerable, esa postura de pararse en campo contrario muta y se convierte en una posición táctica excesivamente pasiva. Es cierto que, como suelen decir los protagonistas, el rival también juega y presiona, pero da la sensación de que River no se siente cómodo defendiéndose, no sabe hacerlo con pericia, termina entregando pelota, terreno y solidez. Todo.

Ahí es donde el león agresivo se vuelve un pacífico gatito. Un punto a corregir, ese de saber moverse sin la pelota usufructuando el contragolpe. El de manejar los partidos sin pasar sobresaltos cuando el resultado lo favorece. Como suele decirse, tener más oficio.

Pero claro, encontrar una solución a lo narrado con cuatro victorias sobre sus espaldas en cinco presentaciones es un dato más que alentador. Porque en un campeonato en el cual no existen los cucos, cualquier cosa puede pasar. Y el Lado A de River es realmente desequilibrante, sin importar a quién tenga enfrente.

Ahora se le viene un sprint de tres compromisos que podrían marcar una tendencia. Newell's, en Rosario, Vélez y Racing, serán pruebas más que importantes. A priori, cuando atraviesa por sus momentos de iluminación el Millo está para ganarle a cualquiera, el interrogante pasa por dimensionar cuánto daño podrá hacerle el rival de turno en los pasajes oscuros. Siempre y cuando, por supuesto, no consiga seleccionarlos en el corto plazo.

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River y la crónica de un traspié anunciado

lunes, 4 de marzo de 2013
04 mar
06:23
AM ET
por Javier Gil Navarro

BUENOS AIRES -- River se ha quedado sin invicto y sin ese mundo ideal por el cual venía transitando en las tres primeras jornadas del torneo. La pregunta que debemos formularnos, es: ¿sorprende que haya perdido? Y la respuesta clara y contundente es no. Porque se trata de algo anunciado.

Pero atención, esta idea no invalida todo lo expresado en entregas anteriores acerca de algunos puntos positivos que venía mostrando el equipo de Ramón Díaz. Y en absoluto criticar lo realizado contra San Lorenzo representa una contradicción, porque el Millo jugó, en lo colectivo y en lo individual, el peor partido de la era del riojano. Se mostró sin criterio para manejar la pelota (cuando la tuvo), desordenado, lento, impreciso, con escaso niel de reacción, abusando otra vez de los pelotazos y de los centros, en algún punto echando por tierra atributos exhibidos en recientes presentaciones.

Tanto se notó el desconcierto dentro del campo que se trasladó afuera. Hasta este momento muchos de las unidades cosechadas por los de Núñez le llegaron gracias a la pericia del entrenador a la hora de hacer los cambios. Pues bien, en esta ocasión el Pelado, influenciado por la paupérrima actuación de sus dirigidos, metió manos en el entretiempo e hizo las tres variantes juntas, maniobra siempre arriesgada porque no le deja margen para corregir alguna contingencia futura (por ejemplo, tener que introducir una modificación por alguien que se lesione), algo que, finalmente, no sucedió. Pero ante la poca cosa que entregaban desde el verde césped, quizás también a modo de mensaje, se dejó llevar por sus convicciones y esta vez, pese a una leve mejoría más producto del quedo de su oponente, los ingresados no lograron torcer el rumbo.

Pero esto de que no sorprende la derrota parte desde la cabeza y es comprendido hasta por los hinchas. Sí, aunque parezca mentira por tratarse de la parte más visceral y pasional del fútbol, el público Millonario ya percibía que debían mejorarse cosas en el corto plazo para perpetuar esos momentos de felicidad. Inclusive Ramón Díaz venía alertando sobre falencias que observaba y en las que trabajaba para modificar. No sólo que en el clásico no logró corregirlas, sino que se extendieron a otros sectores del campo que venían bien configurados y el domingo terminaron mostrando un retroceso.

¿Esta señal de alerta debe preocupar al hincha? No, pero siempre y cuando se encuentre una rápida reacción desde adentro del campo. Porque es cierto que hasta el momento en todos los compromisos que disputó, River siempre ha tenido lagunas peligrosas. Que nunca antes habían sido usufructuadas por el rival de turno, pero que sí San Lorenzo las aprovechó. Quizás la mayor preocupación que se haya llevado Ramón Díaz del Nuevo Gasómetro fue la poca reacción y los bajísimos niveles individuales. No encontró respuestas por ningún lado.

La primera bofetada le llegó con sabor advertencia. Casi al grito de que en un torneo tan competitivo nadie puede dormirse. Un correctivo. En el mundo River saben muy bien de que se trata eso de las riesgosas siestas. No es el Apocalipsis ni mucho menos. La tabla le sigue haciendo un guiño cómplice (está a un punto del líder), sólo que para retomar el sendero de los sueños deberá tener una reacción inmediata. Así mantiene alejados a esos indeseables fantasmas de otros tiempos...

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